Con la frase «El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados a las diez en punto», inicio de la novela Mil cosas, acertada descripción de la vida acelerada en la que bailamos en una pista de circo con mil bolas en danza, deben comenzar los relatos de esta 7ª quincena de la 5ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido 25 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 14 de diciembre a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 15 de diciembre en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó, y de la que Juan Tallón elegirá la obra ganadora.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Juan Tallón, desvelamos podio y autoría de cada relato.
Los finalistas han sido
METAMORFOSIS, de Felipe Tenenbaum
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Todas en el vehículo, idénticas y tumultuosas, cerramos los ojos mientras se eleva la temperatura. 73 grados. No sabemos si es realmente un coche pero, de pronto, arranca. 94 grados. Damos vueltas como el planeta, el destino o un signo de infinito. 122 grados. El agua dentro del cuerpo de mis hermanas comienza convertirse en vapor. 186 grados. Son las diez y cinco minutos. Pronto alcanzaremos los 210 grados y entonces, Marta pondrá la película. Algunas intentaremos resistirnos, escapar. Yo abriré la boca. Gritaré. Sin embargo, de mis labios cubiertos de mantequilla solo saldrá un angustioso y salado POP.
MI PASIÓN, de Américo Fojo.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto; los guantes deportivos gotean transpiración y el casco raspa mi cuello en cada movimiento.
Me aferro al volante hasta sentir los brazos agarrotados, pero no me quejo. Esto es lo mío: el Rally Dakar de 1990, Paris – Dakar, pasando por Mauritania y Senegal.
El sudor me nubla la vista, pero no pienso abandonar… hasta que alguien, desde afuera, golpea el cristal de la ventanilla:
—¡Señor, por favor, ya terminó su turno, debe abandonar el vehículo! Me dice con voz imperiosa. —¡Esto es el Museo Disney del Automóvil y hay una larga cola esperando para montar en el Lacer de exposición!
Y el relato ganador según veredicto de Juan Tallón:
EL ALETEO DE UNA MARIPOSA, de Raquel Zaragoza Durá
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto de una mañana especialmente calurosa. Me dirijo al mirador del acantilado; la carretera tiene más meandros que mi propia vida. De repente, una mariposa entra por la ventanilla. Mi primera reacción es espantarla, pero su insistencia revoloteando a mi alrededor termina distrayéndome y, por un brusco movimiento del volante, me salgo de la carretera…
En el hospital murmuran que, por culpa de una mariposa, he estado a punto de perder la vida. Lo que nadie se imagina es que, gracias a su aleteo, desisto de mi intención. ¡Ahora, quiero seguir viva!
El resto de relatos, ordenados alfabéticamente desde el primero recibido son:
NOSTALGIA ROSA, de Felipe Tenenbaum
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Cuando alcanza esa magnitud se me despierta la nostalgia. Abro la portezuela con delicadeza. Intentando contener las carcajadas con mis labios mustios. Arrugados. La diva ataviada de rosa sale con elegancia. Sus largos bigotes y su andar asimétrico me hipnotizan. Un señor bajito de sombrero y bigote y una tonada pegadiza que vienen de vaya uno a saber dónde, acompañan su marcha con ligereza. Yo vuelvo a ponerme el casco y sonrió sabiendo que cada vez menos gente entiende la referencia. Y sin embargo, justo antes de marcharme, el cielo, como una flor azul, también se tiñe de rosa.
NUESTRO FUTURO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. No era lo normal. Estábamos en Islandia. Nos habíamos teletransportado al año 2235, febrero, con nuestro coche tecnológico, basándonos en la película de Regreso al Futuro. El paisaje es árido. No vemos a nadie. Sabemos que en algún momento hay que bajar del coche, aunque no queramos. Mi compañero abre la puerta, poniendo un pie en el suelo, pistola láser en el cinturón. Una sombra enorme nos cubre completamente. Una pata gigante aplasta a mi compañero. Aprieto el botón de vuelta al pasado, observando con el rabillo del ojo de que se trata de una cucaracha gigante. Nuestro futuro…
NUESTRO LUGAR, de Américo Fojo.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto y el reflejo del sol en los muros del castillo me enceguece. Este es el lugar, nuestro lugar, donde la vi por primera vez.
Ahora sigo viendo su imagen, como cada día desde que murió.
Ya la vida perdió sentido para mí y sé que no hay otra alternativa.
Arranco el motor y el sonido del tubo con que conecté el caño de escape a una de las ventanillas tiene el ritmo de una nana que adormece.
Una tenue neblina gris va llenando el interior del coche… sólo me resta esperar.
PETICIÓN, de Óscar Broullón
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Clara le recrimina que llegue siempre tarde a sus citas. Él sonríe, diciendo que el coche se recalentaba.
Alegres, pasan el día juntos: helado, paseo por la playa, promesas torpes.
Cuando se despiden, él deja caer un sobre dentro del bolso de Clara sin que ella lo note.
Lo encuentra al llegar a casa:
—No soy bueno diciendo estas cosas. ¿Quieres casarte conmigo? —decía la nota.
Emocionada y feliz, lo llama.
Él no responde.
La pantalla del televisor anuncia: «Grave accidente de un Mitsubishi Lancer. Un muerto».
Clara bañada en llanto, aprieta el sobre fuerte contra su pecho.
PETRICOR, de Paquita Márquez
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. ¡Qué bien me vendría una lluvia de verano que refrescara el ambiente y este coche ardiente y renqueante! Pero las lluvias son historia: los científicos ahora las desvían a sus acuíferos de supervivencia. Hoy yo daría lo que fuera porque me cayera un chaparrón de verano de los de antes…, de esos que dejaban olor a tierra mojada y charcos, y que limpiara este polvo que se nos cuela por todos los poros del cuerpo emborronándonos la vida y enturbiándonos el alma…
RECUERDO DEL FUTURO, de Óscar Broullón
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Era su antiguo coche, el cómplice de sus salidas de juventud.
Ana lo había rescatado del desguace, decidida a restaurarlo para sorprender a Leo.
Pasó meses buscando piezas, repintándolo, puliéndolo. Recordando su eterno amor desde el instituto.
Finalmente, lo terminó y lo llevó a dar una vuelta.
Leo se subió, conmovido. Recorrieron viejas rutas en un silencio cargado de nostalgia.
Al detenerse, él tomó su mano.
—¡Es perfecto! —dijo él —. ¿Sabes? Mi esposa, también es mecánica.
Ana se miró el anillo consciente que el coche no servía para hacerlo regresar.
Debía buscar otro medio.
No estaba dispuesta a rendirse.
SENSE TRELLAT, de Basilio Mayor García.
El vell Mitsubishi Lancer marca trenta-sis graus de temperatura a les deu en punt, desconec si serà possible tornar a veure la realitat com la coneixíem, si no aconseguim que tots els cotxes marquen la mateixa temperatura a les dotze de la nit.
— Però només falten dos hores, com ho farem?
— Amb els Mercedes i Toyotes no tindrem problema, qui em preocupa és el sis-cents.
— Tan sols marca setze graus.
— Sí, però sota zero. Estes diferències entre ells són les que no ens permetran tornar al present del qual hem fugit sense tancar la porta.
Ja t'ho vaig dir, els valents cauen de cul i ací estem més pelats que el cul d'una mona.
SI TE DECIDES A HACERLO, ¡HAZLO BIEN, COÑO!, de Paquita Márquez
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto, y con tendencia al alza si tenemos en cuenta que el aire acondicionado está roto y las ventanillas se atascan y apenas bajan. Y no puedo prescindir de él ni un solo día: las compras, llevar y recoger a los niños del cole, a mi marido llevarlo y traerlo de la rehabilitación… Desde el accidente se ha vuelto más exigente, tiquismiquis e insoportable que nunca. Fue un gravísimo error de cálculo aquel «fallo» que sólo le provocó múltiples lesiones y la amputación de una pierna…, además de dejar su moderno Lotus Emira para el desguace.
TELMA, de Felipe Tenenbaum.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. A menos, claro está, que cierre un ojo. Entonces es medio Mitsubishi marcando 18 grados a la cinco en punto de la tarde. Incluso menos si entrecierro el otro.
Mejor aún, cuando cierro los dos, el vehículo se convierte en una alfombra voladora deslizándose sobre un río de sonetos y camelias que fluyen por una estantería de esmeralda y amatista. A nuestro alrededor, vuelan pájaros de origami y un par de grullas de papel trinan hermosos versos en nuestro honor. ¡Oh! ¡Qué espectáculo tan maravilloso! ¡Tan…! ¡CRAAAASH! Mierda. Se me olvidó de que era yo quien estaba conduciendo.
UNA MALA IDEA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto de la mañana. Realizando la carrera del París Dakar nos hemos perdido en un laberinto de dunas. Observamos incrédulos misteriosas imágenes a lo lejos: Un bailarín, desnudo, bronceado, músculos definidos, en medio de un oasis, asando carne en una barbacoa, con camellos a su alrededor portando bebidas en sus jorobas... Haciéndonos señales nos invita a acudir a su encuentro. Estando cerca sentimos cojines mullidos en nuestra cara…
Mi compañero tiene los ojos rojos.
- Te dije que no era buena idea fumar porros durante la carrera…-me dice.
Los cojines son el airbag del coche. Hemos chocado con una palmera.
V.E.S.E. (VIDA ECOLÓGICA, SENCILLA Y ECONÓMICA), de Paquita Márquez
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto de la mañana. A la una de la tarde, alcanzará fácilmente los cincuenta. Entonces es cuando la chapa se pone en condiciones óptimas y, limpiando un poco el polvo del capó y untándolo de aceite, puedo cuajarme unos apetitosos huevos, incluso los podría acompañar de unos aros de cebolla a la parrilla… Desde que el casero me desahució, mi vida y sobre todo mi alimentación, se han vuelto la mar de sencillas, yo diría que casi primarias…
VIAJEROS ESTELARES EN BUSCA DE UN NIÑO, de María Bastida Nova.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. El sargento comunica a sus hombres que puede ser una trampa. El dinosaurio, en un alarde de valentía, salta encima del capó. —¡Oh no! —dice el sheriff del condado. Don sonrisa invertida y cara Picassiana voló en mil pedazos.
¡Qué recuerdos!
El niño se hizo mayor. Ahora trabaja para la NASA. Una nave exploradora se dirige al espacio en busca de planetas habitables. Dentro, ha dejado su caja de juguetes. Quizá, en otro mundo, exista un Andy que dé vida a sus héroes de la infancia.
—Buena suerte, amigos.
El hombrecillo del espacio exclamó: —¡Hasta el infinito y más allá!
AMIGOS PARA SIEMPRE, de Mariam Vicente.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. La noche pinta tórrida, aun así el viejo camina impasible camino de la playa, un cigarrillo colgado de los labios y la caña al hombro.
—¡Hola! —dice el niño, ansioso sobre la ardiente arena—. ¿Pescaremos hoy un bonito?
El viejo tarda en responder.
—Capitanes seríamos si cogiéramos un bonito. Como mucho una sardina.
El niño se encoge de hombros y se sienta en silencio junto al viejo. El cebo se balancea en el agua azul petroleo.
El hombre mira con cariño al pequeño y lamenta no haberle conocido antes, pero llora porque su nieto nunca sabrá quién es él.
AMOR EN LA CARRETERA, de Raquel Zaragoza Durá
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto de la noche; ¡yo debo estar a más de cuarenta! En la radio suena nuestra canción y, ajenos a todo, María y yo nos besamos. La luz verde de un estúpido semáforo centellea en el parabrisas, mientras en la carretera, varios impacientes no dejan de tocar el claxon.
«El amor es ciego… ¡y sordo!»
EL PERFUME, de Óscar Broullón
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Para Marta, era el indicador del camino habitual al centro, donde su marido, perdido en el alzhéimer, ya no la reconocía.
Cada viaje era un duelo silencioso, el motor ronco acompañando su pena.
Al llegar, él, como siempre, miraba vacío por la ventana.
Pero al tomarle la mano, la miró, y con una claridad aterradora y dulce, susurró:
—Tu perfume... siempre fue gardenia, ¿verdad?
Marta sonrió, con lágrimas. Un latido de luz en la nieve de su mente.
Él volvió a perderse en la ventana.
Marta supo que esa sería la última vez.
EL TIEMPO EMBUSTERO, de Margarita González)
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto mientras conduzco por la autovía de Andalucía. De pronto ruge, suena de un modo extraño y se para con estruendo.
Tenía que pasar, hace tiempo que necesitaba revisión, -pienso-, mientras guío al conductor de la grúa hasta mi taller a las afueras de Sevilla.
La empresa japonesa de automóviles del segmento C no está en la dirección de siempre, en su lugar ahora hay un bar.
Desconcertado pregunto al dueño; me responde que ese automóvil no se fabrica desde 2017 y que un japonés de Mitsubishi Motors le vendió el local hace ocho años.
EL VALLE DE LA MUERTE, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Estoy nervioso. Vamos a comenzar nuestro viaje por el Valle de la Muerte. A lo lejos observo como un perro va a cruzar la carretera. Sin pensarlo, lo atropello. Mi novia se pone histérica. Que si por qué lo había hecho, que debía esquivarlo, etc.
Le explico que calculé mentalmente que necesitaríamos el agua del animal durante el viaje. Me dice que estoy loco, que llevamos una garrafa de ocho litros en el coche.
Siento la sangre golpeándome en las sienes. Le doy un golpe certero en la cabeza y se calla. Para siempre. Quizás también necesite su agua…
HIGHWAY TO HELL, de Jerónimo Hernández de Castro
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. A mi coche ya solo le funciona bien el termómetro. Desistí de conectar el aire acondicionado y me detuve otra vez tras un abuelo al que debieron retirar el carnet hace décadas. El copiloto del BMW de mi izquierda siguió dedicándome su repertorio de muecas y cortes de mangas. Y cuando intenté aparcar en el arcén, para alejarme a pie del atasco, recibí el impacto del descapotable de unos niñatos que me alcanzó por detrás.
Poco más que añadir señor juez. Yo solo regresaba del centro comercial después de comprar el cuchillo de cocina que me había encargado mi mujer.
«HOMELESS», Raquel Zaragoza Durá
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Aquí dentro hace un calor asfixiante, y me duele la espalda. Si mis padres supieran…
Ellos están orgullosos de mí. Salí del pueblo con dieciocho y, dos años después, sigo aquí. Estudio, trabajo de camarero y todos los meses les mando algo de ayuda. Quieren venir a verme, conocer mi vida…; siempre pongo excusas. Piensan que me avergüenzo de ellos. Y la verdad es que quiero evitar que sean ellos quienes se avergüencen de mí. La zona donde estoy aparcado es ruidosa, pero, al menos, tengo un techo bajo el que dormir: mi coche, mi fortaleza, mi castillo.
JULIETA Y ROMEO, de Jerónimo Hernández de Castro
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto. Su motor se había recalentado otra vez, pero no podían detenerse. Él tenía diecisiete y ella, con su recién cumplida mayoría de edad, ya podía ponerse al volante del vehículo familiar.
Habían decidido huir y alejarse cuanto antes de Verona, el origen de su felicidad y de todas sus desgracias, cuando la sirena de los carabinieri les apremió para que se detuvieran en el arcén.
Entonces, se miraron con la certeza de lo imposible y la conductora aceleró a fondo en aquel tramo de curvas peligrosas.
LA TRAVESÍA, de Silvia Espina.
El viejo Mitsubishi Lancer marca treinta y seis grados de temperatura a las diez en punto y el velocímetro marca ciento cuarenta kilómetros por hora.
Pese a su antigüedad, el motor ruge en el sinuoso camino de montaña que lo lleva a casa de Selena, su amor eterno.
Ella sabe que es temerario y siempre le aconseja cautela, pero la ansiedad de verla lo lleva a apretar el acelerador. Necesita abrazarla y percibir ese perfume de su piel que siempre lo hace sentir fuera del mundo real.
Su cerebro le reclama prudencia, pero el cuerpo se rebela y, quizás por eso, los ojos no ven la señal roja que indica PELIGRO CAMINO CERRADO… y sigue acelerando.
LES RONDALLES, RONDALLES SÓN, de Basilio Mayor García.
El vell Mitsubishi Lancer marca trenta-sis graus de temperatura a les deu en punt.
L'avaria estàvem segurs que era per la lenta resposta del sensor principal relacionat amb l'aire/combustible; en la nota de reparació vam dir que calia canviar el carro. La unitat principal no responia als reciclatges realitzats pels mecànics, que més podíem fer-li aquell vehicle tan singular?
Solució: canviem el carro per un de cavalls, si que és cert que era prou més lent, però continuava sent efectiu. Només ens quedava esperar que l'amo estiguera d'acord amb el canvi i volguera pagar l'elevada factura. El dubte esta en , si s'adonarà del canvi? vosaltres que opineu? Les rondalles, rondalles són.