Con la frase «Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica», inicio de la novela Academia Europa, de Luis Leante, deben comenzar los relatos de esta 10ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido un total de 25 relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 17, 18 y 19 de diciembre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 20 de enero en Onda Cero Elche.
OJALÁ SE ACABE LA BATERÍA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Preguntaban por mi mujer: si podía ponerse o si sabía cuándo volvería. Les dije la verdad: estábamos algo distanciados y no tenía ni idea. Pero debe ser algo más, porque insisten y quieren averiguar también dónde estuve yo ayer. Además, su nuevo novio no cesa de llamar. Así que, para que me dejen tranquilo, desvié la línea de casa al móvil de ella; este asunto está más en su terreno. Aunque, tal vez, cometí un error, porque ahora no para de sonar en el jardín y, encima, el perro no deja de escarbar.
¡OJO CON LO QUE ESCRIBES!
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Otra más. En las treinta horas que llevo atrapado en este zulo no he conseguido comunicarme con nadie, pero me entran llamadas: catorce ofertas de mejoras energéticas o telefónicas y siete intentos de encuestas, pero esta llamada es del cabrón que me ha secuestrado. ¡Que quiere mi vida, dice! Que me tiene envidia, que se queda con mi casa, mi chica, mi lucrativo trabajo, mis noches apasionadas y mis orgasmos inolvidables… No sé cómo decirle que no hay nada de eso, que lo de mi blog es pura fantasía, que mi vida, en realidad, es anodina, aburrida, un puro asco…
OLVIDO
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. En segundos, vuelvo al pasado, a la niñez, ante el sonido de esa voz meliflua y pegajosa que me daba miedo cuando se hacía de noche, a la hora del pijama. Él me contaba historias extrañas mientras sus manos se movían sobre mí. Yo quería librarme, pero era pequeño, no tenía fuerza.
Como relámpagos, recuerdo esas escenas y mi llanto, sufro una conmoción, el asco me invade,
no puedo seguir escuchando.
Arranco de la pared el cable del teléfono.
Vuelvo a olvidar.
PACIENCIA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica y he dejado que finalizara la llamada, no me apetecía contestar. Ante tal insistencia decido responder, quizá sea algo importante. Una voz me saluda y ofrece mejores condiciones en la factura del teléfono, fibra óptica y bla, bla, bla. Siempre llamando a horas intempestivas. Les he dicho mil veces que no me interesa. Ya cansada pregunto si también regalan jamones. Tras unos segundos, la persona al otro lado me pasa con el departamento correspondiente. Después de unos minutos cuelgan. Durante varios meses estuve recibiendo el mismo tipo de llamadas, idéntica conversación. Ya han dejado de molestar. ¿Habrán captado la indirecta?
PALURDOS
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Demasiado tarde me di cuenta de que estaban comprobando información. Han raptado a mi hijo, me dicen. Está bien. Pero me piden cuatro mil euros a través de una transferencia bancaria, para liberarlo.
Les digo que me da igual, que procedan como les guste, que me llevaba muy mal con él y casi no hablábamos. Me dicen que si es así por dos mil euros me lo dan. Les digo que ni regalado, que solo me sacaba dinero. Que ya no lo quiero. Les cuelgo.
Vaya panda de palurdos principiantes… Si yo no tengo hijos…
SALUD CON CONTRAINDICACIONES
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica sobre la salud de la ciudadanía, a mí… que tengo una salud de hierro. Pues claro que contesté, con gran orgullo.
A los cinco minutos sonó el timbre y, nada más abrir la puerta, alguien encapuchó mi cabeza, me inmovilizaron y me metieron en un coche. Los oí decir “de éste sacaremos una buena pasta, debe tener todos los órganos como nuevos”. El miedo recorrió mi cuerpo… trasteé como pude el mecanismo de la puerta y, al sentir como se detenía el vehículo, conseguí abrirla y me arrojé sin pensarlo. Así logré huir.
Moraleja: Estar sano puede perjudicar la salud.
SENSATEZ
–Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica extraña. Me recitaban microrrelatos de no muy bella factura y me pedían que los puntuara del 1 al 10. Algunos eran ingeniosos pero yo tenía prisa y aquello no acababa nunca. Cuando decidí cortar, descubrí mi gran error (uno que abría de par en par la puerta de la ficcionalidad y me hundía en la desesperanza): ¡seguía oyéndolos! Incluso si apagaba el móvil o me tapaba los oídos con ambas manos, la secuencia, inclemente, continuaba goteando en mi cabeza.
–¿Y? ¿Qué hiciste?
–¡Lo único sensato en tal situación! Elegí los tres mejores y los envié a un concurso de microrrelatos.
SOLEDAD
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Pero luego me he dado cuenta de que la persona al otro lado del teléfono estaba sola. Como yo. Entonces nos hemos puesto a charlar un rato. De nuestra situación, de nuestra vida, la soledad … Estaba simpatizando mucho con Manuel. Se podría decir que estábamos en la misma situación. Al despedirnos yo quería quedar para vernos en persona, pero me ha dicho que vivía en Logroño…
Treinta minutos después de colgar me han llamado al interfono: “De amigos del mayor”, me han dicho. Les he abierto. Mi puerta y mi corazón. Estaba muy solo … pero eso se acabó.
TRABAJO MAL REMUNERADO
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica... y era nomás. Me agarré a ella como náufrago a una tabla. Es que llevo muchos años solo, casi sin hablar con nadie, y con mujeres… menos.
—Señor Basilio, encantada mi nombre es Pilar. Lo llamamos de Iberdora, ¿qué compañía tiene usted?
—Ninguna señorita… si usted quisiera conversar, salir…
—…Ehhh, pues mire, le ofrecemos el kilovatio un 20% más barato.
—¿Podemos quedar entonces? Si lo desea, la espero en mi casa con una buena cena y un vinito...
—…Y en hora punta le descontamos la calefacción…
̶—Entonces, ¿cuándo viene? ¿Esta noche podría?
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
—Asqueroso, y todo por 800 euros mensuales…
UN VOLVO ROJO
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Tardo en coger el móvil. Cada palabra me golpea como un mazo. Me preguntan de nuevo. Me cuesta hablar. Aprieto fuertemente los ojos. Empiezo a recordar los abrazos, la gente, la música. Recuerdo también las caricias y los besos de alcohol. “¿Es usted la dueña de un Volvo rojo?”. Siento aún el frío de la noche. Se oye una ambulancia. Abro los ojos: veo ante mí un sillón vacío y una goma que sale de mi brazo. “Sí, soy yo”, contesto con un hilo de voz. Noto que la boca me sabe a sangre. No he preguntado por él.
ABURRIMIENTO
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica y pese a mi costumbre de cortar cualquier llamada de desconocidos, seguí hablando. Estaba intrigada; en realidad, estaba aburrida.
La voz me ofrecía paneles solares y ante mi negativa, se tornó muy insistente: que mi chalet era apropiado para la instalación, que las enredaderas disimularían el cableado… ¿cómo sabía tanto de mi casa? ¿desde dónde me estaba telefoneando?
El tono se volvió amenazante y me conmocionó cuando comenzó a alabar lo sexi que estaba con mi pijama de seda rosa. En ese momento advertí que una de las ventanas de mi cuarto estaba totalmente abierta, con el seguro violentado.
AFICIONES LITERARIAS
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica sobre preferencias literarias; y justo cuando le estaba contando lo mucho que me apasiona la novela negra y todo lo gore, sonó el timbre. Al abrir la puerta, me quedé enmudecida; era el mismo hombre que me estaba hablando por teléfono, quien con una sonrisa lasciva dijo que venía a complacerme. Aún consciente de que algo horrible podía suceder, opté por no resistirme y le dejé pasar…
Debí desmayarme. Cuando abrí los ojos había sangre por todas partes, un machete en el suelo y su cuerpo desmembrado en el zaguán.
ALEGRÍAS NAVIDEÑAS
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica sobre consumo navideño, pero no, eran los sensores del frigorífico del apartamento de la abuela en la residencia; reclamaban los suministros apropiados a sus necesidades nutricionales. He puesto en marcha la impresora orgánica 3D asociada y, en un pispás, nevera rebosante de alimentos sanos y apetitosos. Nos ha costado un pastón, pero así estamos tranquilos. Lo que me extraña es que coma tanto. Por curiosidad he puesto en funcionamiento la cámara oculta y… ¡la he apagado antes de que la vieran los niños!¡Con razón no quiso celebrar las Navidades en casa!¡Menudas orgías organiza la abuelita con el personal…!
AMENAZA INDOCUMENTADA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica... porque tras nueve días en altamar cuando ya avizoraba la costa de Tenerife y el majestuoso Teide detrás, por fin tuve cobertura y entró esa llamada:
—¿Señor Habîboullah? ̶ Una voz cálida femenina, española.
—¿Si…? ̶ respondí con ilusión.
—¡Bienvenido a España! Le recordamos que tenga a mano pasaporte y permiso de trabajo o, en caso de no disponer estos, efectivo de 500.000€.
—¡¡¡Jokku Enndam e walla e Spain!!! (Pulaar)
—Lo siento señor Habîboullah, entonces ¡le ordenamos que reoriente inmediatamente su patera con dirección a otro puerto africano! De no ser así, nuestra Armada se verá obligada a disparar. Repito…
—¡Ayiii!... (Pulaar)
CIBERSEGURIDAD
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Sobre todo porque indagaban por mi nombre, dirección, tarjeta de crédito y correo electrónico con sus respectivas contraseñas. Después descubrí que era la persona más afortunada del mundo. Un príncipe, nada más y nada menos que el de Nigeria, necesitaba de mi ayuda para volver a su país. ¡Por solo 300€! A cambio, me recompensaría con una pequeña fortuna. Obviamente, le hice el ingreso y también le di mi número de cuenta bancaria, clave de Netflix, Amazon y de la seguridad social. Solo me rehusé a darle mi password de guarillastetonaspuntocom. Jamás compartiría información esencial y sensible con un desconocido.
EL MUNDO, DE MOMENTO, SEGUIRÁ SIENDO UNA MIERDA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica y casi cuelgo. Preguntaban por aquella caja que encontró la abuela. Resulta que era la caja de Pandora y habían descubierto qué hacer para revertir los efectos de su apertura, ¿os imagináis? ¡La caja, con un novedoso movimiento interestelar, absorbería todos los males ocasionados y podríamos cerrarla y empezar de nuevo!
Pero la abuela le había cogido cariño. Además, a la tal Pandora le había cortado aquella especie de culebrillas inquietas y se estaba tejiendo con ellas un gorro de masaje. Cuando le pedí la caja, me dijo que era suya y que ¡ni los dioses se la quitarían…!
ELLA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. A la segunda pregunta: --¿Te acuerdas de mi?-- la voz me resuena como una melodía celestial. ¡Es ella! ¡Ella! La que amé.
Mi corazón se desboca, mi respiración se entrecorta y no puedo articular palabra:
—Si —logro decir. ¿Cómo no me voy a acordar?
Varias preguntas después que respondo con monosílabos:
—¿Qué te parece tomar un café juntos?
—Bien, bien —¡Tiemblo! ¡La voy a volver a ver!
Quedamos. Nos encontraremos. Mi alma está anhelante. Me vuelvo loco.
El cielo se abre.
ENCUESTA SEXUAL
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica… y sobre lo que más me hace disfrutar del mundo…
—¿Le gusta a usted el sexo?
—Muchísimo
—¿Y lo practica habitualmente?
—Todos los días… al menos una hora
—¿Le pone mucha pasión?
—No imagina, a veces mi mujer dice que baje el volumen… por los vecinos, ya sabe…
—¿Lo hace en sitios públicos?
—Mucho, eso me da la vida
—¿Con su mujer?
—No, ella como espectadora
—¿Se excita viéndolo?
—¿Cómo dice?
—Viéndolo hacer el amor con otras
—Pero… ¿cómo se atreve? ¡yo toco el SAXO!
FANFARRONADAS
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica, con esa voz tan sensual no pude negarme y di respuesta a todo el cuestionario…
—¿Disfruta usted del sexo?
—Sí, claro.
—Del 1 al 10 ¿cuánto deseo sexual tiene?
—Diez.
—¿Cuántas veces por semana lo practica?
—Siete, una al día mínimo.
—¿Qué posturas conoce?
—Todas
—¡Vaya! ¿cuántas practica habitualmente?
—Las primeras 69, a la setenta nunca llego.
—¿siempre con su pareja o también con otras?
—Si surge, con cualquiera que me ponga…
—¡A ver Emilio, además de MENTIROSO, IMBÉCIL…! —sonó de fondo la voz de mi mujer
JOSEFA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Y no me ha fallado la intuición. Pero me han enganchado, y bien. Hace ya dos años falleció mi mujer. No tengo hijos y estoy muy solo. Al principio me han hecho varias preguntas, y cuando iba a colgar se ha puesto al teléfono una mujer. Josefa, se llamaba, de mi edad. Sola, como yo. Necesitaba hablar. Después de dos horas yo quería quedar en persona. Pero ella me ha dicho paciencia. Me ha dado un número 900 para llamarle. He caído en la trampa. Lo sé perfectamente.
Pero voy a llamarla … nunca se sabe.
LA CUARTA PREGUNTA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Uno: ciudad preferida. Dos: ¿piano, tuba o violín? Yo respondía con locuacidad y seguía haciéndolo cuando las preguntas metamorfoseaban a unas más raras y oscuras, incluso absurdas. Tres: tipo de telas que me gustaría vender. Cuatro: animal en el que preferiría encarnar. Cinco: ¿naranjas o manzanas? Educado hasta el final, no me animaba a colgar a mi encuestador. Por el contrario, fui respondiendo al azar hasta quedarme profundamente dormido.
Al día siguiente desperté con jaqueca y oyendo en mi cabeza voces entre checas, alemanas y de ultratumba que me regañaban: «No debiste responder “un insecto” a la cuarta pregunta, Gregorio».
LA LLAMADA (1)
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica, pero la chica del comenzó a llorar. Le pregunté qué le pasaba, quién era. Me comunicó que se encontraba en mi calle y que llegaban ya los asesinos. “¿Qué asesinos?”, le inquirí, perplejo.
Dejé los apuntes y salí, temiendo lo peor. Solo encontré un papel: “Perdona por el susto. Aquí estoy, escondida, con mis prismáticos. Soy una chica de clase. Era la única manera de verte una vez más. Te quiero, pero no me atrevo a decírtelo”.
Levanté la vista. Solo vislumbré a lo lejos una silueta huidiza.
A veces, una sombra puede estremecer más que un cadáver.
LA LLAMADA
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. La voz, cargada de cortesía ensayada, mencionó una oferta de trabajo.
—¿Es usted Álvaro?
—Sí, ¿de qué se trata?
—Una oportunidad única. Pero dígame, ¿ha considerado las consecuencias?
Algo en su tono me inquietó.
—¿Qué consecuencias?
—Las que vienen cuando miras atrás y no reconoces lo que ves.
Me quedé helado. Su voz era idéntica a la mía.
—¿Quién eres?
—Soy tú, pero diferente. El que perdiste.
La llamada se cortó. Miré el teléfono: el número marcado era el mío. Afuera, el cielo se tornó extraño, como una premonición oscura.
LA MALA MEMORIA
─Al principio he pensado que se trataba de una entrevista telefónica en la que una chica muy amable se interesaba por mi salud. Ya sabe: que si estoy bien, que si me he tomado las pastillas, que si… bueno, ahora se me ha olvidado. Lo importante es que, poco a poco, me fui dando cuenta de que aquella voz me resultaba conocida; pero, no sé de qué. Llevo toda la tarde tratando de recordar de qué me sonaba. ¡Qué pena! Este cerebro mío deja volar los recuerdos como si fueran hojarasca otoñal.
─Tranquila. Te he llamado yo, mamá.
─¿Mamá? ¡Señorita, por favor, que soy soltera!
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