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08 ENE

6º CONCURSO DE MICRORRELATOS (25-26) DE ALI I TRUC. QUINCENA IX

Aquí tenéis los 15 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'El contrabando ejemplar', novela con la que el argentino Pablo Maurette ha ganado el premio Herralde de novela.

Con la frase «Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'», inicio de la novela El contrabando ejemplar, merecidísimo premio Herralde de novela 2025 a Pablo Maurette, deben comenzar los relatos de esta 9ª quincena de la 5ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido 15 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 11 de enero a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente). De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 12 de enero en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó, y de la que intentaremos que Pablo Maurette elija la obra ganadora.

 

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Pablo Maurette, desvelamos podio y autoría de los relatos recibidos.

Los relatos finalistas de esta quincena, votados entre las participantes, han sido:

ARRAIGO, de Felipe Tenenbaum.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'. Y me quedé, claro. Completamente enamorado de un país con las mismas contradicciones que las que traía en mi maleta… pero más tenues. Sin tanta histeria colectiva a flor de piel.

Aún hoy, tantos años después, cuando paso por aduana, los guardias me registran con estulticia, sea lo que sea eso, y con lentitud. A sabiendas de que mi cara inocente me delata. Sin embargo, nunca encuentran nada. No sospechan que los únicos bienes que paso de contrabando son un poco de nostalgia mezclada con viveza criolla y algunos versos. Sin duda alguna, un contrabando ejemplar.

 

LECTURAS COMPARTIDAS, de Raquel Zaragoza Durá.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'. Se trataba de un club de lectura clandestino, y realmente resultaba ejemplar. Mientras en el economato sellaban cartillas de racionamiento, en el sótano de la trastienda se compartían libros de autores prohibidos.

No fue fácil conseguir que me admitieran: era un grupo cerrado. Sin embargo, lo logré gracias a quien poco después sería mi mujer. Allí, sin distinción de género ni de inclinación política, leíamos e intercambiábamos opiniones sobre lecturas consideradas más peligrosas que las armas; en un país donde pensar y tener opinión era un delito.

Amor, amistad y cultura: lo conseguí todo, gracias a las lecturas compartidas.

 

Y el relato ganador ha sido:

Sombras de la Villa y Corte, de Esperanza Tirado Jiménez.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'.

Decían que corría por chats y bares cual contraseña secreta, como antaño las tertulias tras cortinas pesadas.

Crucé Lavapiés, Malasaña, Chueca…, calles con olor a café requemado y especias, donde el bullicio parecía sacado del libreto de un sainete moderno.

Nadie decía ni mu ni miau. Fui acumulando muecas sordas y miradas esquivas, como si la ciudad entera jugara al ratón y al gato.

Al tercer día, en el Retiro, vi a una mujer leyendo. Cerró su libro y sentenció:

—Esto no se busca, se comparte.

Entendí que esta ciudad, fiel a su carácter, guardaba sus secretos en las sombras.

 

 

Y el resto de relatos, ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido, ha sido:

XICOTETES COSES, de Basilio Mayor García.

Quan van obrir les fronteres vaig anar a Madrid a buscar ‘El contraban exemplar’.

Jo portava les meues peces de contraban, uns mocadors brodats a mà. Però necessitava saber en quin moment o en quin lloc havien desaparegut aquells llibres, els quals havia de trobar. Els que els volien? Anaven a pagar un preu molt alt per ells. Però seria suficient? Seria el necessari perquè la meua família poguera viure durant este temps de postguerra maleït? Jo no podia en cap moment deixar de pensar en la fam que estàvem passant. Mai ho podria entendre canviar uns llibres, per uns draps vells, com no tot tenia un preu. Este món no podia continuar sent el mateix.

 

BORGES NOS EDUCÓ ASÍ, de Felipe Tenenbaum.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar', el manuscrito inconcluso de Eduardo, mi amigo y mentor, que intentaba explicar el comercio clandestino de la Argentina del Siglo XVII. A lo mejor ansiaba (ambivalente entre el hurto y el homenaje), apropiarme de su obra y expandir los límites entre lo histórico, la ficción y la nostalgia.  O quizás, no fui yo. Tal vez, se trataba de algún escritor primerizo y neurótico que simplemente deseaba añadir un eslabón más en la cadena infinita de estímulos literarios rioplatenses.

 

EJEMPLARIDAD HOMOLOGADA, de Tarana Oliva.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'. Lo de ejemplar me tocaba las narices, más teniendo en cuenta que debía seguir las instrucciones de ese libro de autoayuda que parecía escrito por mi madre. Poco después y ante la escasez de piezas, propuse a la señora Michelin trabajar bajo sus órdenes, convenciéndola del gran negocio que supondría.

Las balizas V16 homologadas por la DGT se vendieron como churros la última semana del año. Todo parecía funcionar, hasta que me detuvieron. Entonces la agente se quitó el casco: era Michelin. Sonrió y dijo: “Tranquilo, yo firmo. Aquí la seguridad es obligatoria… y rentable”. Comprendí entonces su ejemplaridad.

 

EL NOSTRE DESTÍ, de Basilio Mayor García.

Quan van obrir les fronteres vaig anar a Madrid a buscar ‘El contraban exemplar’. En eixos moments havíem de decidir que volíem ser si mers espectadors o els actors principals d'este assumpte que ens ocupa, el progrés del nostre futur com a comunitat. En este 2026 es juga el nostre futur en les xarxes. Esta oportunitat és la possibilitat real de sol·licitar davant la autoritat pertinent la creació del domini .val. Esta extensió permetria situar al valencià (i, en definitiva, a la identitat valenciana) en l’espai on hui és disputa la rellevància en el món: la xarxa. Hem de deixar de ser mers contrabandistes i anar de front a per totes.

 

EL UNICORNIO, de María Bastida Nova.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar' de criaturas mitológicas. Mi fantasía se hacía realidad. Tenía que conseguir un unicornio como fuera. Puse rumbo al valle del Arcoíris, pero me di cuenta de que iba por el camino opuesto al del resto de la gente. Todos me decían que perseguía una quimera.  No quería rendirme y recabé información sobre dónde poder encontrarlos. En la oficina de turismo solo hallé una guía de atracciones con figuras inflables, en una isla flotante… ¡En Filipinas!

Ese día descubrí, que mi creencia en los unicornios tenía la misma consistencia volátil que un «pedo» en la mano. Se evaporó, dejó de existir.

 

EN BUSCA DEL MITO, de Paquita Márquez.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar el contrabando ejemplar. Tenía verdadera curiosidad por saber de qué se trataba. Jamás pude imaginar que el contrabando fuera una persona que por lo visto jamás existió en realidad y sin embargo era conocida en el mundo entero. Pero existía, alguien decía haberla encontrado y trataba de sacar provecho de ello. Cuando la vi tan ordinaria, tan mal vestida, con greñas sucias y enredadas y con aquella cara tosca que reflejaba una absoluta ignorancia, no me podía creer que fuera un personaje tan codiciado. Estaba asustada. Me acerqué, cogí amistoso su áspera mano y le pregunté su nombre. «Aldonza Lorenzo», me contestó.

 

ESPERANZAS FALLIDAS, de Paquita Márquez.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar el contrabando ejemplar. Me lo habían ofrecido como infalible remedio a mis males. No era un objeto, como creía, sino un algoritmo que lo traficaban en antros ocultos y prohibidos a base de susurros, de miradas, de gestos y signos enigmáticos… Aseguraban que quien lograra instalarlo en su mente podría predecir futuros, anticiparse a ataques terroristas, organizar las defensas ante catástrofes naturales, como erupciones volcánicas, ciclones, epidemias, diluvios...

Lo rechacé de plano. Yo no tenía ningún interés en el futuro, sólo quería cambiar el pasado.

 

MANUAL PARA CRUZAR FRONTERAS, de Esperanza Tirado Jiménez.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar'. Quise preguntar a mis superiores qué propósito, quizá oculto, tenía aquello.

¿Sería un libro? ¿Un arma? ¿Un código secreto? Pues el encargo se me asemejaba casi a un jeroglífico egipcio.

Pero no dije nada más de lo necesario. Cumplir órdenes en tiempos difíciles ya resultaba todo un desafío.

Madrid se me abrió en capas: portales, sótanos, nombres falsos. Aprendí a escuchar silencios, a aceptar sobres vacíos como pago.

La dichosa mercancía no pesaba, pero dejaba marcas indelebles en el alma de quien la transportaba.

Cuando regresé, nadie revisó mi equipaje. No había nada que declarar.

 

MARCO POLO, CULPABLE, de Victoria Sera.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar El contrabando ejemplar. Nadie me explicó el trabajo a realizar, pero estaba falto de guita y acepté el encargo sin preguntar. Anoté en un papel todos los nombres hasta llegar al que me entregaría el contrabando. Observé a policías a lo largo de todo el trayecto, desde Algeciras hasta la capital. Me registraron, iba limpio. La vuelta ya se vería.

En un sótano del Museo Tyssen me esperaba un ser siniestro. Sin levantarse señaló a su izquierda, una talla de Marco Polo. Me dijo: envuélvela en papel de periódico y entrégala en Algeciras.

Cuento esto desde la prisión de Alcalá Meco.

 

 

MI PRIMA, LA MÁS EPICUREISTA DEL PUEBLO, de Felipe Tenenbaum.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar 'El contrabando ejemplar' a casa de mi abuela Pilar. Estaba harta de tanto desapego, de tanto respeto por la intimidad ajena. Ansiaba imbuirme de aquel mundo antiguo y casi mítico de los chismorreos mordaces y siseos susurrantes del mercadillo. Aunque estuviese prohibido. Aunque se purgaran penas ridículamente largas por hacer circular un chisme. Y sin embargo, según los rumores, mi abuela había encontrado un método ingenioso de enmascararlo todo. Me volví a Tucumán con el truco bien aprendido, cinco tomos de filosofía y una certeza inquietante: siempre que Carlos se iba a trabajar, mi prima Estefanía pensaba y luego existía con el butanero.

 

POR SI LAS MOSCAS, de Paquita Márquez.

Cuando abrieron las fronteras fui a Madrid a buscar el contrabando ejemplar. Se trataba del documento oficial en el que se instauraba la República en el país. En cuanto se hiciera público (y yo era el encargado de hacerlo), se acabarían las Monarquías, aunque sólo fueran parlamentarias o de atrezo. Después de pensarlo mucho, decidí no hacer público semejante comunicado, porque… ¿qué iba a pasar entonces con los Reyes Magos?

 

RECORDS, de Basilio Mayor García.

Quan van obrir les fronteres vaig ser a Madrid a buscar ‘El contraban exemplar’. No ho negaré, és un bon títol per a un bon llibre. Però sempre recordaré amb enyorança i amb carinyo, un altre títol d'un altre llibre interessant que era “L'estraperlo en la zona de l'Albufera”. Aquelles gents que sense res a perdre es llançaven a intercanviar qualsevol cosa que poguera aportar alguna alegria a les seues famílies, alguna cosa que poder emportar-se a la boca, estes històries eren molt interessants per la valentia demostrada pels seus actors, sempre disposats a arriscar-ho tot pels seus, sense importar-los que els poguera ocórrer. Entre tots ells, la meua benvolguda iaia.

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