Con esta frase, inicio de la novela Angélicus, de Joaquim Molina, deben comenzar los relatos de esta cuarta quincena de la cuarta temporada del concurso de relatos de Ali i Truc con Onda Cero.
Hemos recibido un total de veintidos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 18, 19 y 20 de octubre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el próximo lunes 21 de octubre en Onda Cero Elche, y de la que el autor Joaquim Molina decidirá el relato ganador.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Joaquim Molina, desvelamos podio y autoría de tosdos los relatos
Los tres relatos finalistas han sido:
BLANCOS Y NEGROS, de Raquel Zaragoza.
—Señor, mira desde el cielo y ve cómo sobrevuelan el mar los cisnes blancos. ¡Qué alucine! —exclamó el cuidador del señor Vicente, mientras lo acercaba a la terraza.
—Sí, Paco, es un espectáculo alucinante. Todos los años, cuando termina el verano, bandadas de aves migratorias emprenden su vuelo a África en busca de un lugar más cálido. ¡Es la ley de la supervivencia! —suspiró el viejo profesor.
—La misma ruta, pero a la inversa, también la practican los negros —puntualizó Paco.
—Cierto. Sin embargo, cuando son los migrantes africanos los que cruzan el Estrecho…, entonces el espectáculo resulta triste y dantesco.
CONJUGANDO, de Paquita Márquez.
Señor, mira desde el cielo y ve cómo salgo, paseo, disfruto, vivo… Y contempla cómo ella huye y corre porque solo piensa en salvarse.
Yo oigo música, voy al cine, me divierto asistiendo a espectáculos. Ella escucha las explosiones de los bombardeos y llora ante la destrucción y la muerte.
Yo celebro fiestas con amigos y familiares. Ella celebra seguir viva un día más.
Yo podré decidir mi futuro. Ella, si lo tiene, lo pasará sobreviviendo.
Éramos gemelas y nos dieron en adopción.
Yo estoy en Europa. Ella acabó en Gaza.
LA OBRA, de Margarita González.
Señor, mira desde el cielo y ve, ahora que puedes, el relieve del planeta Tierra. Su corteza estuvo tupida de vegetación hasta el siglo XX. Las aves revoloteaban, en bandadas, como los estorninos, o en soledad como las águilas imperiales. Entre todas llenaban los espacios vacíos entre las copas de los árboles llenando de plumas el aire.
Desde donde estás, podrás ver la tierra yerma, los océanos de plástico y el aire oscuro vacío.
Los humanos, hemos logrado eliminar casi todos los vestigios de vida vegetal y animal. Queda poco para acabar la obra. Lo hemos hecho deprisa, Señor.
El relato ganador ha sido:
CONFIESO QUE HE PECADO, de Felipe Tenenbaum.
—Señor, mira desde el cielo y ve a tu rebaño pecador —dijo desde la biblioteca del monasterio y suplicó—. Concédenos nuevos mandamientos.
—No adjetivarás en vano —oyó—. Ni recurrirás a una vuelta de tuerca menos filosa que una daga. Usarás un vocabulario preciso y simple. Comprimirás el universo en un puñado de palabras. Lo sugerido será inversamente proporcional a lo dicho. No abusarás de la metaliteratura. Construirás títulos que sean puertas de entrada y salida a la lectura. Tu puntuación será la sutura invisible que lo enlace todo. No erigirás obras sin alma ni compromiso.
—¿Y el décimo?
—El más importante, hijo mío: disfrutarás de tu tarea.
El resto de relatos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido han sido:
LAS COSAS CLARAS, de Lola Martínez Lorenzo
Señor, mira desde el cielo y ve. No es la primera vez que se acusa tu torpeza. Y no soy yo solo quien lo piensa, pero nadie se atreve a hacerte ver que ya no eres el mismo, que ya son dos milenios y pico, y todo tiene un límite.
Hubiera deseado que apareciera Santa Teresa, tan mística; con su sabiduría, sentido común y desparpajo para poner los puntos sobre las íes. Mucho «Vivo sin vivir en mí…», pero en un momento crucial… ¡Qué puede esperarse! Aquí estoy, dispuesto a acatar tu ira sin pedir clemencia. Y es que alguien debía ponerte los pies en el suelo.
MIRA y VE, de María Ángeles Vaíllo
Señor, mira desde el cielo y ve.
Cada vez que voy a tu casa te veo impávido, como si no pasara nada, tus feligreses encienden velas y rezan…
Si eres omnipotente haz algo, convierte la ira en calma. Cuenta que hacías milagros, resucitaste a Lázaro, multiplicaste los panes y los peces, curaste a leprosos. ¿Y no puedes con tus poderes poner paz a los hombres?
No dirás que te han olvidado, pues celebra tu nacimiento, tu muerte y tu resurrección.
¿Sera verdad lo que cuenta de ti? O quizás sea una leyenda urbana.
ORACIÓN, de Américo Fojo
—Señor, mira desde el cielo y ve —dijo el profeta—, pero, para vernos realmente, baja hasta nosotros y míranos a los ojos, que son las ventanas profundas del alma y no mienten… aunque el soberbio baje la cabeza para ocultar su desprecio por el hermano… aunque el egoísta simule abrir los brazos para dar sus bienes, pero no podrá entregar nada si no lo hace con amor… aunque el asesino justifique la sangre de sus manos llenado su boca con grandes palabras vacías. Señor, baja desde el cielo y míranos.
PAPA, de José Manuel Rodríguez
Señor, mira desde el cielo y ve, repetía en bucle mi madre. Incapaz de dejar de hacer cosas y repetir la frase como una loca, ponía los cojines en el sofá, terca, nerviosa. Repasaba el tapete de ganchillo, blanco almidonado, que hacía daño a los ojos, planchando con la mano las arrugas que generaba el movimiento de mi pierna nerviosa bajo la mesa camilla y estiraba sus flores colgantes. Su cara arrugada y asolada sin una lagrima, la letanía de la frase y el olor a incienso como la catedral de Santa María me hacía mirar a papa, dentro del ataúd justo al lado de la mesa.
RAZONES INESCRUTABLES, de Felipe Tenenbaum.
—Señor, mira desde el cielo y ve lo que están haciendo tus criaturas. Rezan. Siempre rezan y elevan plegarias… desde sus altas y pretenciosas torres. ¡Tremenda hipocresía! Simulan ser devotos… pero te alaban mientras anhelan acercarse al firmamento divino por sus propios medios. Y no es una torre como la de hace unos milenios. ¡No! Son cientos. Por mucho menos, la última vez sembraste la discordia lingüística entre ellos. En cambio, ahora… ¿por qué permites esas abominaciones como garras que pinchan nuestro espacio sagrado? ¿Esas construcciones llamadas «rascacielos»?
Jehová se acomodó la toga sobre la vetusta espalda y se guardó muy bien de mencionar cierto picor lumbar.
RESPETO MILITAR, de Raúl Zaragoza Cuello
—¡Señor, mira desde el cielo y ve hacia las luces que marcan la pista de aterrizaje!
—¿Cómo que ve? ¡Está usted en el ejército y aunque me esté guiando desde la torre de control, mantenga el respeto militar!
—¡Disculpe señor, es la tensión del momento! Bueno, intente utilizar el motor que queda operativo para enderezar las alas.
—De acuerdo, pero… ¿qué es ese punto luminoso que veo frente a mi nave?
—Lo estamos verificando en nuestro radar, parece…
—¡Un avión militar de carga… se cruza en mi camino!
—Señor, vela por él y acógelo...
—¿Qué? ¿Otra vez tuteándome...? ¡Noooo….!
¡CRASSSSSHHHH!
RUMBO AL ESPACIO EXTERIOR, de Raúl Zaragoza Cuello
¡Señor, mira desde el cielo y ve tu creación!
los hay mejores, los hay peores y otros del montón.
Yo soy uno de ellos, quizá no el mejor,
pero estoy harto seguro de cumplir con éxito mi misión.
Bien cerca estaré de ti en los próximos días,
tanto o más de lo que tú mismo planearías
y, aunque ni yo mismo soy consciente de ello,
pronto llegaré al espacio, si antes no me estrello.
Este cohete que raudo atravesará la atmósfera,
me aproximará a ti con su leve movimiento,
ya sea porque fracase y muera
o porque al fin alcance el firmamento.
TRANSFORMERS, de Paquita Márquez
Señor, mira desde el cielo y ve mi corazón hecho pedacitos. ¡Me fascinaba tanto aquel hombre estatua en plena Explanada…! Parecía una auténtica y policromada porcelana de tamaño natural. Embelesada ante su belleza, me acerqué a acariciarlo. Resultó ser de carne y hueso, lo aseguro. Aunque luego se convirtió en duro acero cuando le dije que estaba embarazada. Desapareció de mi vida y de mi ciudad, y fue mi corazón el que resultó ser de frágil porcelana. Te lo muestro a Ti, Señor, a ver si quisieras ayudarme a recomponerlo.
UN PROBLEMA DE ALTURA, de Inmaculada Micó Cabañero
«Señor, mira desde el cielo y ve». ¡Ayúdame, tengo que encontrarla!
El niño cae de rodillas llorando ante la figura que ve en la cima de la montaña. El sol se está poniendo y solo distingue el contorno de lo que parece un venerable anciano con un cayado. Junta las manos e insiste en su ruego: «Si vuelvo al pueblo sin ella me molerán a palos, señor»
Una voz atronadora le responde desde lo alto:
—Déjate de lloriqueos y recoge las cabras, Pedro. Copo de Nieve está con Heidi. Además, no me llames señor, que soy el Abuelo.
VUELO DESESPERADO, de Marcelo Celave Villar
—Señor, mira desde el cielo y ve… quiero decir, inspeccione con su aparato en mi tejado. ¡Tiene que haber un agujero muy grande! —Su rostro denotaba el terror vivido la noche anterior—. Estábamos durmiendo cuando un ruido de otro mundo, nos despertó.
El técnico que manejaba con maestría el dron, cubrió rápidamente toda el área del techo de la vivienda y pronto lo vio: —Aquí hay un impacto desmesurado, posiblemente del espacio exterior. ¿Un meteorito talvez? Eso explicaría la deflagración.
En eso llegó angustiadísima la vecina del piso 15 del rascacielos colindante. —Perdón, estoy buscando mi gato, ¿lo habéis visto? Anoche encendí la aspiradora y ¡huyó despavorido!
A VECES LOS DESEOS SE CUMPLEN, María Bastida Nova
Señor, mira desde el cielo y ve qué pasó. Escribí deseos en un folio y pinté corazones y estrellas. Parecerá cursi, pero aún llevo lacitos en el pelo. Lo pegué en la ventana de mi habitación esperando que el tiempo, al pasar, lo leyera y me concediera lo que pedía. Quería volar, como las princesas con alas que dibujaba, caminar sobre las nubes y jugar en los arcoíris. Una noche de tormenta, se rompieron los cristales y mi carta desapareció entre ráfagas coléricas de viento. Ahora estoy sentadita en una nube, intento arrancar este trozo de cristal, clavado en el pecho, que tiñó de rojo mi pijama.
ALGARABÍA, de Paquita Márquez
Señor, mira desde el cielo y ve todos esos pájaros que Tú creaste y que, no sé por qué, decidiste que anidaran en mi cabeza. Mi abuela se dio cuenta enseguida: «Esta niña tiene la cabeza llena de pájaros» —decía siempre. Yo, por más que me rebuscaba, nunca encontré ninguno. Pero el día que Moncho, un guaperas que me hacía tilín, quiso meterme mano y me revolví furiosa, me dio tal puñetazo que me rompió el labio. En ese momento, una gran bandada de pájaros brotó de mi cabeza con tal algarabía que alertó al personal. Hacia Ti vuelan todos…, pero ya no los necesito.
¿APARICIÓN DIVINA?, de Marcelo Celave Villar
—Señor, mira desde el cielo y ve y… ¡dime si está en un recodo del río, en el nido de una cigüeña o envuelta en un conglomerado de nébulas! —La mujer elevaba sus plegarias sin respuesta ni esperanza.
Un anciano que pasaba la vio y sintió compasión: —Señora…. ¿Busca usted a una niña de diez años?
—Siii… ¿¿¿la ha visto???
El anciano respondió: —Yo veo todo; a esa niña la encontré conversando con las estrellas y me dejó un mensaje para usted: «No sufras, estoy creando nuestro propio universo para cuando tú vengas, mamá».
El anciano sonrió pícaramente y la pobre mujer volvió en paz a casa.
CEGUERA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
—Señor, mira desde el cielo y ve —dijo el profeta.
—No puedo. Estoy ciego —dijo el Señor.
—Pero, Señor, eres nuestra única salvación.
—Vuestra maldad ha causado mi ceguera. No puedo soportar tanto dolor. Continuamente hay más guerras y genocidios. Todos sois hijos míos.
—¿Qué podemos hacer, Señor?
—Nada. Es el final de la Humanidad. A los dinosaurios les ocurrió lo mismo. Se empezaron a matar entre ellos. Perdí la vista de un ojo. Lo que hice para restaurar el orden fue coger un meteorito y lanzarlo a la Tierra.
—Señor, podemos cambiar.
—Estáis condenados. Mira al cielo…
CIUDAD FLOTANTE, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
—¡Señor, mira desde el cielo y ve a tus súbditos, suplicándote que les dejes subir a la ciudad!
—De eso nada —respondió el Señor de África—. Hace años predije lo que iba a ocurrir en este lugar de la Tierra. Solo unos pocos lo creyeron, apostaron por mí, y esos son los que están ahora mismo conmigo en esta ciudad flotante, a cien metros de la superficie de este continente, donde la vida se está haciendo imposible.
—¡Señor, aquí somos muchos miles! ¡Hay mujeres y niños!
—Los que quedan son los escépticos y sus familiares. Desde la antigüedad para vivir se ha necesitado la Fe en algo.
DIVINA BATALLA NAVAL, de Felipe Tenenbaum.
—Señor, mira desde el cielo y ve lo que he construido. Es elegante, titánico, veloz. Dicen que ni tú podrías hundirlo.
—B7.
—Mierda.
HIPOCONDRIA, de Raúl Zaragoza Cuello
—Señor, mira desde el cielo y ve haciéndome hueco que voy para allá, de ésta no salgo.
—Nada, don José, de nuevo las pruebas indican que está usted hecho un chaval.
—Si ustedes lo dicen... no lo veo tan claro, pero en fin…
—¿Tiene alguna duda?
—Nada, me voy marchando. Hasta pronto.
…
—Todos los meses igual, este hombre está obsesionado con morir.
—Pero ¿tiene algo o es muy mayor?
—¡Que va! 59 años, pero es hipocondríaco agudo y vive atormentado con que se muere.
—Pues nada, así no le cogerá de sorpresa cuando lo llamen desde el cielo.
KREO 12059, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
—Señor, mira desde el cielo y ve. Señor, mira desde el cielo y ve —dice en voz baja Kreo 12059.
El profesor se le acerca.
—¿Crees que rezar va a evitar que te castigue? Me hiciste un agujero en mi traje exterior, y ahora tengo una quemadura terrible. Estamos en el siglo XXIII, y el sol abrasa al ser humano. Necesitamos llevar siempre un traje especial en el exterior.
—¡Lo siento! ¡De verdad!
—Sal fuera, sin ponerte el traje, treinta segundos.
Kreo salió fuera. A través de los cristales los compañeros observaron angustiados como salía humo de la piel de Kreo 12059…