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05 MAR

6º CONCURSO DE MICRORRELATOS (25-26) DE ALI I TRUC. QUINCENA XIII (1/2)

Aquí tenéis los 29 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'El último caso de Unamuno', novela de Luis García Jambrina sobre los últimos meses de Miguel de Unamuno en Salamanca.

Con la frase «La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera», inicio de la novela El último caso de Unamuno, deben comenzar los relatos de esta 13ª quincena de la 6ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido 29 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 8 de marzo a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente). De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 9 de febrero en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó; y de la que Luis García Jambrina decidirá el relato ganador.

 

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Luis García Jambrina, desvelamos podio y autoría de los relatos.

Finalistas, con la misma puntuación que el relato ganador:

TRASCENDER ES MI NATURALEZA, de Felipe Tenenbaum.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

La segunda parte la tenía clara. A mi andar lento, cada vez más cansino, pocos pasos le quedaban ya. A diferencia de mi prima que había ganado una carrera a una liebre, yo era una tortuga desconocida, sin lustre, fama ni anécdotas importantes. Pronto acabarían mis días sin nada que contar a la posteridad. Aquella falta de trascendencia me carcomía el orgullo. Morir así. En el anonimato…

No entendía cómo la fortuna podría sonreírme en mis últimos instantes. Y sin embargo, justo entonces, vi un escorpión en la orilla del río y supe, pletórico de felicidad, que pronto sería inmortal.

 

ÚLTIMAS PALABRAS, de Felipe Tenenbaum.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

–Tendrá que disculpar a mi hermana –dijo Desgracia a Sócrates mientras le ofrecía una copa de cicuta–. Felicidad es impuntual por naturaleza. Puede que no llegue a tiempo.

–Lo entiendo…

–¡Pues yo no! –gritó Desgracia–. Hay que respetar a los sabios. Me prometió que hoy sería puntual. Solo se entretendría un rato haciendo que se conozcan un tal Nicómaco y una tal Festis. Dijo que su hijo se llamaría Aristóteles.

El tábano de Atenas, sagaz y esclarecido, levantó la copa, guiñó el ojo a su discípulo Platón y exclamó, sonriente:

–¡Amigos míos, brindemos, entonces, por Aristóteles!

 

Relato ganador:

EL QUE LA SIGUE LA CONSIGUE, de Raquel Zaragoza Durá.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Y así fue. Cuando menos lo esperaba, conocí a Amalia, la chica ideal: guapa, simpática y con una mirada…

Los primeros meses fueron de ensueño. Sin embargo, pronto empezaron mis celos. Era demasiado atractiva, demasiado divertida y su mirada demasiado seductora.

Lo tenía claro: si aún no me engañaba, no tardaría en hacerlo. Aquella obsesión convirtió nuestra relación en una pesadilla. A escondidas, le revisaba el teléfono, el bolso… y hasta contraté a un detective para que la persiguiera.

No, no estaba loco.

Amalia me fue infiel: ¡tardó dos años!, pero acabó enamorándose del detective que la seguía.

 

El resto de relatos, ordenados en orden alfabético a partir del primero recibido son:

EL ECO DE UN «VUELVO PRONTO», de Esperanza Tirado Jiménez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

Esa idea rebullía en la cabeza de Alba al abrir la persiana de la librería, después de una larga noche en vela, llena de dudas.

El aire olía a polvo y vainilla, un aroma que siempre la tranquilizaba.

Mientras ordenaba una pila de libros, una tarjeta cayó al suelo:

«Vuelvo pronto. Gracias por guardarme un sitio.»

La metió en el bolsillo, pensando que ya la tiraría más tarde al contenedor de la calle.

Alba miró el cartel de ‘Se Traspasa’ apoyado contra el mostrador.

No lo colgó.

Tampoco lo devolvió a la trastienda.

Mañana madrugaría y se acercaría al Banco.

 

El leve giro del aire, de Esperanza Tirado Jiménez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.
Con ese pensamiento, abrió la ventana para disipar la última huella de enfermedad, y una mariquita de siete puntos negros se coló en la habitación, posándose en la barandilla de la cama.

La observó avanzar, diminuta, por aquella gigantesca cama medicalizada, hasta que alzó el vuelo con un destello rojo, desapareciendo tal como había llegado.
En ese leve aleteo, sintió que el aire de la estancia cambiaba, como si una pequeña esperanza alada le llenara el pecho de aire nuevo.

Al volver a mirar la cama, el monitor parecía marcar el mismo ritmo. Pero ya no le sonaba igual.

 

EL SOBRE, de Oscar Broullón.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera, pensaba después de esperar durante cinco años a que él me pidiera vivir juntos.

Cada noche imaginaba la escena: las maletas, medio armario desocupado para mí, mi cepillo de dientes junto al suyo.

Por fin, una tarde se animó y me dijo:

—Tengo algo que decirte.

Sonreí, preparada para oír lo que tanto había esperado.

—Me caso con Clara. Quiero que seas mi testigo —agregó entregándome un sobre.

El mundo se derrumbó bajo mis pies. 

Dentro no había una invitación de boda, sino las llaves de su piso y una nota: «La felicidad no se espera. ¿Quieres vivir conmigo?».

 

EL SOL EN EL CAJÓN, de María Ángeles Vaíllo.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera, mi abuela lo repetía cuando alguien se quejaba por adelantado.

La recuerdo en su mecedora, bordando pañuelos con su dedal de plata. Cuando las estrellas se encendían, dejaba su labor y rezaba dando gracias por ver amanecer un nuevo día.

La parca se la llevo una noche fría, la mecedora quedó vacía y mi corazón en tinieblas, pensé que nunca volvería a sonreír… Una mañana al abrir el armario encontré un pañuelo que había escondido: Con un sol bordado con hilo amarillo.

En ese momento la tristeza se disipó y la felicidad me sonrió desde el fondo de un cajón.

 

EL ÚLTIMO PROTOCOLO, de Óscar Broullón.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera, pensó la comandante Voss observando como los habitantes de la colonia marciana celebraban alegremente.

La Tierra había confirmado que el meteorito destructor había desviado su curso; la humanidad sobreviviría. Brindó con sus compañeros por el futuro en el planeta azul.

Al amanecer, la comunicación con la Tierra se interrumpió. Los sensores detectaron radiación gamma: el meteorito no había fallado, había desintegrado la atmósfera.

El mensaje recibido había sido automático y enviado por IA tres días antes del impacto.

Voss contempló el cielo rojo: ellos eran ahora la única humanidad existente, herederos involuntarios de una especie que creyó salvada.

 

EUFEMISMOS, de Jerónimo Hernández de Castro.

«La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera». Y es que… quien bien te quiere te hará llorar… Pero no olvides que después de la tormenta siempre llega la calma y que el sol sale para todos y, como decía mi madre…, cuando se cierra una puerta se abre otra…

La joven guardó silencio al comprobar que sus palabras no surtían ningún efecto en el ánimo de su interlocutor. Decidió entonces abandonar el refranero y buscar un discurso más inteligible para poner fin a aquella relación.

 

FILOSOFANDO, de Marcelo Celave Villar.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

Bah… tranquilamente podría decirlo al revés. Pero la verdad es que ambas, felicidad y desgracia son imprevisibles. Yo me pregunto si realmente existen como un ente autárquico, constatable, o son una carambola neuronal, una mera ilusión evanescente. Hombre… si te quedas parapléjico en un accidente, es un hecho desgraciado objetivo y contrastado, sin vueltas. Pero la felicidad… es un estado de ánimo efímero, volátil, en movimiento. Una brisa que alcanzas a percibir cuando ya pasó. Quizá… la felicidad y la desgracia no sean más que el mismo perro persiguiéndose la cola, y nosotros, observadores pasivos esperando a que la alcance…

 

LA CONFESIÓN, de Felipe Tenenbaum.

–La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

Cuando el Sultán escuchó esas palabras de la boca de su mujer, recordó los pormenores de su matrimonio concertado, lo inocente y tonta que le pareció al conocerla. Los días horribles esperando el casamiento (él con veinte años; ella con solo cinco). Y sin embargo, tantos años después, tuvo que reconocer que la sultana, más una hija que una esposa, había elegido una manera muy elegante de confesarle que tenía un amante.

Le dio, paternal, un beso en la frente y le susurró al oído: «en este mar de crueldades la libertad siempre es inesperada».

 

LA EXTRAÑA PAREJA, de Jerónimo Hernández de Castro.

«La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera». Máximas por el estilo y otras similares acompañaron la infancia de Críspulo. Todas ellas, como un refranero que muestra una propuesta y su contraria, desarrollaron en él un talante paradójico y cierta tendencia a la irresolución.

Juana lo tenía todo claro. Su permanente «al pan pan y al vino vino», no ofrecía resquicio para las dudas y esa seguridad le acompañó toda su vida, para dar confianza a sus allegados o apabullarlos con su rotundidad.

En la fiesta de sus bodas de oro rieron como nunca al recordar que el día que se casaron nadie daba un duro por ellos.

 

LA NOTA, de Óscar Broullón.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Mi madre lo repetía cada invierno, mientras cosía junto a la ventana.

Por eso, cuando tuvimos diagnóstico, me derrumbé esperando el final.

El final nunca llegó. Ella mejoró, volvió a reír, y una mañana de primavera salió a comprar pan.

—¿Necesitas algo, hijo? —preguntó desde la puerta.

—Nada mamá, gracias —respondí sin levantar la vista.

Un coche la atropelló al cruzar la calle. En su bolsillo encontraron una nota para mí: "Hoy es el día perfecto para decirte que siempre fui feliz".

Nunca imaginé que la desgracia que esperaba era, en realidad, la felicidad que ya no pude devolverle.

 

LA VIDA DE VARUN, de Silvia Espina.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

La vida de Varun era una verdadera desgracia. Su condición secreta de homosexual, consideraba inadmisible la imposición de sus padres, que lo obligaban a un matrimonio concertado con una joven desconocida, pero de su casta y religión.

La elegida llegó desde la India, misteriosa y encubierta y la boda se realizó con el boato correspondiente a su linaje.

Pasaron los días y Varun no podía ni quería consumar el matrimonio; la esposa, hasta ese momento desinteresada, decidió quitarse el lujoso sari de seda ante su esposo, descubriendo así un imponente pene.

De esta forma llegó la felicidad inesperada a Varun.

 

LA VISITA DE LOS NIETOS, de Victoria Sera.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Cantinela repetida por mi abuela y, para mis oídos, palabras lanzadas al viento. Enfatizaba la segunda parte, atrayéndola de tanto nombrarla. Más ahora no me atrevo ni siquiera a cuestionarla.

A mis setenta y cuatro años no he sabido disfrutar. Creía que era pecado mostrar alegría.

 La familia no solo deja herencias, deja un estilo de vida que puede destrozarnos si no salimos del bucle. Hoy, mis nietos, me han devuelto la esperanza. Me llevan de paseo. Reímos. Comemos juntos y por la noche vuelvo a la residencia de ancianos con menos prejuicios en la mochila. Sola.

 

MASCOTAS, de Margarita González.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

Recuerdo un capítulo de felicidad que comenzó en febrero de 1981, una sorpresa.

Un conocido artista foguerer me regaló a Bongo, un cachorro de pastor alemán color fuego. Mi primera mascota.

Esa misma tarde, un teniente coronel de la guardia civil con sus hombres, entró armado en el Congreso de los Diputados.

La presencia de Bongo acompañó a la familia hasta su muerte. Aún lo recordamos. Inició una saga de mascotas y felicidad en nuestras vidas. Tras él llegaron Ran Tan Plan, Horus y Rey Black, que acaba de fallecer.

Todos ellos regalos inesperados.

 

SORPRESA, de Américo Fojo.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera.

Al volver del cine, desde de calle, vi que las luces del piso estaban encendidas.

Sentí un dolor intenso en el estómago: pensé que se había producido algo que me angustiaba desde hacía tiempo: ¡¡okupas en mi barrio!!

Temblando, llegué al rellano esperando ver un desastre…  pero no… todo estaba normal…  lo que tampoco me tranquilizó.

Sigilosamente abrí la puerta y, por sorpresa, alguien me abrazó fuertemente. —¡Hola papá, perdona que no te avisé… pero ya no aguantaba más el frío de Hamburgo!

Como dijo Churchill: «pasé más de la mitad de mi vida preocupándome por cosas que jamás sucedieron».

 

SOY UN GNOMO, de Jerónimo Hernández de Castro.

«La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera». La adivina acariciaba con suavidad su bola de cristal. El silencio en el oscuro salón apenas se rompía por el susurro de su voz y el tintineo metálico de sus pulseras.

Frente a ella, el nervioso hombrecillo pelirrojo apretaba su gorro puntiagudo entre las manos, con el temor de ser descubierto. Incapaz de confesar sus sentimientos a su interlocutora, había acudido a ella como cliente, preguntándole cuándo encontraría el amor.

La pitonisa de sus sueños ajena a todo y a punto de entrar en trance musitó:

—Espera, la bola está diciéndome algo

 

ÚLTIMO CASO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. El detective Mekauen estaba intranquilo. El caso era demasiado fácil. Parecía evidente que el mendigo había saltado la verja, del Museo de Matemáticas, para robar el Ábaco Mágico. Pero no lo tenía en su poder. Sentía que podría errar por vez primera.

El Ábaco apareció en Marrakech, lejos de Elche. Lo tenía el hermano gemelo del mendigo. No pensó en ello. Tenía un hermano gemelo y ni siquiera lo había investigado.

Lejos de sentirse triste la felicidad inundó a Mekauen a sus setenta y dos años: «Ha llegado la hora de jubilarme y dejar paso a la siguiente generación».

 

UN BUITRE LEONADO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Estaba haciendo escalada en la pared de una montaña muy peligrosa. Yo sólo. Una vez más. Resbalé.

Estaba colgado de unas rocas, pendiendo de mi ropa, con el abismo a mis pies. No podía moverme o caería. No me quedaba ni comida ni agua. Después de seis días en este estado solo quiero la muerte. No puedo más.

Un buitre leonado se acerca. Planeando con majestuosidad se posa a mi lado. Comienza a desgarrar mi ropa. La felicidad irrumpe en mi interior. Al romperse mi unión con las rocas caigo hacia abajo con una sonrisa en m… Plaf.

 

UN ECO A DESTIEMPO INDESCIFRABLE, de María Bastida Nova.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera, pero no siempre es así. Una vez, escuché lo que parecía un pájaro golpeando con su pico la ventana. Pensé que sería fruto de mi exagerada imaginación, pues no vi nada. Únicamente, a un peatón que cruzaba distraído la calle con el semáforo en rojo. Me sobrecogió ver cómo un vehículo lo arroyaba. Más tarde, el desconocido me habló en sueños. Al otro lado, el tiempo no rige igual. Esos golpecitos eran su forma de contactar conmigo. Me suplicaba que lo alertara. A gritos, como fuera, para evitar la desgracia. Ahora, cada vez que escucho ruidos, me pongo a temblar.

 

UNA HISTORIA VERÍDICA, de Paquita Márquez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. El día que don Jesús soñó con aquel número concreto, se gastó una fortuna en lotería navideña con ese número. Faltaban meses para Navidad, pero se las ingenió para conseguirla. Y aquel número fue el segundo premio de la lotería. Una lluvia de millones inundó de felicidad a la familia. Pero pronto aparecieron las envidias, las avaricias… Todos, familiares y amigos querían mucho más de lo que don Jesús les daba. Sus amigos se apartaron de él, sus hijos lo repudiaron y su mujer lo abandonó. Don José enfermó de soledad, y al poco tiempo murió rico y solo.

 

UNA PÍCARA JUGADA, de Marcelo Celave Villar.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Doy fe. Desde que tengo uso de razón, tía Enriqueta deseó la muerte de tío Abel, quince años mayor, egoísta y avaro. Un día tía Enriqueta encontró un cofre en un hueco disimulado del desván. Ahí escondía sus ahorros el mezquino, quien rutinariamente iba a contemplar su riqueza. A la mañana siguiente, al ver el hueco vacío sufrió un ataque cardíaco y cayó fulminado. Increíblemente, tía Enriqueta pasó a sufrir el peso de la desgracia que tanto había deseado y víctima de su pena murió. Yo, simple espectador que pícaramente escondí el cofre aquel día, heredé todo de manera «inesperada».

 

¿Y SI…?, de Raquel Zaragoza Durá.

«La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera». Aquel día, Marta caminaba por el aeropuerto esperando a su cita a ciegas. Estaba deseando conocer al piloto, pero la incertidumbre rondaba por su cabeza:

–¿Y si no le gustan las pelirrojas? ¡Jo, debería haberme cambiado el color!

–¿Y si él no quiere ser padre? ¡Yo quiero tener hijos!

–¿Y si el avión sufre un accidente y no llega nunca? ¡Dios mío, qué desgracia!

–¿Y si no soporta mis crisis de ansiedad? ¡Me muero solo de pensarlo!

Efectivamente, tal como ella esperaba, la desgracia llegó:  Marta sufrió un infarto justo antes de que el piloto aterrizara.

 

CADENAS DE CRISTAL, de Paquita Márquez.

La felicidad siempre llega de forma inesperada y la desgracia cuando se la espera. Tú fuiste mi felicidad, pero sabía lo difícil que sería hacerla duradera. No sé si fueron los rumores los que te asustaron, o ese brillo nuevo que tu marido descubrió en tus ojos, o quizá el remordimiento por nuestro pecado.

Hoy he vuelto sin ti a nuestro refugio, junto al cedro donde grabamos nuestros nombres y he rezado para que vuelvas a mí y para que Dios nos perdone.

Suenan campanas, es la hora de la misa y echo a correr llorando y angustiado porque no sé lo que puedo decir hoy en el sermón.

 

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