Con la frase «Pensaron en ser aristotélicos», inicio de la novela La chica más lista que conozco, deben comenzar los relatos de esta 15ª quincena de la 6ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido 24 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 12 de abril a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente). De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 13 de abril en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, publicamos autoría de los relatos y podio.
En el tercer escalón del podio, con 4 puntos, tenemos:
JAMÁS CAMBIARÉ, de Felipe Tenenbaum
–Pensaron en ser aristotélicos y lo fueron durante su lenta expansión por todo el tablero filosófico. Avanzaban, menesterosos. Casi, ignorantes. Pero hermanados por su modesta alcurnia. Humildes pero unidos; inseparables. Conquistando escaque a escaque las migajas de conocimiento que las demás piezas ninguneaban. Avanzando poco a poco entre nobles torres cartesianas, presumidos alfiles nietzscheanos y creídas damas heideggereanas. Juraron que se mantendrían siempre juntos y fieles a las bases clásicas del conocimiento. Sin embargo, al final de la partida uno de aquellos peones sucumbió ante los vanos cantos de sirena de la portentosa filosofía moderna.
–¿Se lo comieron?
–Peor. Llegó al final del tablero.
JUGANDO A SER ARISTOTÉLICOS, por Victoria Sera.
Pensaron en ser aristotélicos tras acudir a unas jornadas.
¡Aristóteles su héroe!
El compromiso con esta corriente era tener una lógica empírica.
Sentados en mitad de la plaza observaron a los viandantes. Pero no les venía inspiración.
Plantearon la Teoría de las Cuatro Causas pero, el descargar y cargar furgonetas de bebida para los bares era siempre igual: la eficiencia diversa y la finalidad muy fácil; acabar y marcharse huyendo de los pitidos de los coches interrumpiendo el tránsito.
En la ética de la virtud se preguntaron ¡qué demonios estaban haciendo si lo que más les importaba era ir a la bolera!
En el segundo escalón, con 5 puntos:
SORPRENDENTEMENTE LIBERADOR, de Desideria Expósito.
Pensaron en ser aristotélicos y medir cada decisión con la exactitud de un filósofo: los yogures de la nevera fueron clasificados por virtud, el gato evaluado en nobleza y pereza, y el café servido en proporciones de moderación. Cada paso se convirtió en dilema ético, desde cruzar la calle hasta mirar al vecino con sospecha filosófica. En el supermercado debatieron si las galletas eran exceso de placer o ejercicio de templanza, y al final olvidaron la lista, dejando el carrito vacío. Rieron tanto que comprendieron que vivir según Aristóteles podía ser absurdo, hilarante y, sorprendentemente, liberador
CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN, de Paquita Márquez
—Pensaron en ser aristotélicos y…
—Perdona, ¿y qué quiere decir eso, que tenemos que ser consecuentes con lo que se espera de nosotros y de nuestras cosas?
—Más o menos…
—Pues mira, no estoy de acuerdo. Según esa teoría, yo debería tratar de que las bellotas de mis encinares se convirtieran en encinas, pero yo prefiero que se transformen en esa deliciosa grasa infiltrada en las fibras musculares de mis cerdos ibéricos… y que la única consecuencia aristotélica sea el placer que produzcan en las papilas gustativas de quienes degusten nuestros exquisitos jamones Cinco Jotas… ¡Y al empirismo aristotélico que le den morcilla!
ESDRÚJULAS ENAMORADAS, de Jerónimo Hernández de Castro
Pensaron en ser aristotélicos una vez superada su fase platónica, pero se entregaron a lo empírico moviéndose entre la pasión tórrida y la afectividad íntima. Entonces, creyeron haber alcanzado el punto álgido y aparecieron las actitudes críticas sobre el destino de la relación.
Sus caminos divergieron. Ella permaneció en su estabilidad romántica y él siguió empeñado en perseguir el éxtasis, cada vez un poco más cerca de lo patético.
Finalista con 6 puntos:
FILOSOFÍA APLICADA, de María Bastida Nova.
Pensaron en ser aristotélicos y recuperar la felicidad perdida.
Poco a poco, y de forma silenciosa, se habían ido distanciando. Desayunar rápido; salir corriendo a la oficina; perderse entre montañas de preocupaciones.
Sin darse cuenta, esa conjunción de astros, que una vez hizo posible que sus caminos se entrelazaran, se estaba desmoronando. El egoísmo y la indiferencia, abrieron una brecha entre ellos. Necesitaban saber si aún seguía viva la llama.
Como era de esperar, la rutina y el desapego hicieron su trabajo.
Al mirarse, descubrieron que convivían con un extraño.
Por el bienestar de los dos, decidieron seguir cada uno por su lado.
Y ganador, con 6 puntos, deshecho el empate por Mayte Vilaseca:
LA FRASE PERFECTA, de Luis Coll
Pensaron en ser aristotélicos, cerró los ojos y meditó un instante la frase, pero finalmente concluyó que no la entendía. Ahora buscaba entre la minúscula letra de un libro que llevaba demasiado tiempo cerrado. Subrayó palabras sueltas, pero no se creyó capaz de ordenarlas. En su último intento ojeó, ya sin ganas, las hojas coloreadas de un cuento infantil y solo encontró su propia frustración. Resignado y sin haber encontrado la frase perfecta que adornara sus intenciones, le confesó, áspero y cobarde, que ya no la quería. Le ofreció un beso, que ella rechazó y sin despedirse se alejó caminando.
El resto de relatos, ordenados alfabéitcamente a partir del primero recibido son:
LA PREMISA DE SU DOLOR, de Desideria Expósito.
Pensaron en ser aristotélicos. Cansados del caos, de las discusiones que nacían en el corazón y morían en un portazo, decidieron aplicar la lógica. Clasificaron sus agravios en categorías: falacias *ad hominem*, generalizaciones apresuradas. Analizaron sus besos como meros estímulos físicos, una cadena observable de causas y efectos. Su amor, despojado de misterio, se volvió un silogismo predecible y gris. Pero una tarde, mientras llovía, ella lloró sin causa aparente. Él, en lugar de buscar la premisa de su dolor, simplemente la abrazó. Descubrieron que el alma, a veces, no en ende de lógica, sino de refugios
LA ÚLTIMA LIBRERÍA, de Oscar Broullón.
Pensaron en ser aristotélicos cuando el otoño de su amor llegó a su fin.
Ella guardó sus cartas en un cajón de cedro, él conservó un mechón de su cabello entre las páginas de un libro de poemas de amor.
Durante años, ambos creyeron que la distancia era sabiduría y que el silencio era virtud.
Ella murió en Viena, él en Buenos Aires, sin saber que cada domingo, durante cuarenta años, ambos habían visitado, a la misma hora, la misma librería de obras clásicas en París, separados apenas por una estantería que jamás cruzaron.
LLUVIA DE IDEAS, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Pensaron en ser aristotélicos reunidos bajo la lámpara del salón del castillo. Un sombrío plan se estaba fraguando entre los doce miembros de la orden de la Avaricia.
Proponían sus ideas para decidir cómo derrocar al rey.
El caballero Soberbio dijo:
—Somos demasiados para la repartición.
Y el caballero Suspicaz le clavó la espada por la espalda. Después dijo:
—Uno menos.
Y el caballero Ambicioso le rebanó el cuello desde su izquierda. Dándose cuenta todos de que cuantos menos, mayor recompensa, fueron matándose todos.
Cesó el ruido. El rey entró en la sala con su bufón, y éste último le dijo:
—Por esto no había ninguna necesidad de molestarlos, su majestad.
MEJOR, EN TEORÍA, Esperanza Tirado Jiménez
Pensaron en ser aristotélicos, preguntándose por todo, por las causas finales y por las razones de cuanto se encontraban a su paso.
Pronto descubrieron que aquella aventura les resultaba agotadora: Eran demasiadas las preguntas para sus sesudas pero añosas mentes, y excesivas las respuestas que requerían un exigente esfuerzo para sus ajados cuerpos.
Así que renunciaron. Se acomodaron a los titulares de fuente enorme y a las fake news bien masticadas.
Dejaron que otros, más ingenuos, siguieran buscando ‘La Verdad’.
Ellos, mientras tanto, continuaron fluyendo. Como el agua.
ORGULLO Y VANIDAD, Raquel Zaragoza Durá
Pensaron en ser aristotélicos como Aristo, un famoso «influencer» que atraía a millones de adeptos a su blog. Grababa contenido filosófico, mirando a la cámara como si lo hiciera directamente a los ojos de sus seguidores; eso les cautivaba. Proclamaba que la felicidad no dependía del aplauso recibido sino del logro personal.
Hasta que un día, pendiente de su éxito, dejó de dormir. Apenas subía un vídeo, empezaban a lloverle «likes». Estaba tan orgulloso que empezó a grabar mirándose a la cámara, como si fuera un espejo. Aquellos vídeos fueron un fracaso. Aristo buscó el problema en el contenido…, pero estaba en su vanidad.
PHYSIS, ETHOS Y LOGOS de Carmen Carratalá
Pensaron en ser aristotélicos, pero se arrepintieron muy rápido y decidieron por unanimidad que ese día no escucharían a la profesora. Sentían que eran capaces por naturaleza y no necesitaban nuevos aprendizajes. Pensaban que el hábito no importaba y dejaron caer los bolígrafos. No entendían la función del aprendizaje, por lo que cerraron los libros.
RESISTENCIA QUIJOTESCA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
Pensaron en ser aristotélicos, pero sin dejar de beber vino. Aseguraban que Aristóteles también lo bebía.
¾No se emborrachen, que hay que salvar el Mundo.
¾Tranquilo Eustaquio, que estamos en Valdepeñas.
¾En un lugar de la Mancha se empieza…
¾Gran parte de la población se ha alistado en el ejército de Consuegra, para evitar la destrucción de más viñas. Por ello, hemos aprobado en el pleno, sumarnos a la resistencia, desde los molinos, y tú serás el camillero.
¾¿Camillero? Pero si soy cojo.
¾Por ello esquivaras mejor las balas…
—Bien, —dijo la profesora mientras se quitaba las gafas y las dejaba sobre la mesa—, puesto que ya sois perfectos, mi presencia aquí debe ser un error. Espero que vuestra propia naturaleza os abra la puerta después. Yo me llevo la llave.
ROMPER EL HIELO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Pensaron en ser aristotélicos gobernando, pero ninguno pensó que tenían que hablarse. Allí estábamos los siete elegidos del pueblo. Todos tenían viejas rencillas entre ellos menos yo.
Se sorprendieron al ver un bloque de hielo en el medio de la sala. Pero aún más cuando me observaron bajarme los pantalones. Puse el culo apuntando al bloque de hielo. Encendí el soplete. Los tres platos de fabada ingerida hicieron el resto. La llama derritió el bloque. Ahora se leía un cartel metálico: EQUIPO.
Después de la risa llegaron los abrazos y reconciliaciones. Yo acabé en el hospital. Pero mereció la pena. Funcionó.
VIRTUD OBSESIVA, de María Bastida Nova.
Pensaron en ser aristotélico y yo también puse en práctica esa filosofía.
No funcionó como esperaba, me pasé de virtuoso.
Quise ser feliz olvidando los agravios, y me ignoraron. Presté ayuda sin que me la pidieran, y me sentí rechazado. Tal vez podría vivir sin ser materialista, y sí, lo conseguí, aunque no fue fácil. Traté de superar el miedo, encerrado en mi castillo. Me propuse controlar el hambre, y adelgacé más de lo que pensaba. No logré vencer el sueño, me dormí sin darme cuenta.
Cuando decidí abandonar aquella cruzada, después de ¡No sé cuánto tiempo! No pude moverme… ¡Ya estaba muerto!
ADAPTACIONES, de Paquita Márquez
Pensaron en ser aristotélicos, epicúreos y dominar el mundo, no tanto con la lógica como buscando unas buenas inversiones para la cuantiosa fortuna de su compañero, algo rarillo, sí: de color verde y ojos saltones, pero con unas antenitas que cambiaban de tamaño y grosor según las necesidades, y que ella, siguiendo la corriente epicúrea, terminó por agradecer con entusiasmo… Lo único que llevaba mal era el cambio de color. Todo iba adquiriendo una tonalidad tan verde que, en lugar de echar espinacas al potaje, casi capuza a su bichón maltés en la cazuela, a la sazón de un verde camuflaje bastante desconcertante…
BENDITA ECONOMÍA, de Oscar Broullón.
Pensaron en ser aristotélicos los ingenieros de Empatía S.A. cuando diseñaron el chip que sintetiza emociones auténticas.
"Moderación en todo", rezaba el manual.
Los usuarios programaban alegrías matutinas de 20 minutos y 5 de tristezas vespertinas.
Elena llevaba tres años con su dosis perfecta hasta que, revisando archivos antiguos, descubrió que el amor por su esposo era una suscripción que se renovaba automáticamente cada mes.
Lo peor fue cuando el algoritmo le reveló que él había cancelado la suya hacía dieciocho meses, pero seguía fingiendo tenerla activa por economía doméstica.
COGITO ERGO SUM, de Felipe Tenenbaum
–Pensaron en ser aristotélicos y lo fueron hasta la médula. Tan hilemorfistas y sabios (mientras excavaban infinitos túneles y galerías), que ninguna hormiga sofista se atrevía a cuestionarlos en demasía. Tal vez y entre susurros de miedo, creyeron oír cuestionamientos sobre su propia esencia. Nada muy importante para semejantes eminencias filosóficas.
–¿Y después?
–Cuando los minichupacabras zombies se aburrieron de asolar los terrenos de las hormigas con su volátil e imposible presencia aristotélica, pensaron en seguir a Descartes.
–¿Y luego de pensar?
–Consiguieron por fin su objetivo: existieron.
DE ARISTÓTELES AL METROPOLITANO EN TRES CAFÉS Y DOS CHUPITOS, Esperanza Tirado Jiménez
Pensaron en ser aristotélicos, también barajaron la idea de hacerse socios del Atleti…
La tormenta de ideas había brotado en una sobremesa larga, de esas en las que el café se enfría y el hielo de los chupitos se derrite. Entre risas muy sensatas debatían sobre la virtud, el término medio y la necesidad de equilibrar sus vidas.
Se cuestionaron qué armonía vital podrían lograr si apoyaban a un equipo capaz de regalar alegrías épicas y sufrimientos monumentales en cuestión de minutos.
Se quedaron en silencio, sonriendo.
Tropezaron con la certeza de que ser del Atleti era abrazar, con una suprema pasión, lo impredecible.
DE USOS MÚLTIPLES, de Paquita Márquez
Pensaron en ser aristotélicos, pero les duró poco. Ella estaba convencida de que la ducha debía ser sólo para ducharse, la mesa para comer… Todo así… Pero él se empeñaba en que todo podía servir para hacer otras cosas más divertidas… Y la cama… ¡Bueno, la cama! ¿Quién pensaba a estas alturas de la vida que la cama es para dormir y poquíííto más…? Pues sólo ella, que era una retrógrada mojigata reprimida. De modo que él decidió dejar de ser aristotélico y hacerse epicúreo con la ayuda de la vecinita del tercero, nada mojigata, y que estaba «de toma pan y moja»
DESCUBRIÓ LA LEY DE LA GRAVEDAD, MALPENSADOS, de Felipe Tenenbaum
Pensaron en ser aristotélicos. Primero Adán. Luego, Eva. Los dos tan elocuentes que la pobre serpiente que enseñaba filosofía presocrática junto al árbol divino, empezó a perder adeptos. Su último discípulo, el caracol, se fue dejando un lento río de baba y una sentencia lapidaria: «tus conceptos, hermana, están pasados de moda. Ya a ningún animal del paraíso le interesa buscar el arjé de todas las cosas».
Al día siguiente, la serpiente se deslizó, melancólica, bajo la sombra del manzano sagrado y meditó durante seis días y seis noches. Al séptimo, fue sacudida por una idea que cambiaría por siempre el orden celestial.
EL ARTE DE SIMULAR, de Oscar Broullón
Pensaron en ser aristotélicos y dominar el deseo con lógica.
Firmaron un contrato: ninguna expresión de cariño, ni una caricia, ni un beso.
Llevaban ocho meses de simulación perfecta. Hasta que una noche, en el balcón, con lluvia de fondo, él dijo:
—¿Qué pasaría si el fin justificara los medios… pero los medios se nos vuelven verdad? Se besaron y se amaron apasionadamente, ella destrozó el contrato y lo conminó a él a imitarla.
Entonces, él le confesó que no podía, ya lo había hecho la misma noche de firmarlo.
EL ORIGEN DE LA VIDA, de (Carmen Carratalá.
Pensaron en ser aristotélicos, aun careciendo de raciocinio. Eran bolsas de genes elementales a la deriva en un océano de azufre y su única certeza era el fango que los sostenía.
—¿Para qué ser, si somos solo residuo? —se preguntaron.
Un haz de luz recorrió de pronto sus membranas y el oxígeno los inundó.
Entendieron de pronto el fin último que justifica la asfixia. Ya no necesitaron entender su esencia porque por fin, podían verla.