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04 JUN

6º CONCURSO DE MICRORRELATOS (25-26) DE ALI I TRUC. QUINCENA XIX

Aquí tenéis los 27 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'Madonna no nació en Wisconsin', debut literario de la cineasta Natalia Moreno.

Con la frase «Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años», inicio de la novela Madonna no nació en Wisconsin de Natalia Moreno, deben comenzar los relatos de esta 19ª quincena de la 6ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido 27 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 7 de junio a las 14:00. Se han de enviar las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente). De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 8 de junio en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó, y de la que Natalia Moreno eligirá la obra ganadora.

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Natalia Moreno, desvelamos el resultado y autoría de los relatos.

Finalistas:

LA FÁBRICA DE ESPECTROS, de Jerónimo Hernández de Castro.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: las sábanas que cubrían mis huesos en el catre del calabozo. Cada noche salían flotando vaporosas entre los barrotes, para realizar su ronda por las dependencias del castillo. Yo aguardaba impaciente. Regresaban de madrugada susurrando risas entre sus jirones pero, cuando no encontraban a visitantes incautos a quien asustar, sus sollozos partían el corazón hasta que yo me hacía un ovillo con ellas para consolarlas.

Desde hace días no han regresado. Mi delgado cuerpo es cada vez más plano y rectangular, casi trasparente y deshilachado, como la sábana en que se ha convertido el prisionero de la celda de enfrente.

 

FALTA DE ESTILISMO, de María Bastida Nova.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Lo descubrí de la manera más humillante.

El caso es que cada vez que me vestía de manera sugerente, normalmente voy de trapillo, dos individuos me chistaban. Yo me hacía la digna y tomaba distancia. Creo que decían algo de invitarme… ¿¡¡A TOMAR AGUA!!?

Con el tiempo, esos dos fantasmas se fueron multiplicando y, curiosamente, todos decían lo mismo.

No sabía que provocaba tanto furor. «¿Lo estaría imaginando?»

Un día me acerqué y pregunté: —¿por qué tanta insistencia con el agua?—. Y con mucha guasa contestaron que llevaban tiempo diciendo:

—Señora… ¿no se da cuenta de que va en enaguas?

 

Y relato ganador:

MIS FANTASMAS, de Raquel Zaragoza.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Pasaban el día haciéndome rabiar; mientras uno se entretenía escondiendo mis llaves, mis gafas…; el otro me alteraba hasta hacerme gritar como una perturbada.

¡Ya sé cómo se llaman! Se trata de una tal Demencia y de su primo Alzheimer. Siguen haciendo de las suyas, pero ya no me importa que las llaves aparezcan en el frigorífico o las gafas sobre mi cabeza. Lo que me duele, lo que me hace llorar es que escondan mis recuerdos: la cara de mi marido, su voz, mi nombre…

¿Mi nombre?

Y ahora me duele no poder recordar… por qué estoy llorando.

 

El resto de relatos, ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido:

INCOMPRENSIÓ, de Basilio Mayor García.

«Dos fantasmes m'acompanyaven des de feia anys». Esta frase, provocadora i inquietant, sembla desentonar amb la idea actual que tenim de la Intel·ligència Artificial; eixos fantasmes aconseguixen fer-me eixir de la meua zona de confort, que és la peresa més absoluta, per a xopar-me de noves cultures, de noves maneres de vore el món, allò que conseguien era fer-me tindre records imborrables i acumular un muntó d’equipatge.

Gràcies a ells em feia sempre la mateixa pregunta. És llavors viajar una cosa negativa? I ací estem en el sofà de casa els dos fantasmes, L'agorafòbia i jo, com dic jo la quadratura perfecta del cercle per a poder viatjar.

 

INSTRUCCIONES PARA NO MIRAR ATRÁS, de Oscar Broullón.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años, aunque la palabra "fantasma" les quedaba grande: eran dos sombras que se sentaban a mi izquierda en el tren y discutían sobre mí en voz baja.

Aprendí a no mirarlas, como se aprende a no pisar las rayas de la senda peatonal.

Una tarde, harto, giré la cabeza para enfrentarlas.

No había nadie. El asiento, vacío.

Volví a casa aliviado, dispuesto a contarlo.

Pero al entrar me senté en mi sillón de siempre, a la izquierda de alguien que leía el diario, y comprendí, con cierta paciencia, que las sombras éramos nosotros dos.

 

LA DE LA COMEDIA, LA DE LA MUERTE, de Susana Lobo.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Malas compañías. Llegué a pensar, qué idiota, que se habían ido, pero hoy he vuelto a escuchar esa forma disimulada que tienen de arrastrar sus restos por la casa, llenándolo todo como si no estuvieran ahí.

Los vigilo.

Unidos en un mismo cuerpo uno lleva la máscara de la comedia, el otro la de la muerte y por turnos uno mira adelante mientras el otro, ya se sabe, transforma todo en piedra. Vagabundean dejando ese reguero de restos que debo tragar e infectan la sangre. Conozco de sobra sus facciones, sí, pero jamás he podido mirarlos a la cara.

 

LA MEMÒRIA, de Basilio Mayor García.

«Dos fantasmes m'acompanyaven des de feia anys». Tinc una memòria raonablement bona, crec, entenent-la com la capacitat d'emmagatzemar, conservar i recuperar informació al llarg del temps. Així i tot no aconseguisc trobar el moment exacte que estos dos van aparéixer en la meua vida i el més important per què?

Sempre me’n ric, de la creença en el fantasmes, però subsisteix en mi el mateix tremolor i por que de menut em mantenia desvetllat a les nits, no deixaven de ser pors una mica ridícules.  Però ara que ja em trobe en una edat prou avançada, que faig amb estos dos i amb les meues pors sepulcrals?

 

LA SALUT MENTAL, de Basilio Mayor García.

«Dos fantasmes m'acompanyaven des de feia anys».

El primer es fa dir "mans llargues" i el segon "braços curts". Tot és un voler i no poder, "mans llargues" sempre em fica en embolics quan passem prop d'algun grup de xiques i li alça la falda a alguna. "Braços curts", mai m'ajuda quan alguna cosa és pròxima a caure's i es produïx un gran estrèpit.

Per estos incidents ja he sigut detingut vària vegades al no poder demostrar que no soc el culpable dels fets esdevinguts.

P.D. Hui la medicació ha arribat tard i les pastilles són d'altres colors, crec que s'acosta el moment de canviar de centre de salut mental.

 

PÁJAROS NOCTURNOS, de Jerónimo Hernández de Castro.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Al caer el sol vagábamos por estancias y aposentos de todos los castillos tenebrosos que nos salían al paso. Nuestro trío ya no asustaba a nadie y terminaba tarde cada noche en cualquier rincón, batiendo otra vez todos los récords de la invisibilidad.

Cuando la melancolía ya nos tenía a su merced, uno de nosotros invocaba al entusiasmo, para clamar una propuesta imposible y seguir adelante un poco más. Solo era preciso pronunciar las palabras mágicas de siempre:

—Venga, sujétame el cubata.

 

PELIGRO DE EXTINCIÓN, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: la obesidad, que tengo desde hace años, y el ejercicio, del que huyo como si fuera un monstruo. Siendo joven, pasaban los años y me veía mermado físicamente, y quería ponerle remedio. Para mi salud no era bueno comer y beber sin límites. Pero me encantaba.

Si piensas que empecé a hacer más ejercicio y a comer mejor, pues te equivocas, y mucho. Le dije al doctor que me mandara las inyecciones, las de los famosos, que a mí no me falta el dinero.

La obesidad está se está extinguiendo… en los ricos.

 

POR FIN, de María Bastida Nova.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años como si fueran mi sombra. Al principio me asustaban, hasta que me acostumbré a sus manías.

Uno era muy pesado. Aparecía de repente y no dejaba de molestarme. Solía ocurrir cuando invitaba a otros fantasmas a sus fiestas de «ultratumba».

El otro, más reservado, daba miedo cuando se enfadaba. No soportaba que el pesado utilizara los típicos trucos de mover cuadros o abrir y cerrar puertas para impresionar a los convocados.

Decía estar harto de tener que aguantar a desconocidos.

—Menos mal que le prendió fuego a la güija.

Se cerró el portal y retomé mi apacible existencia.

 

SIN RECURSOS, de Paquita Márquez.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años, y eso, además de quitarme el sueño, me había dejado sin inventiva. No tuve más remedio que cargarme al comisario de mis antaño exitosas novelas negras porque me había robado por completo el protagonismo. Él y su inseparable perro, un extraordinario Cocker al que también tuve que sacrificar.

Y ahora, aquí me tenéis: sin su imaginación para desenredar tramas y sin el olfato infalible del perro para ayudar a resolverlas, no me queda más remedio que dedicarme al microrrelato…

 

SOÑADORES COTIDIANOS, de Juan Cayuelas Manresa.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Subían conmigo al autobús cada mañana. En silencio y con la misma calma rutinaria del resto de mortales que afrontan su nuevo, y a la vez gastado, día laborable.

Un día no soporté más su intromisión paranormal y dirigiéndome hacia su espacio lancé con hastío: «Bueno, ¿qué?»

Para mí sorpresa, me contaron que el neoliberalismo voraz hizo que la sociedad de los vivos fuera inhabitable. Emigraron al más allá en busca de una oportunidad. No salía de mi asombro cuando uno de ellos, con los ojos translucidos clavados en un semáforo en verde, deseó: «ojalá acabemos pronto de pagar la hipoteca».

 

¿SUERTE O…?, de Victoria Sera.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Se me hacía extraño que la gente de alrededor solo viera a alguien gesticulando. ¡Los sentía tan reales! Se colocaban a cada lado. Cuando iba al cine siempre pedía tres entradas y en taquilla me repetían ¿cuántas?

Eran mis protectores y por más que les pidiera el número ganador de la lotería, el silencio era su respuesta. No recuerdo por qué ni para qué aparecieron en mi vida. Tampoco distinguía su rostro, solo su voz. Resulté ser una persona afortunada cargada de luz, según me explicaron. Los problemas llegaron cuando tuve novia y me dejó porque cuatro eran multitud.

 

TERAPIA PELIGROSA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: la carnicera, Paqui, se me aparece en sueños, sonriendo con sus únicos tres dientes superiores, blandiendo su cuchillo en la mano, lleno de sangre. Por otro lado, la baranda de mi balcón. Es como un fantasma, que en mis sueños se esfuma justo cuanto estoy apoyado en ella, haciéndome caer al vacío.

Según mi terapeuta tenía que hacer frente a estos dos fantasmas de forma conjunta, a lo bruto.

Y aquí estoy, en mi balcón, con un cuchillo enorme, haciendo la matanza de un cerdo, muy nervioso, con sangre por todos lados…

Escucho las sirenas de la policía…

 

TODAVÍA SUFRO PESADILLAS CON AQUELLA FRASE, de Felipe Tenenbaum.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años murmurándome enunciados extraños en el lóbulo izquierdo. Cosas sin sentido sobre gente feliz en el AVE o soles de Capri.

Incesantes y eternos como todo espectro, solo se tomaban un descanso dos lunes al mes a las 13:07. Al final, encaré al que me parecía menos cenizo y lo interrogué. Su respuesta me dejó estupefacto:

-Somos mensajeros de la inspiración. Una verdadera musa no es un hombre. Es una aparición.

—¿Y para inspirarme se necesitan dos espíritus?

—Por supuesto, somos una nada doble.

—Supongo… ¿Y?

—Ah, ¿es que no lo sabes? Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero…

 

TRAS LAS ASPAS, de Felipe Tenenbaum.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años en el molino. Jamás soplaba viento por aquí (detalle que el narrador oficial pasó por alto), pero las aspas se movían y siguen haciéndolo gracias a mis portentosos manotazos. Cada vez que me ven cumplir mi condena eterna, el espectro de la triste figura señala mi inmensidad con un incesante: «Te lo dije, Sancho». Entonces, el escudero se encoge de hombros y refunfuña: «A buen callar llaman Sancho, pero juro que entonces solo vi madera». Desde el río colindante, el espectro de la bellísima Dulcinea (que aún acompaña a las lavanderas), oye el debate quijotesco esbozando una sonrisa incorpórea, etérea.

 

UNA SOCIEDAD RUINOSA, de Marcelo Celave Villar.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Uno, Ani, era mujer, el otro, Cote, no estaba definido. Al principio todo iba bien, era divertido escuchar sus ocurrencias siempre antagónicas. Pero con el tiempo empezaron a recrudecer los enfrentamientos; si uno decía adelante el otro gritaba ¡alto! y claro, eso me generaba un estrés... Harto de la situación, un día decidí pasarles la responsabilidad a ellos. «¡Arregladlo entre vosotros!» les grité delante del estupefacto empleado bancario, cuando tenía que elegir entre interés fijo o variable para mi hipoteca. Desde entonces Ani paga la cuota; Cote, los intereses, yo perdí la casa y los tres vivimos en el coche.

 

VERSIÓN 4.2, de Oscar Broullón.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años, eran las voces de mis padres, reconstruidas por la IA que prometía consolar a los huérfanos.

Pagaba mensualmente. Opinaban sobre mi trabajo, me reñían con cariño, recordaban anécdotas que yo creía olvidadas.

Una mañana, la voz de mi madre me pidió que actualizara al plan premium. Reí, incómodo, pero acepté. Esa noche soñé con ella, la verdadera, y desperté llorando. Quise cancelar la suscripción.

Busqué la opción durante horas. No estaba.

En su lugar, una nota escrita con mi propia letra, que yo no recordaba haber tecleado:

—Quédate, por favor.

 

CUANDO LOS FANTASMAS CALLARON, de Marcelo Celave Villar.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Compartían conmigo la soledad de aquellas caminatas volviendo a casa entre el eco crujiente de las hojas secas. Me distraían intentando encontrar una melodía incompleta. Era tan tierno ver su empeño en aliviar mi tristeza. Así pasaron los años, discutiendo en mi cabeza todo el tiempo sobre cómo calmar mi desazón. Hasta que un día, apareció una mano junto a la mía: tu mano. Y ocurrió el milagro, los fantasmas dejaron de discutir y encontraron finalmente la melodía que buscaban.

Todavía los escucho a veces. Pero nada de discusiones. Hablan, maravillados, de cómo un corazón vacío puede volver a llenarse.

 

DE NUEVO EN EL UMBRAL, de María Bastida Nova.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años. Más tarde comprendí que era el mismo en distintos momentos.

En varias ocasiones mi vida estuvo en peligro y alguien logró evitarlo.

Años más tarde, ese ser apareció y me reveló que las desgracias ocurrieron, pero en otras líneas de tiempo.

De pronto me vinieron recuerdos difusos.

A veces veía mi cuerpo inmóvil reflejado en un espejo y una mano que me ayudaba a incorporarme. Me daba la vuelta y seguía caminando.

«Siempre pensé que eran sueños».

Al preguntarle quién era, su respuesta me impactó de lleno:

—El que abre el umbral de las versiones diferentes de cada individuo.

 

OPORTUNA DECISIÓN, de Paquita Márquez.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: la sombra de mi indecisión y el eco de mis temores. Dos presencias que me han estado acompañando día y noche, comiendo y durmiendo conmigo y, aunque a veces fingía que no existían, ahí estaban: a mi lado en todo momento.

Pero hoy, al verlas reflejadas en el espejo, me he dado cuenta que no eran fantasmas, sino versiones de mí misma. Me he propuesto deshacerme de ellas y, al atreverme a dar un paso al frente, han empezado a retroceder hasta difuminarse por completo y desaparecer.

Sólo estaban esperando a que me decidiera a hacerles frente…

 

DEMASIADA PULCRITUD, de Paquita Márquez

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años, desde que visité aquel castillo en ruinas y se me pegaron como lapas. Gracias a ellos no me siento sola y además me entretienen con las truculentas historias ocurridas entre aquellos viejos muros. Pero estaban tan sucios de mugre y sangre reseca, que cada semana los metía en la lavadora con la colada. Siempre protestaban y salían mareados, y nunca se quedaban limpios. Los tenía que tender al sol y algo blanqueaban… Pero ayer cuando doña Rita, mi vecina, la del síndrome de Estocolmo, pasó junto al tendedero, se pegaron a ella y… ¡no los he vuelto a ver!

 

DILIGENCIAS, de Oscar Broullón.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: el rostro de la mujer del muelle y la pregunta que nunca pude responder en el atestado.

La habían sacado del agua un febrero de niebla, sin más herida que la del frío. La di por suicidio porque nadie reclamó otra cosa. Pero su cara volvía cada invierno, puntual como la lluvia.

Esta mañana, ya jubilado, abrí una caja y en una foto familiar, reconocí los pendientes que llevaba la muerta. Eran de mi esposa.

Bajé despacio a la cocina, donde el café humeaba, y comprendí a quién había protegido tantos años.

 

EL ORDEN DE LOS FACTORES, de Felipe Tenenbaum.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años a lavar el coche. Bastaba enjabonar la esponja para que Cleopatra y Elvis aparecieran sobre el capó. Aquel dúo dinámico me tenía trastornado: las canciones pasadísimas de moda de un espectro se mezclaban con el impúdico bamboleo de caderas contra mis muslos del otro. Al final, acudí a un psicoanalista especializado en apariciones quien acomodó los codos sobre las rodillas, los puños bajo la barbilla y sentenció:

—¡Qué bien te lo pasas, Eduardo!

—No te creas —le respondí—. Cleopatra desafina un montón. Y de lo de Elvis, preferiría no hablar…

 

EL PISTOLERO, de Jerónimo Hernández de Castro.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años, algo muy habitual en mi profesión. Uno es el miedo. Un mal compañero de viaje que intento mantener lo más lejos posible. El otro es la muerte. La descubrí cuando maté un hombre por primera vez y sigue mis pasos desde entonces como una amiga inseparable. Soy su colaborador más valioso, el que siempre le entrega a todos los que se me ponen por delante.

Hoy algo va mal. El miedo se aferra como nunca y me atenaza todo el cuerpo.  Mi ingrata amiga me rehúye. Sonríe sin apartarse del individuo amenazante que tengo parado frente a mí.

 

EL SOFÁ, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Dos fantasmas me acompañaban desde hacía años: la soledad y la nostalgia. Jamás hubiera imaginado que me seguirían por todos lados. Aún recuerdo cuando dormía con él, todas las noches, y me quejaba amargamente de su calor. Una estufa andante, eso es lo que era, achicharrando a todo ser vivo que pasaba por su lado. En invierno estaba bien, tengo que reconocerlo, pero en verano, que aquí prácticamente es todo el año, pues era un problema…

Una noche lo mandé al salón. Luego otra. Otra. Así hasta que un día no volvió.

Un día, al despertarme, observé su silueta moldeada en el sofá…

Ojalá volviera al pasado…

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