Con la frase «Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejaads de Azorín», inicio de la novela Proyecto Ítaca, de Natxo Vidal, deben comenzar los relatos de esta 9ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido un total de 15 relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 27, 28 y 29 de diciembre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 30 de diciembre en Onda Cero Elche de manos de Natxo Vidal.
ACTUALIZACIÓN: Una vez concoido el resultaodf, desvelamos podio y autoría.
Finalistas elegidos tras la votación:
MOVIMIENTO INCIERTO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Ya decía yo que no había que fiarse de ese mexicano, que se pasaba todo el día tumbado con el sombrero gacho. Y justamente ahora, jugando al ajedrez una partida simultánea, contra el campeón del mundo, cuando iba a mover nuestro mejor jugador, entonces Azorín, agarra la mano del compañero sujetándola. Coge un caballo y lo mueve. Así nomás. Nos quedamos todos observándolo, con ganas de descuartizarlo por haber arruinado la partida, este pendejo…
¾Me rindo¾ dice el campeón del mundo.
Cogemos a Azorín y lo manteamos entre vítores de alegría infinita. Qué grande es este hombre. ¡Viva México!
CENIZA, de Roberto Hurtado.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Lo dijo como si arrancara un girón de su propia alma, con el peso de las derrotas colgándole en los hombros. Y el aire, al escucharlo, pareció detenerse, herido. Yo miré sus manos, esas manos rotas de ofrendas vacías, y pensé en todo lo que habíamos perdido: las tardes de fuego en la playa, las risas que se hundieron como barcos sin puerto, la esperanza que un día tuvo alas, pero ahora estaba ciega. Quise gritarle que aún podíamos salvar algo, pero el silencio era más hondo, más verdadero. Entonces supe que ya éramos ceniza antes de habernos quemado.
Y relato ganador, elegido por Natxo Vidal:
1986, de Felipe Tenenbaum.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. O mejor dicho, de su espectro. Suele manifestarse de madrugada sobre nuestro respaldo con su mirada lúcida, severa e implacable. Levemente enfadado por nuestra osadía de intentar seguir durmiendo cuando comparece desde el más allá para visitarnos. Luego desliza una tiza incorpórea por su pizarra fantasmal. «Malinche», «Xóchitl», «Huitzilin» escribe y la peor de todas: «Popocatépetl». Nunca nos atrevemos a preguntarle por qué enseña mexicanismos a unos argentinos ignotos, siendo él un escritor español de la ilustre generación del 98. Mucho menos por qué viste la albiceleste sobre su pecho traslúcido. ¿Será que por fin está por ocurrirnos algo bueno?
El resto de relatos, ordenados alfabéticamente a partir del primer recibido:
GALEÓN HUNDIDO, de Roberto Hurtado.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Fue al mediodía, cuando el aire olía a limones podridos y el sol pesaba como una culpa antigua. Azorín, con la cara curtida y los dientes mellados por el aguardiente, había soltado su último disparate en la taberna del puerto: «Si el galeón hundido aparece, el oro es mío». Nadie creyó en su profecía, salvo la vieja Dolores, que leyó un mal augurio en las entrañas del gallo negro. Tres días después, bajo una tormenta de relámpagos, el pueblo despertó con los restos del galeón desbordando en la playa. Y Azorín, como siempre, desapareció.
LA AFRENTA, de Américo Fojo.
—Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. —El ticktoker mejicano estaba indignado y su voz sonaba intensa como la reivindicación de una afrenta nacional.
—¡Cómo se atrevió ese godo cabrón a escribir que el origen de la palabra «tortilla» es español! —continuó, exaltado— ¡Todo, todo! Esos ladrones de patrimonio cultural creen saber todito. ¡Hasta se quieren apoderar del nombre de nuestro plato nacional!
—Ya los imagino a esos huevones tratando de envolver un taco, un burrito, una enchilada con esa cosa que ellos llaman tortilla… ¡ándale pues!
LA MINA, de Margarita González.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín, ese infeliz quiere ser alguien haciendo la pelota al capataz, cotilleando sobre unos y otros. Capaz de chivar nuestro apaño. Suerte que no está seguro, solo sospecha, pero es peligroso. No le daremos la oportunidad de saber del oro que sacamos y sigue a nuestro resguardo.
No nos hablemos nomás en la mina, que no nos vean juntos.
Mira tú por donde, uno de estos días resbalará y caerá desde el andamio al pozo agotado del mineral, yo lo veré caer, ¡qué pena!
Ese pendejo no nos echará a perder el negocio.
LAMENTO MARIACHI, de Felipe Tenenbaum.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Nos obliga a subir. Bajar. Nos desliza con fuerza. Y vuelta a zambullirnos en esa alberca viscosa. Levemente oscura. Al salir (ahogadas y temblorosas), destilamos una especie de río azul entre el tono índigo y el cobalto. Al chavo y su mujer parece gustarles nuestra tortura. Nos miran como ebrios y enchelados y luego él sigue con sus tonterías de vato fresa, deslizándonos por el folio mientras mis hermanas y yo exudamos esa emulsión infernal.
—¿Te gustan las plumas mexicanas que te regalé por Navidad, cariño?
—Son perfectas, aunque… no sé. Al escribir parece como si se quejaran.
QUEDARSE SOLO, de Roberto Hurtado.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Lo dijo Marta, mientras se encendía el tercer cigarro y miraba el suelo como si quisiera clavarse en él. Yo no supe qué contestar. Desde que Azorín había llegado al piso, con su mochila sucia y sus promesas de «esta vez será diferente» todo había empezado a ir peor. Primero fue el préstamo que nunca devolvió. Luego, los gritos. Y ahora esto. Marta apagó el cigarro con la punta de los dedos, como hacía siempre que estaba furiosa, y se levantó. «Yo no quiero morirme así», dijo. Y entonces lo supe: esa noche Azorín se quedaría solo.
SECRETOS TRANSOCEÁNICOS, de Felipe Tenenbaum.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. Cada vez que viajo a Xalapa para comprar un cachito de Navidad y pago los 120 pesos correspondientes, él entra en trance y me susurra un número. Este año, el «72480». Yo siempre le hago caso, aunque nunca los niños gritones canten su billete. ¿Cómo negarme? Si siempre me jura y perjura que su ilustre tatarabuelo español se le presenta en sueños desde el otro lado del charco para revelarle el gordo. El año pasado pronosticó el 88.008 y el anterior, el 5490. La generación del 98 será muy chingona y bien chida pero de apostar no saben un pimiento.
SERENOS Y EDUCADOS, de Silvia Espina.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. —Esas fueron algunas de las groserías que nos espetaron los asaltantes, al interceptarnos en el taxi que nos llevaba hasta nuestro hotel en México DF y se enteraron que éramos españoles.
Tratamos de mantenernos serenos y educados, pero obviamente, ganaron ellos. Mi marido resultó con chaqueta y camisa perforadas por arma blanca y además un ojo morado. Y yo, sin mi cámara fotográfica y mi cadena de oro.
¡Malditos chorizos, hijos de…!
¡¡AY MI CUATE, PERO QUÉ HEMOS HECHO!!, de María Bastida Nova.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín. ¡¡ Pues no que le ha dicho a la señorita Lupe, la hija del patrón, que es familia del escritor ese tan “famosote”!! Nosotros que lo recomendamos como mozo de cuadras. Resulta que su señor padre lo ha contratado como amanuense, como si hubiera heredado el intelecto y la pluma. ¡¡ Si no sabe hacer la O con un canuto!! Ahora sí que nos mandan a la real chingada. ¡Vamos a “Ca la Chela” que nos prepare unas enchiladas con sus frijoles y su salsa bien picante!! Y para llorar las penas unos tragos de tequila y que viva Méjico “Cabrones”.
CLASE DE LITERATURA, de Victoria Sera.
Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín, dijo el viejo profesor muy airado y que nunca había elevado una palabra más que otra.
Igual no nos quería volver a ver más, pero éramos sus alumnos y todavía no le llegaba el jubileo. Cierto que le quedaba una semana, pero recién empezábamos el curso.
O tal vez no le gustaba Azorín, pero el temario había que darlo. Si él prometía no preguntarlo en el examen no entrábamos en las pendejadas pues, según él, era una ordinariez que sus novelas tuvieran rasgos personales. Se enfadaba solo, no nos dejaba preguntar ni opinar: ¡Lo mandamos a la pinche verga!
CURIOSIDAD IMPRUDENTE, de Paquita Márquez
¡Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por la pendejada de Azorín! —se lamentó la Lupe cuando vio el desastre provocado por el insigne escritor al empeñarse en pilotar aquel artilugio del demonio—. ¡Que tenía curiosidad por saber cómo funcionaba, dijo, y va, se monta y se estampa contra mi verdulería, el muy pendejo! ¡Y allá que te va el tenderete y las frutas por el suelo! Y ahora ¿quién me apoquina toda esta fruta echada a perder y me recompone el chiringuito, ¿eh?
¡Curiosidad, curiosidad! «¡Que mientras se tiene curiosidad no se es viejo!»— dice el hijo de la gran chingada…
DIARIO DE UN ENFERMO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
¾Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín.
¾¡Tranquila! Solo es selectividad. Por una asignatura que flojees no pasa nada. Y no me hables así que me asustas Mari. ¿Qué has comido?
¾Dos tacos, nachos con guacamole y un burrito… y llevo siete cafés.
¾¡Serás pendeja!
¾Y dos bebidas energéticas… no me siento las piernas.
¾¡Vamos al médico!
En la consulta les atiende el doctor Azorín:
¾Controla “la voluntad”, te lo “confiesa un pequeño filósofo” que ha pasado por lo mismo. No hagas “la ruta de Don Quijote” pasando por “Castilla”. Son consejos, “al margen de los clásicos”.
¾Gracias doctor¾ dijo Mari entre sollozos de alegría, escuchando literatura…
EXAMEN, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
¾Ahí nomás nos vamos a la pinche verga por las pendejadas de Azorín.
¾¿Qué dices hijo?
¾Pues eso. Que el chavo Azorín me dio una cachetada que me cambió el lenguaje. ¡Y mañana tenía examen de inglés!
¾Tienes examen de inglés.
¾¡Pero ya no puedo, chingona! Mira como hablo. Y ponme unas fajitas, que tengo hambre. ¡Ándale, ándale!
¾¡Tengo la solución! Te doy otra bofetada y arreglado.
¾¡Nomás estas tardando, compadre!
La madre le dio una torta fuerza nivel medio.
¾Crec que ara millor. Gràcies mare. Pero l’anglés no m’ha vingut.
Le da otro bofetón fuerza nivel Bud Spencer.
¾¡Ostras mamá! ¡No me siento la boca!
¾¡Eso por mentiroso!¡Y mañana al examen!