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02 MAY

CONCURSO DE MICROS 23-24 DE ALI I TRUC. QUINCENA XV

Aquí tenéis los 22 relatos que empiezan con la frase «Iré a ver a papá, le dije», comienzo de la última novela de Sergio del Molino, "Los alemanes".

Con esta frase, inicio de la novela Los alemanes, de Sergio del Molino, deben comenzar los relatos de esta decimoquinta quincena de la tercera temporada del concurso de relatos de Ali iTruc con Onda Cero.

Hemos recibido un total de veintidós relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 3, 4 y 5 de mayo pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el próximo lunes 6 de mayo en Onda Cero Elche.

 

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resltado, desvelamos podio y autoría de cada uno de los relatos.

LA INTENCIÓN, de Maria Teresa Pérez.

Iré a ver a papá, le dije a mi hermana.

Esa era mi intención en aquel momento. Pero las cosas a veces se complican: todos vamos muy ocupados. Pasaron varias semanas sin poder acudir a ver a mi padre.

El tiempo pasa rápido, y no tienes la percepción de que un día para ti, es, una eternidad para una persona mayor que está sola. Tú, crees tener todo el tiempo del mundo; piensas, qué más da ir unos días antes o después. Pero lo cierto es, qué, él, no puede esperar eternamente.

Cuando decidí ir a verle…. Ya era tarde.

 

 

En segunda posición, con 11 puntos:

PADRE HAY UNO SOLO, de Américo Fojo.

Iré a ver a papá, —le dije a mi madre, colocándome la mantilla frente al espejo del salón. —¡Ni se te ocurra! —me contestó. —Ya sabes que no le gusta vernos a ninguna de nosotras, cuando oficia misa en la catedral.

 

Y relato ganador, con 13 puntos:

EL ACCIDENTE, de Raquel Zaragoza.

«Iré a ver a papá, le dije a mi madre». Un mes es demasiado tiempo para estar sin él. ¡Le extraño tanto! Echo de menos desde sus abrazos hasta sus múltiples regañinas.

─Cariño, tendrás que esperar a que venga él. Tú no puedes ir a la UCI ─me contestó con tristeza.

─Ya sé…, no quiere verme porque era yo quien conducía.

─No, Edith, no es por eso. Tú no tuviste la culpa. Verás, después de aquel terrible accidente, él…

─¡Habla, no te calles ahora! ¿Está muerto? Dime la verdad ─pregunté sollozando.

─La verdad es que papá está muy grave, pero sigue vivo. Nosotras no.

 

El resto de relatos:

EL HIJO ÚNICO, de José Luis Cuadrado.

Iré a ver a papá, le dije a mamá cuando me anunció el divorcio

No había nadie, pero en el escritorio vi un fragmento de sus memorias:

«(...)  recorrí su cuerpo con la pericia de un masajista enamorado. Liberé su pelo hasta dejarlo suelto, acaricié su cara y sus ojos se cerraron, desabotoné su camisa para palpar la belleza de sus incipientes senos. Su ombligo hizo que se acrecentara mi delicadeza, allí estaba el germen de una nueva vida que cuidaríamos como dioses guardianes durante nueve meses...»

Iré a ver a mamá, me dije.

 

EN DEFENSA PROPIA, de Isabel Núñez de Arenas.

Iré a ver a papá, le dije. Llevaré flores mamá ‒mentira piadosa pues vivo encerrado entre barrotes.

Nino, antes del trágico final, iba a todo tipo de saraos, siempre vestida con colores chillones, cuñas altas, pintarrajeá, pese a las injurias y golpes que le propinaba su puritano y cruel papá.

Berta, se atusó el pelo, alisó su vestido color negro y con mano temblorosa tomó el vaso de agua y el Tranquilicén habitual

La enfermera apagó el televisor, sin entender por qué esta mujer lloraba tan amargamente viendo la serie de «El travesti asesino».

 

EN LA AZOTEA, de Felipe Tenenbaum.

Iré a ver a papá, le dije y me arrojé al vacío.

 

INTERESES DIFERENTES, de Martina Arreanza.

Iré a ver a papá le dije a uno de mis dos hermanos.

No hace falta, ayer estuve con él y estaba perfecto. Llamé al otro, y me contestó lo mismo.

Nuestro padre tiene Alzheimer, no podrá estar mucho tiempo más sin ayuda. La última vez que acudí, estaba ausente y deteriorado; y aunque le preparo sus pastillas y tuppers para que coma; cuando llego lo tiene intacto y las pastillas tiradas por el suelo.

Tenemos que hacer algo hermanos.

Ya lo hicimos: sacamos todo de su cuenta corriente. Así no le robarán.

 

LA ESFINGE DE TEBAS NUNCA PIERDE DOS VECES SEGUIDAS, de Felipe Tenenbaum.

—Iré a ver a papá —le dije a la Esfinge luego de resolver su acertijo.

—Espera… —me respondió, lamiéndose las heridas—. Aún tengo otra adivinanza para ti.

¿Por qué no? La verdad es que me esperaba más de ella. Mira que preguntar por el animal que camina con cuatro, dos y tres patas. La respuesta salía en google a la primera.

—De acuerdo… te escucho.

—Límpiate bien los oídos y prepárate a sufrir, humano: es madre y abuela a la vez de sus propios hijos. ¿Cómo puede ser?

—Yo… estem… no sé…

—Me lo figuraba. Ya puedes irte, Edipo. Tu destino te espera.

 

LA GRAN DECISIÓN, de Marieta Nicolás.

Iré a ver a papá, le dije a su hermano Fede. Necesito su opinión.

¿Sobre qué?

He sido seleccionada para dos ofertas de trabajo muy diferentes y tentadoras ambas.

En una participaría como investigadora en memoria histórica. Esta me motiva por el calvario sufrido en nuestra familia, ya que nuestro bisabuelo, desapareció en la guerra.

A papá le haría ilusión.

La otra propuesta me apasiona, por ser una empresa innovadora de moda. Fomentaría el consumo y su necesidad. En fin, mi trabajo consistiría en promover la cultura del desecho, convirtiendo a la población en yonkies del derroche. Pero, ¡qué digo!

¿Dígame?

Papá, ¡Necesito contarte mi gran decisión!

 

LAS ROSAS DEL JARDÍN, de Ana Medina.

—Iré a ver a papá, le dije— Lo encontré en su viejo sillón mirando por la ventana el jardín, pensando tal vez, que sus rosas ya no estaban como cuando él las cuidaba. Nada era igual desde que ella se había ido dejándolo solo en esa vieja casona. Al darse vuelta para saludarme, vi las lágrimas correr por sus mejillas y una gran sonrisa que dibujaba su rostro. Al mirarme dijo ¡hola mamá!, te estaba esperando, ¿dónde has estado tanto tiempo? En ese momento comprendí que a él también lo había perdido para siempre.

 

PROMESAS, de Inmaculada Micó.

—Iré a ver a papá, le dije a mi hermano, a ver si me acompañaba y me volvió a contestar lo de siempre: que está muy ocupado.  Esto no es fácil para ninguno, y menos para papá.  Pero cada vez que voy a verlo me pregunta por él y ya no sé qué excusa inventarme. Sabe que no había otra solución. Desde que mamá murió está muy despistado. Si por lo menos fuera a visitarlo…

-No creo que vaya. Ayer estuvimos hablando y me dijo que no podría mirarlo a la cara porque fue él quien le prometió que nunca lo llevaría a un asilo.

 

SELECCIÓN NATURAL, de Francisco Eugenio Crespo.

Iré a ver a papá, le dije a mi madre. Frente a él llamé su atención y le miré a los ojos:

—¡Selena vendrá con nosotros!

—No es posible hijo mío. Dios no lo quiere. Seremos fieles.

—¡Pero papá, es mi novia!

—Tendrás otra oportunidad.

—¿Cómo?, ¿con mi madre?, ¿o con algún inmundo animal de los que has metido aquí dentro?

—No blasfemes tormentas, que ya se cierne una sobre nosotros... Elisea vendrá con nosotros, siendo tu futura esposa. Así lo quiere Dios.

Jafet salió enfadado del Arca.

—¿Noé, por qué te inventaste eso? —le dijo luego su esposa.

—Selena no me gustaba para nuestro hijo.

 

SIN AVISAR, de Inmaculada Micó.

Iré a ver a papá, le dije a mi hermano antes de aquel infausto día. Quiero darle una sorpresa. No lo veo desde mi separación. “Llámalo antes, no le gusta que nos presentemos sin avisar”, me recordó. Pero lo ignoré. ¡Maldita sea!

Tenía muchas ganas de verlo y contarle que había conocido a alguien. Él estuvo muy pendiente de nosotros en los momentos difíciles, aunque no sirvió de nada.

El día que llegué fui directo a su casa, llamé y, al abrir la puerta, allí estaba mi padre y la voz de mi ex de fondo que decía: “¿Quién es, querido?”

 

SIN PERDÓN, de Felipe Tenenbaum.

—Iré a ver a papá —le dije a Dimas a mi derecha—. Bueno, iremos… —me dirigí a Gestas a mi izquierda—. No debéis temer. Arrepentíos de vuestros pecados y todo será perdonado. ¿Tú qué has hecho Dimas?

—Robar. Tenía hambre.

—Serás perdonado. ¿Y tú, Gestas?

—Lo mismo que Dimas pero… por pura avaricia…

—También serás perdonado si te arrepientes sinceramente.

—Y deseé carnalmente a dos matronas romanas camino al Gólgota.

—Bueno…

—Y me escabullí en vuestra última cena y me bebí todo el vino.

—Te perdono.

—…y aseguré a viva voz que los microrrelatos son un género menor.

—Uffff. ¡Qué difícil me lo estás poniendo…!

 

SOLUCIONES DRÁSTICAS, de Mariam Vicente.

—Iré a ver a papá —le dije.

Me extrañó que no pusiera pegas, como en las últimas veces en que había acabado convenciéndome de que no fuera. Entre unas cosas y otras llevaba sin ver a mi padre seis meses.

Esta vez mi madre se encogió de hombros.

Cuando aparecí por casa me esperaba con una cafetera preparada y una sonrisa. Papá estaba en su sillón favorito, bien peinado y oliendo a colonia.

—Ahora se porta bien. Ya no me grita ni me insulta —dijo mi madre.

Yo estaba petrificado mirando la boca entreabierta de mi padre en la que asomaba el muñón de la lengua mutilada.

 

UN EXOESQUELETO PARA MI PADRE, de Marcelo Celave.

Iré a ver a papá, le dije a Julia mientras ajustaba el exoesqueleto. Por años, mi padre luchó vanamente contra la parálisis, pero hoy, todo cambiaría. Con el dispositivo, crucé el umbral del hospital, lágrimas de alegría surcaban mi rostro. En la habitación, mi padre miró con ojos de incredulidad y esperanza. Lentamente se puso de pie con la ayuda del exoesqueleto, ¡sus piernas muertas cobraban vida! Nos abrazamos en silencio. La promesa de un futuro sin limitaciones se hizo realidad. La pena fue, que apretó el botón que no debía y salió impulsado por el balcón de un sexto piso. No me dio tiempo a explicarle.

 

A PIE DE CALLE, de Paquita Márquez.

Iré a ver a papá—le dije tras nuestra charla—Haré que entre en razón, no te preocupes, mamá.

—¿Y qué le vas a decir?

—Pues eso, que ya no es el niño de mallas azules y slip rojo que se creía Supermán. Que con los trajes de ahora, tan ceñidos y extravagantes, más que un superhéroe, parece un escarabajo de enorme barriga metalizada. Que se deje de jugar a querer salvar al planeta de peligros imaginarios y que se ponga de una puñetera vez su cómoda indumentaria de barrendero, porque con sus ridículos disfraces, somos el hazmerreír del barrio…

 

APOCALIPSIS, de Francisco Eugenio Crespo.

Iré a ver a papá, le dije. Entonces me dirigí hacia fuera de la casa, y al abrir la puerta el panorama que observé fue increíble: Mi padre estaba clavado en la rama de un árbol, con la mirada perdida, perdiendo mucha sangre. La casa de los vecinos había desaparecido, sólo quedaban cenizas y humo. Dos coches estaban ardiendo en la calle, más allá del jardín, completamente arrasado. Helicópteros surcaban los cielos, con sirenas de fondo. Dos camiones del ejército pasaron enfrente de mí. Entré en casa, cerré la puerta, enchufé la playstation, y le dije a mi madre:

—¡Mamá, sal fuera que papá te llama!

 

COBARDÍA, de María Teresa Pérez.

Iré a ver a papá, le dije

—Quiero saber por qué se marchó de casa.

Mi madre muy triste me contestó que no valía la pena.

Él, siempre estaba muy ocupado, para qué molestarle.

—Pero yo quiero su versión. “le dije” —Solo conozco lo que tú me contaste.

Necesito saber algo más. Éramos felices. ¿Por qué? ¿Por qué se marchó así?

Mi madre se dio la vuelta y no me dio más respuesta.

Nunca llegué a ir a ver a mi padre. Pocas semanas después, nos llegó la noticia de su muerte.

Siempre llevé conmigo la culpa de mi cobardía, por no ser capaz de ir y hablar con él.

 

CONTRATIEMPO, de Margarita González.

Iré a ver a papa, le dije, le contaré toda la verdad, ahora sí me importa el compartir contigo su fortuna.

El cree que eres su hijo, pero no es así, lo sabes desde aquella noche; nuestras madres discutieron ante nosotros y nos mostraron los análisis de ADN.

Vosotros dos solo buscáis el dinero de papá y no lo tendréis; me da igual que lo done todo a una ONG, la legítima es suficiente para mí.

Y puedes decirle de mi parte a Mariola, mi antigua novia, que os deseo una larga y feliz unión juntos...

en la pobreza.

 

CUMPLEAÑOS, de Francisco Eugenio Crespo.

Iré a ver a papá, le dije. Y cuando me disponía a salir mi madre me cogió del brazo.

—¡No!, espera cariño...él no es tu padre.

—¿Cómo?, ¿y me lo dices hoy?

—Lo siento. Quería que fueras mayor de edad para...

—¿Comprenderlo? ¡Eso es imposible! Toda la vida con ese hombre, al que he querido como a mi padre... —dijo llorando.

—La puerta se abrió entrando su padre con treinta personas más:

—¡Feliz Cumpleaños Tom! —dijeron todos.

Tom miró a su madre sin entender...

—Lo siento cariño, era mentira. Es que no sabía cómo retenerte para que no descubrieras la sorpresa.

Tom se desmayó.

 

DESCONSUELO, de. Silvia Espina

Iré a ver a papá, le dije a mi hermana Sandra cuando nos despedimos. Pero luego todo se complicó y el hospital estaba demasiado lejos para ir esa misma noche.

Así que llamé nuevamente para avisarle que pasaría al día siguiente.

Ya no lo vi con vida… nunca más

 

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