Con esta frase, inicio de la novela Nada más aleatorio, de Marta Pérez-Carbonell, deben comenzar los relatos de esta primera quincena de la cuarta temporada del concurso de relatos de Ali iTruc con Onda Cero.
Hemos recibido un total de veintiún relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 6, 7 y 8 de septiembre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el próximo lunes 9 de septiembre en Onda Cero Elche de mano de Marta Pérez-Carbonell.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, desvelamos el podio y la autoría de los relatos.
Finalistas:
ENIGMA DEFINITIVO, de Ignacio Fernández Perandones.
–Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero –susurró Ruirong mientras servía el té a Julio.
–Tú y tus enigmas asiáticos.
–Sí, pero este es un enigma definitivo.
–¿Qué quieres decir?
–Llegué a España desde Wenzhou muy joven, y me enamoré del primer capullo.
–¡No me hables así!
–Para ti, ahora mismo solo soy un cero. Mi vida es un infierno. Pero, lo dicho, los chinos tenemos otro tipo de cero.
–¿Y cuál es?
–Eres tú. Te acabas de beber un veneno mortal disuelto en el té. En diez minutos, ya no existirás.
SECUENCIAS, de Francisco Eugenio Crespo.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero».
—Eso es lo único que dice. No le hemos podido sonsacar nada más.
—Hay que conseguir que hable. Esa mujer predijo que iba a haber un terremoto sin precedentes en Tokio destruyendo tres cuartas partes de la ciudad y se cumplió.
—En su casa tiene una pizarra escrita con números chinos, incluyendo muchos ceros, observándose secuencias subrayadas.
—¡Descífrenlas inmediatamente! ¡Es una orden!
—No podemos sargento. Nadie consigue averiguar que significan.
—¡Déjenme a mí!
El sargento observó una secuencia: 050920671800.
—Es hoy. A las 18:00. Ahora mismo. Miren por la ventana…
El fuego era lo único que se veía, arrasándolo todo…
Primera ganadora de la temporada:
ENTRETENIMIENTOS, de Paquita Márquez.
--Los numerales chinos distinguen dos tipos de cero, el alfabeto camboyano tiene 74 letras, los europeos parpadeamos diez millones de veces al año, los egipcios…
--¿Pero qué dices…?
--Leo lo que pone en este libro de curiosidades…
--Te recuerdo que nos morimos de hambre, ¡buscamos comida, no libros!
--Ya, pero te dije que debíamos cambiar de barrio. Desde que en éste pusieron los contenedores marrones que nosotros no podemos abrir, no hay nada comestible en los grises y, rebuscando, encontré este libro en el azul…
--¡Pues los libros no matan el hambre!
--No, pero la entretienen…
El resto de relafos, ordenados por orden alfabético desde el primero recibido:
CENTRO Y PERIFERIA, de Felipe Tenenbaum.
—Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero. Los Inuit en el ártico, por su parte, tienen cuarenta formas diferentes de decir nieve: Aput, qana o la mejor de todas, piqsirpoq. Además, los Wa de Yunnan, caníbales de Mongolia, cocinan a sus enemigos de quinientas treinta y siete formas diferentes. Y mejor ni hablar de Japón: tienen cuarenta y cinco sabores de pringles, incluidas las de salsa de teriyaki y tempura. ¿Y me viene usted a decir ahora, que en pleno corazón de la modernidad, en el centro mismo de la cultura occidental, solo tenemos un domingo a la semana? ¡Deberían existir por lo menos cuatro!
CERO ENAMORADO, de Ignacio Fernández Perandones.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero».
Así comienza el texto a comentar de la Selectividad. No sé cómo empezar. No me concentro. Ayer estuve con Sandra. Su mirada, su boca… Vuelvo en mí. Quince minutos y no he escrito nada. Me juego la Universidad. ¿Cómo voy a espantar esas manos blancas que rodearon mis hombros, esos labios cercanos? Veinte minutos…, treinta…, sesenta. Se terminó: folio en blanco, un cero. Adiós, Universidad. Y lo curioso es que me da igual. Seguro que existe algún otro tipo de cero que equivalga, por ejemplo, a plenitud. Los chinos no fallan. Quevedo, tampoco: «cero seré, pero cero enamorado».
CHINA 1967, de Francisco Eugenio Crespo.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero.
El profesor de matemáticas se quedó petrificado mirando atentamente a Xi Wei, de 17 años. Su cara frente a la del alumno, frente de éste perlada en sudor. El ceño fruncido del veterano Pan Kiu no hacía presagiar nada bueno.
—¿Me quiere decir que su compañero Shae Wong no le ha escrito esta parte del examen, durante minutos, que yo he observado incrédulo, donde se observan diferentes tipos de escritura?
—Los numerales chinos…
El profesor le soltó un bofetón con la mano abierta que logró impactar la cara de Xi Wei contra la ventana de la clase.
CONDENA DE VERANO, de Felipe Tenenbaum.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero». Me siento en mi escritorio. Mi hijo mayor ha dejado la puerta de su cuarto entreabierta. Desde mi posición alcanzo a verlo en mi misma pose. Meditabundo, agotado. Luchando contra los números irreales, calculando la generatriz de integrales biperfectas y sus antiderivadas asociadas. Lleva buena parte de las vacaciones preparando su examen de Ingeniería electrónica. Miro mi folio en blanco. Ojalá mi tarea de Ali i Truc fuese tan sencilla como la suya. Pero no. A mí me toca una condena peor: redactar tres microrrelatos sobre los numerales chinos y sus tipos de ceros. No me alcanzará todo el verano…
COSA DE CHINOS, de Francisco Ramírez Munuera.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero, es decir que son bicerones; los romanos por contra tomaron otras opciones: como el cero no vale nada pasaron de él y se complicaron con letras. Los árabes, más prácticos, empezaron a contar con los dedos y al llegar a nueve vieron que les sobraba un apéndice articulado... entonces importaron el dígito cero de la India y así consiguieron llegar hasta la decena. El caso es que la palabreja viene del sánscrito shunya (vacío) y el invento fue un gran descubrimiento, pero si nos metemos en profundidades igual la liamos, así que mejor lo dejamos ¿no os parece?
EL CERO DE LA DISCORDIA, de María Bastida.
—Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero.
—¡¡Qué me dices!!, venga hombre, lo que faltaba, como si no tuviéramos bastante con uno solo. Un cero es un cero aquí y en Pekín. Bueno, ahora que lo pienso, nosotros también tenemos distintas variedades, por ejemplo, de ubicación, un cero a la izquierda significa que no vales nada, o sanguíneos, cero positivo, cero negativo, eso sí tiene enjundia, un error en la analítica y date por muerto.
—No digas tonterías, en China también significa lo mismo si está a la izquierda.
—Te equivocas, los chinos escriben de arriba abajo.
—En fin, ¡¡qué voy a hacer contigo!!
EL INFINITO EN UN GRANO DE ARENA, de Felipe Tenenbaum.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero. El de la nada simple (aquel vacío que nunca ha sido algo). Y el de aquello que fue magnífico y ya no lo es. Melancolía pura del viudo inhalando tristeza y exhalando soledad. Ausencia que se desliza tan cerca del cero como del infinito. Recuerdos apresados entre el todo y la nada. Entre lo vivido y lo que ya no es.
El infinito en un instante.
Será por eso, quizás, porque el universo cabe en el último grano de arena del gran reloj de nuestra vida, que los mejores microrrelatos solo pueden ser paridos por manos arrugadas.
EL LING, de Raquel Zaragoza.
─«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero»: Este es el mensaje anónimo que inundaba el correo del profesor. Por el momento, estos son los hechos ─comunicó la inspectora a sus compañeros:
»El cadáver se encontró, después del fin de semana, en los aseos del Instituto. Según la autopsia sufrió un infarto. No se han hallado muestras de violencia; nada sospechoso salvo un extraño tatuaje en su frente: un símbolo chino, un cero. En el centro se le conocía por el apodo de “El ling”, por su afinidad a suspender con ceros. No hay testigos; y todos los alumnos guardan silencio. Parecen niños asustados, pero…
FILOSOFÍA ORIENTAL, de Américo Fojo.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero: uno se llama méiyou y el otro guanbu. El primero significa el vacío, la ausencia de valor; un universo deshabitado, negro, sin estrellas ni soles, sin sonidos ni aire. Es decir, la nada.
El segundo, guanbu, es la realidad que se expande. Es el cero que se une a cualquier número entre 1 y 9 y lo eleva. Así, si guanbu abraza al 2, lo lleva a 20; y si otra vez más, lo lleva a 200, a 2000, a 20000, a 2000000… hasta llegar a un valor que nuestra mente no podrá llegar a comprender.
Cosas de chinos, che.
LA NADA, de Paquita Márquez.
Los numerales chinos distinguen dos tipos de cero, dos tipos de nada; lo leía mientras soñaba que mi nada, la que fuese, se iba a llenar con tu boquita-lapa agarrada a mi pecho, con tus primeros pasos y tus sonrisas, con que te llevaba al cole y te disfrazaba de hada o de pirata y que luego crecías y te hacías una gran persona… Pero el sueño de golpe se desvanece y me doy cuenta que me está invadiendo una nada enorme, redonda, absoluta… cuando veo que desapareces por ese desagüe en un remolino teñido de sangre que luego se esfuma, que se queda en nada.
LATIDOS, de Mariam Vocente.
Los numerales chinos distinguen dos tipos de cero, pero yo solo admito el cero absoluto, cuando la materia deja de agitarse y solo queda el silencio redondo y perfecto.
Fue entonces cuando un latido alteró la atmósfera que me rodeaba. Era muy tenue, pero me irritó pensar que podía haber cometido un fallo. Miré a la estatua de cera que estaba junto a la puerta, lista para partir al museo y escuché. El latido se repitió, casi imperceptible, y luego volvió a reinar el silencio, el cero absoluto, y yo sonreí dispuesto a disfrutarlo como merecía. Ese corazón, encerrado para siempre en cera, ya no se movería jamás.
MAFIA, de Francisco Eugenio Crespo.
—Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero, y vosotros podéis distinguir entre dos modos de vida: el bueno o el malo.
—Padre usted siempre está filosofando. Pero este el único camino. Esto es Sicilia.
—Y yo os enseño otra forma hijos míos. Ayudar al prójimo, buscar un trabajo, vivir dignamente. No asesinar, ni extorsionar, ni robar…
La Mafia se reunió. El padre Giuseppe era «peligroso». Estaba «lavando» la mente de los niños.
En breve seria su cumpleaños.
Ese día un coche negro se detuvo en la puerta de su casa, tocaron el timbre y cuando el Padre abrió la puerta le dispararon…
MOMENTAZO, de Ignacio Fernández Perandones.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero». Qué error. Ser profesor de matemáticas, invitado por la Universidad Shangai para impartir una conferencia, y no saber algo tan básico. Por no entender los carteles, con tanto cero distinto, he tomado el metro contario a la Facultad, y he acabado en la costa. ¡Qué espectáculo! En estos momentos, el sol emerge del mar amarillo. Toda la desembocadura del Yang-Tsé se tiñe de dorado. Es verdad, la conferencia comienza en diez minutos. Pero todo lo compensa el embeleso del momento. Después de todo, ha sido la aritmética china —con sus ceros incomprensibles— la que me ha regalado el momentazo.
¿NADA O NADA?, de Margarita González.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero y de los demás dígitos; uno común que solo nombra la cantidad y otro complejo, más seguro, para documentos oficiales.
Ming y Xiao redactan un edicto para su superior político y discuten si usar un lenguaje sencillo o no. Él prefiere expresar las cantidades con la forma financiera porque es adecuada a los receptores del escrito, los banqueros de la ciudad. Xiao se inclina por la forma común.
Como lo leerán en público y ambos ceros se pronuncian igual en chino (ling), ellos han de adivinar ahora qué forma de escribir «nada» le agradará más al jefe.
NÚMEROS, Raquel Zaragoza.
─Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero ─contestó mi jefe cuando le recriminé que para él sus empleados no éramos más que números.
Tras unos segundos eternos, me atreví a apostillar:
─Pues bien, Mr. Kgong, en este país también hay dos clases de cero; y lo curioso es que suelen recaer sobre la misma persona: aquella que tiene cero empatía, cero amigos…; pero muchos ceros en la cuenta. Y ese es usted ─dije, con sarcasmo, mientras abandonaba el despacho─ un momento después de haber dado un portazo, me di cuenta de que no le había cogido el informe de buenas referencias.
¡QUÉ RECUERDOS!, de Inmaculada Micó.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero». Justo como los numerales españoles. Tenemos cero a la derecha, que multiplica, y cero a la izquierda, que es lo que me decía don Luis cada vez que me equivocaba en la tabla del 7. Manolito, llevas un mes con la tabla del 7 y aún no te la sabes. Como sigas así no llegarás a nada. Serás un cero a la izquierda.
Pues es el caso que ayer don Luis vino a mi consulta y, aunque pensé que no me había reconocido, me dijo: «Calcula bien la dosis, Manolito, que siempre se te han dado mal los números».
UNA NADA RELATIVA, de Paquita Márquez.
--Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero, o sea, entre dos tipos de nada…
--¿A qué viene ahora eso, papá? ¿qué estás mirando?
--Fotos. Fotos antiguas de la familia. Antepasados que ahora son nada, pero que antes fueron y aún son algo en las fotos… ¿Notarán donde estén que aún son algo, aunque solo sea recuerdos?
--No sé papá, es posible, pero eso nadie puede saberlo.
--Pues por si acaso, no dejes de mirar de vez en cuando mi foto cuando me haya ido, hijo mío.
A SHANGHÁI, SIN AMOR, de Raquel Zaragoza.
«Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero: El “0” que significa la ausencia absoluta de algo; y el grafismo oriental “ling” que indica que hubo, pero ya no queda». Con esta explicación, el profesor concluyó su última clase.
Sofía había pedido el traslado a Shanghái. Después de cinco años sintiéndose un cero a la izquierda…, por fin, se armó de valor para decirle a su “ex” que se multiplicara por cero y desapareciera. Estaba decidida a empezar de cero.
¡Cero, cero, cero! Siempre cero…
«¿Qué será mejor en el amor: “cero o ling”?» ─se preguntaba, envidiando a las parejas que se abrazaban en el aeropuerto.
APRENDER IDIOMAS, de Paqui Antón.
Los numerales chinos distinguen entre dos tipos de cero ―dijo el profesor de chino el primer día de clase.
Un nubarrón se desplomó sobre mi cabeza sintiéndome igual que en el viaje a Georgia: tranquilos por el idioma, que allí se habla mucho el ruso.
Yo me decantaría más por el mandarín de la China continental. En la playa cuando le dices: ¡ahí hay una medusa! Miran, se ríen y repiten ―¡Ah melusa!
Y la cogen con las manos. Supuse que, al comer tanto pescado crudo y otras cochinadas, sería un manjar delicioso.
¡Pero lo importante es que nos entendimos