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15 SEP

HIJA DEL CIELO (Rodrigo Cortés)

Conversaciones en el filo del abismo.

Hace pocos días salió a la venta la nueva novela de Rodrigo Cortés: Hija del cielo (Literatura Random House), y esta es la reseña que hicimos de ella en el espacio radiofónico que tenemos en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó:

Se trata de una novela muy difícil de reseñar, porque mientras avanzas en la lectura, y a pesar de la perfecta descripción del lugar y de los personajes, a pesar de las voces precisas en su autodefinición, o autoindefinición, de estos personajes, pues no sabes si Rodrigo Cortés es el genio al que adoran sus seguidores o un charlatán con gracia y dominio del lenguaje. Podríamos resumirlo en que es un genio con gracias y dominio del lenguaje.

 

Pero vamos a lo básico: esta novela se desarrolla en un colegio religioso al borde de un acantilado sobre el Cantábrico, en un lugar llamado Gabaón, tanto el pueblo como el colegio. Es un colegio que llevan unas monjas pero que domina un cura, el padre Alén. Alén y las monjas, con la madre Adriana al frente, tienen a una niña en la pubertad encerrada en una habitación sin ventanas. Y en los capítulos se van a ir alternando la voz en tercera persona del narrador omnisciente, una voz precisa, sutil, que a veces cabalga las olas de la ambigüedad y las contradicciones del mundo que describe; y por otro lado tenemos la voz de esta niña encerrada, que no sabemos si tiene algún trastorno mental, si es una criminal en potencia o si simplemente está poseída. Conforme avanza la novela, se expanden las dudas sobre qué es lo que hacen en este colegio de Gabaón, aunque vamos conociendo cada vez mejor a los personajes, con conversaciones memorables entre el padre Alén y la niña o quienquiera que haya en su interior (que en ocasiones es llamado el Hombre Guapo), además de los monólogos de la niña, donde Rodrigo Cortés trasmite una oralidad arrolladora; pero también con los otros personajes, todos con sus bordes, como la madre Adriana, el inane padre Salcedo, sor Maite, Tamata o el guapo del padre Solitude, con su presente ausencia.

 

Esta Hija del cielo es una novela exigente porque usa tanto un lenguaje para usuarios avanzados como el de la pobre niña, con un habla popular, y no te va a dar los detalles y las minuciosidades de qué es exactamente lo que está pasando, sino que juega a ser José Luis Cuerda o Wenceslao Fernández Flores, creando un universo con sus propias reglas que no necesariamente el lector ha de comprender, sino asimilar y disfrutar como ejercicio lingüístico y psicológico que es. Y aun así, la tensión va subiendo conforme quieres asimilar qué está pasando hasta llegar a un final casi en éxtasis con una gran puesta en escena, que sin apenas descripciones físicas es muy visual, digna de un director de cine como Rodrigo Cortés.

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