Con la frase «Veo gente feliz en el tren AVE», inicio de la novela Islandia de Manuel Vilas, deben comenzar los relatos de esta 18ª quincena de la 6ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido 24 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 24 de mayo a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente). De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 25 de mayo en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.
EL TREN DE LA VIDA (I)
Veo gente feliz en el tren AVE. Desde mi asiento al final del vagón me gusta observarlos. Al otro lado del pasillo, una niña parece fascinada al descubrir cómo se mueven los árboles y las casitas lejanas desaparecen a toda velocidad. La pareja de jubilados próxima parece no enterarse de nada. Solo tienen ojos el uno para el otro. Junto a mí, un hombre de corbata multicolor mira de reojo el móvil. Teclea en su portátil y procura no estropear un ramo de flores que no sabe dónde poner.
Todo exactamente igual que aquel día.
EL TREN DE LA VIDA (II)
Veo gente feliz en el tren AVE que circula hacia Madrid al atardecer. Es el principio un largo puente y no queda ni un asiento vacío.
Las familias con sus pequeños parlotean sobre visitar el Museo del Videojuego o el Zoo. Dos jóvenes levantan la voz emocionados porque van a ver al Real Madrid. Unos y otros manejan dispositivos electrónicos. Numerosas jubiladas charlan sobre teatro, museos, tiendas y gastronomía, alguna viaja con su pareja.
Camino por el pasillo del vagón hacia la cafetería y percibo la alegría en derredor.
Este tren, pienso, es el tren de la vida.
FALSAS APARIENCIAS
Veo gente feliz en el tren AVE. Hay una pareja que me provoca cierta envidia; quizá sea porque leo demasiadas novelas románticas.
Mientras se miran a los ojos, sonríen con esa complicidad que otorga el amor. Durante el trayecto permanecen cogidos de la mano. Ambos lucen sus alianzas.
–Cariño, la próxima es mi parada. Mañana te llamo –dice él, después de besarla y acariciar su incipiente tripita.
–¡Hazlo antes de las tres! Ya sabes, a esa hora mi marido vuelve a casa.
Escucho atónita, dejando de sentir envidia.
Cuando llego a Atocha y encuentro a mi marido en el andén, soy consciente de lo feliz que soy.
FAUNA EXÓTICA EN ACCIÓN
Veo gente feliz en el tren AVE rumbo a un innovador parque, donde la fauna ocupa un lugar preponderante.
Elefantes voladores que expulsan fuego por la trompa; Buitres con chaqueta que juegan a los dardos; reptiles que narran historias hipnóticas, y osos pardos con la típica indumentaria que utilizan los chefs.
A su llegada, una comitiva de cuervos con sombrero recibe a los visitantes y los acompaña hasta el salón de banquetes, donde se ofrecerá un espectáculo a modo de presentación.
Tambores, sonidos tribales y un sospechoso olor a barbacoa amenizan a los comensales.
Acabado el festín, solo queda retirar los efectos personales de los pobres incautos.
FICCIONES
Veo gente feliz en el tren AVE, pero no sé si son felices porque viajan… o porque alguien lo está escribiendo. El narrador observa a los personajes como si estuvieran en una escena. Uno ríe mirando el móvil, otra lee un libro y subraya una frase que, curiosamente, habla de un narrador que observa a una mujer que subraya la frase de un libro. El tren se desliza no sobre raíles, sino sobre líneas de texto. Cada túnel, un salto de página, cada estación, un párrafo. Mientras escribo, está ocurriendo, o quizá ocurre porque lo escribo… Formo parte del viaje, y tú, que lo lees, también…
INOCENCIA
Veo gente feliz en el tren AVE. Bueno, yo supongo que esa gente que puede comprar un billete del AVE es feliz y está muy contenta de viajar, pero «ver», lo que se dice «ver», es imposible.
Así, a tanta velocidad, no distingo ningún rostro en las ventanillas. Pasa como un suspiro… y ya está, desaparece.
A mí me gusta mucho ver ese tren desde el campo, pero el problema es que espanta a Platero, el burro, que está trabajando, dando vueltas en la noria para llenar los bebederos de las cabras.
Lo que no sé, ¿por qué el patrón le puso ese nombre al burrito?
JUBILACIÓN ESPACIAL
Veo gente feliz en el tren AVE. Somos todos jubilados. Una vez al año se realiza un viaje en AVE (Aventura para la Vejez Espacial). Nos llevan a un paraíso en el espacio, para vivir hasta el fin de nuestros días. No tendremos que hacer nada, la temperatura será perfecta y constante, iluminados por sol sin nubes, habrá muchos médicos e infinidad de cosas que hacer.
Uaaah…que sueño me está entrando… es raro porque yo nunca me duermo en el tren… están todos los pasajeros durmiendo… me levanto, sobresaltado… Un hombre con una máscara antigás viene hacia mí.
—Siéntese abuelo, que ya falta poco…
LA CÓPULA
Veo gente feliz en el tren AVE. No es para menos. Ha llegado el momento de la cópula. Viajamos desde todos los rincones de España, hombres de 24 años, hacia Madrid, para fecundar a las reproductoras. Desde hace décadas las mujeres menores de 35 años residen en Madrid. Estoy muy nervioso. Además, no sabemos qué ocurre durante el viaje, ni después, puesto que nunca hemos visto a los viajeros devuelta.
Llegamos a Atocha. Al bajar observamos cientos de robots.
—Bienvenidos. Pueden sacar sus miembros e introducirlos en el aparato estéril. Relájense. La extracción de semen comenzará en breve. Al finalizar les pondremos una inyección…
LETRAS PURAS
Veo gente feliz en el tren AVE y otros no tanto. Hoy tengo a mi lado un escarabajo gigante que mira incrédulo al dinosaurio del pasillo, que trata de esquivar a unos espadachines pendencieros.
El anciano larguirucho a caballo no ha venido esta mañana. Temo que su ayudante aparecerá pronto en su busca con el pollino habitual o con el otro, pequeño, peludo y suave. Sí reconozco al joven melancólico que se aproxima con una calavera en la mano. Recoge el libro que se me acaba de caer y susurra en mi oído:
—Despierte y déjese de historias, ya hemos llegado a nuestro destino.
MODERNA MENSAJERIA
Veo gente feliz en el tren AVE detenido en un obsoleto apeadero por el enésimo problema de nuestra red ferroviaria. Cuando los ánimos se empezaron a exaltar de manera contagiosa, se puso en marcha el moderno sistema de mensajería personalizada y ficticia de sus allegados. El efecto fue inmediato, otro éxito de la nueva aplicación antiproblemas de la I.A.
Ya veremos qué pasa cuando se den cuenta que ni al señor de gafas le habían readmitido, ni al calvo le había tocado la lotería, ni los tres estudiantes habían aprobado, ni había aparecido el perrito de la señora del pelo blanco, ni…
PÁNICO
Veo gente feliz en el tren AVE. De repente suena una alarma y luces rojas parpadean por todos los vagones. Los pasajeros se alteran, levantándose nerviosos y gritando “¿qué ocurre?”. Dos robots pasan rápido con sus patines por el pasillo. Le pregunto a un revisor, que me responde: tranquilo, un pasajero está fumando en el aseo. Al escucharlo los pasajeros entramos en pánico. Comenzamos a romper las ventanas, forzar las puertas, corremos de un lado a otro como pollos sin cabeza... No es para menos. Sabemos que si se filtra el humo del tabaco, llegando hasta los vagones, tendremos muchas posibilidades de tener cáncer, entre otras cosas…
PREMONICIÓN
Veo gente feliz en el tren AVE y yo no puedo más con este ataque de ansiedad. Se me va a salir el corazón. Intento tranquilizarme, pensar en cosas agradables, pero no lo consigo.
Cierro los ojos y rezo en silencio. Ojalá pase pronto esta tortura.
Una sacudida confirma mis temores, nunca debí subir a este tren. El mundo se vuelve del revés y la fuerza que me empuja corta como el acero.
Después de la conmoción, logro liberarme del amasijo de hierro. Estoy desorientado y he perdido la noción del tiempo. Busco la salida, pero algo no va bien.
Mis pies caminan sin tocar el suelo.
REBOBINAR
Veo gente feliz en el tren AVE. ¡Con lo cabreados que estaban cuando la locomotora empezó a circular marcha atrás! La anciana del 5C se quejaba de que no llegaríamos a destino. Y el serio abogado del 2B sacó de su portafolios un atajo de formularios para demandarnos. ¡Y míralos ahora! Seis estaciones después, ella se acurruca, adolescente, sobre el hombro de su marido y el abogado juega a policías y bandidos con sus compañeros de fila.
Lo único que me inquieta es que al empezar el viaje había un niño entre los pasajeros; hace tiempo que ya no lo veo.
SONRISAS
Veo gente feliz en el tren AVE. Resultan contagiosas sus sonrisas…
Unos jóvenes comparten anécdotas y ríen…
Una señora, al saber que su hijo la esperará en la estación, mira la pantalla del móvil sin poder evitar la sonrisa…
Una pareja de adolescentes, cuando el tren entra en el túnel, se besan y luego sonríen…
Un señor, con un portátil, escribe mientras nos observa. Tiene aspecto de ser escritor; quizá sea un autor bloqueado, en busca de personajes para su relato. Me hace gracia verlo sonreír…
– ¿Se habrá dado cuenta de que yo soy el narrador de su historia?
¡Vuelve a mirarme! Entonces, yo también le sonrío…
SOÑADOR… Y DISTRAÍDO
Veo gente feliz en el tren AVE. Bah… creo que el que está feliz soy yo y proyecto esta felicidad sobre los rostros adormilados de los otros pasajeros. «Qué planes tendrán, qué ilusiones inconfesables los embargan…» Es que cada viaje en tren es como trasladarse en el tiempo, dejar atrás el pasado y zambullirse en un futuro ilusionante. «Hoy la conoceré, seguro. Estará en una esquina frente al Guadalquivir, se le volará el paraguas, la socorreré, entrará en mi vida con la fuerza de un rayo…».
‒Señor… el ticket por favor.
‒Aquí tiene.
‒Señor… este tren va a Barcelona y usted tiene billete a Sevilla.
‒¿¿¿¡¡¡What!!!???
VÍCTIMAS DE LA MANIPULACIÓN
Veo gente feliz en el tren AVE. Me extraña con el lio ferroviario existente. Dijeron que había bajado el número de venta de billetes por miedo a que descarrilara como está ocurriendo últimamente. Debe haberse iniciado una campaña para recuperar la clientela. Todo es posible. Nos tienen controlados a nivel informático y tal vez estén regalándolos. De todas formas, me fijo y la parada en las estaciones suele durar poco tiempo y este lleva ya media hora. Siento curiosidad y me acerco a una de las ventanas. ¡Dios mío! ¿Qué es esto? Nadie se mueve. Se miran frente a frente. ¡Son maniquíes atados con cinturones de seguridad!
WALKING DEAD
Veo gente feliz en el tren AVE. Disfrutan de un viaje cómodo, rápido y silencioso, pero hoy todo parece diferente. Percibo un olor extraño y desagradable mientras escucho un murmullo ininteligible que se extiende por el vagón.
Los pasajeros se dirigen hacia mí caminando con dificultad. Sus ropas andrajosas apenas cubren sus cuerpos esqueléticos, que de vez en cuando pierden algún miembro.
Es imposible escapar. Grito horrorizado cuando uno de ellos agarra mi brazo y me zarandea.
—Despierte por favor caballero, ya hemos llegado a la estación.
WE ARE THE CHAMPIONS
Veo gente feliz en el tren AVE. Cánticos futboleros se mezclan con el clásico himno de Queen y cierta efervescencia con olor a menta y vodka. No sé a qué equipo pertenece ese escudo albo y cenizo pero me uno gustoso a la fiesta del vagón comedor. Y no solo yo. Algunos aficionados, ebrios de victoria, invitan copas a los pasajeros neutrales antes de que arranque el convoy. Se trata de un momento feliz y pleno con una sola mácula: ¿por qué ese señor de bigote y traje azul, ese energúmeno que acaba de beberse cinco ginebras, enfila haciendo eses hacia la cabina del conductor?
2186
Veo gente feliz en el tren AVE, caras sonrientes, ojos ilusionados; tal vez por la ilusión de llegar a un destino anhelado o por la calma al dejar atrás una situación que nos tiene desasosegados.
Lástima que esa sonrisa, por la rapidez del viaje, dura muy poco.
En mi caso, de Atocha a Estocolmo serán 4 minutos… bueno, también hay que tomar en cuenta los 20 minutos que nos llevará recuperarnos de la teletransportación.
Creo que la próxima vez, compraré el pasaje a Marte… entonces la sonrisa me durará por lo menos 2 horas… más o menos.
ATRACO EN LA JOYERÍA
Veo gente feliz en el tren AVE y me sorprende lo tranquilos que viajan con la mirada perdida en el paisaje. Algunos pasajeros intercambian comentarios puntuales con sus acompañantes.
Yo prefiero fijarme en los pequeños detalles. Dos amantes que podrían ser infieles a sus parejas; un acosador de ancianas acechando a su próxima víctima. Seguro que el del portátil es un hacker que aprovecha el trayecto para hacer de las suyas. Incluso creo haber detectado a un par de agentes que viajan de incógnito, siguiendo la pista de alguien sospechoso.
No sé qué hacer si deciden revisar las maletas. Si descubren los diamantes todo habrá acabado.
CORDERA Y POLIFEMO
Veo gente feliz en el tren, ave nocturna que despliega sus alas decimonónicas hacia el matadero. Quien más sonríe es el capitán, con gesto turbado, infame, conceptista. Es un hombre de otro tiempo, uno en el que lo han dejado tuerto. Aun así, sonríe. El tren nos hermana. Leo polvo en los rostros de los demás soldados, vacas pasmadas, y oigo también los clarines de la parca.
–¿Esa que se despedía de ti era tu novia? –me pregunta.
–Mi hermana…
–¿Qué te gritaba?
–«Adiós, Pinín». ¿Y a usted, ese señor de nariz generosa?
–Nada. Que nos convertiremos en tierra, en humo, en polvo, en sombra.
EL PARAÍSO PERDIDO
Veo gente feliz en el tren AVE de Andalucía. Hay una pareja que está mirándose con una sonrisa muy especial. Ella se coloca de vez en cuando unos rizos de pelo, negro y brillante, tras la oreja. Él busca las mejores palabras con las que declararle su amor…
Pero no dio tiempo a eso. El otro tren se les vino encima…
Ellos hubieran sido nuestros padres. Tú tendrías el pelo rizado y brillante como ella, y yo, con suerte, sería inteligente como él. Una pena que el accidente nos dejara en este limbo. Ahora va a ser muy difícil tener otra oportunidad, somos tantos…
EL TÍO PACO
Veo a gente feliz en el tren AVE; yo también lo estoy. Durante todo el trayecto voy con la nariz pegada a la ventanilla, mirando cómo cambian los colores del campo…
Me siento tan excitado como un adolescente octogenario. Los recuerdos de la infancia consiguen sacar de mis desdibujados labios una párvula sonrisa. Y es que, en ocasiones, confundo la tenue luz del ocaso por la del amanecer.
Vuelvo al pueblo de las tías María y los tíos Paco. Al pueblo que dejé para ir en busca de trabajo. Ahora, después de tantos años, quiero dejar de ser Frank, «el español» para poder ser: «un tío Paco».
El trayecto de los desconocidos
Veo gente feliz en el tren AVE. Las ventajas de viajar en tren son infinitas, aunque las guías de los ferrocarriles me sigan pareciendo un misterio. Entre tantos viajeros extraños, aún descubro personas que leen y pretenden escribir sus memorias en un vagón.
Siempre hay alguna chica que sueña con un tranvía llamado deseo, aunque no sepa adónde lleva.
Tal vez alguien levante la vista en una parada cualquiera —Oporto, aunque el trayecto marque Chamartín— y coincidan en un breve encuentro.
A pesar de que, últimamente, los sentimientos en los trenes parecen estar rigurosamente vigilados.