MINK, JANIS
Hilma af Klint pintaba como si canalizara el universo. Fascinada desde niña por la botánica y las matemáticas, comenzó su carrera pintando paisajes y retratos, pero en su interior bullían otras inquietudes: preguntas sobre el espíritu, energías invisibles, patrones demasiado vastos para el ojo humano. Su arte es inseparable de su práctica espiritual. Junto a un círculo de mujeres artistas llamado Las Cinco, celebraba sesiones de espiritismo, escuchaba voces de los Maestros Superiores y se inspiraba en la Sociedad Teosófica y en las teorías de Rudolf Steiner. Trabajó incansablemente para cartografiar las dimensiones ocultas de la vida, pintando hasta el agotamiento físico. Ya en 1906, sus lienzos mostraban geometrías radiantes de espirales y orbes, impregnadas de símbolos, letras y palabras, que se anticiparon a la posterior abstracción de Kandinsky, Malevich o Mondrian, entre otros. Sus vastos ciclos pictóricos como las Pinturas para el templo y Los diez mayores representaban con frecuencia dualidades: interior y exterior, lo terrenal y lo esotérico, hombre y mujer, bien y mal. Af Klint, que fue vegetariana