Blog

31 OCT

CONCURSO DE MICROS 24-25 DE ALI I TRUC. QUINCENA V

Aquí tenéis los 30 relatos que empiezan con la frase «¿Qué nos retiene en un sitio?», comienzo de "Brujería", de Gonzalo Torné.

Con esta frase, inicio de la novela Brujería, de Gonzalo Torné, deben comenzar los relatos de esta 5ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido un total de treinta relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 1, 2 y 3 de noviembre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 4 de noviembre en Onda Cero Elche.

ACTUALIZACIÓN: Conocido el resultado, desvelamos podio y autoría de los relatos de la semana:

En 3er lugar, con 8 puntos:

LEALTAD, de Felipe Tenenbaum

¿Qué nos retiene en un sitio? ¿Qué fuerza invisible (tal vez, melancólica, quizás, consanguínea) nos envuelve con sus grilletes a mi hermana y a mí? ¿Por qué si allí abajo nuestras amigas chapotean alegremente, de pronto a nosotras nos tiemblan las piernas? ¿Por qué desde arriba el tobogán acuático parece tan empinado y con tantos tubos arremolinados…?

–¡No temas! –exclama Claudia–. Juntas somos invencibles. Nos une el hilo genético de la sangre y de la lealtad. Tres, dos, uno. ¡Saltemos!

Brinco junto a mi hermana. Aterrada. Muerta de miedo. Pero feliz. Feliz de compartir la experiencia con… con… ¡Si será cabrona!

En 2º lugar, con 9 puntos:

VIDA PLENA, de Silvia Espina

¿Qué nos retiene en un sitio? Después de haber dado el paso transcendental de dejar mi espacio, y no sólo mi casa, mi país, sino también un continente, he llegado a una conclusión:

No hay lugar alguno que pueda retenerte si no tienes unos ojos que se iluminan cuando llegas, una risa que te alegre la jornada, unos brazos que te sostengan cuando sufres, y porque no, una mascota que te reciba alborozada.

Esa alianza de hechos y sensaciones se condensan en una simple palabra: hogar… el único sitio que podría retenerme.

Y en 1er lugar, con 10 puntos:

FILOSOFÍA, de Fco Eugenio Crespo

-¿Qué nos retiene en un sitio?

-¿A qué te refieres?

-A que somos humanos. Nada nos puede retener en algún lugar tiempo indeterminado, sin que nosotros queramos.

-¿Es filosofía, eso que observo en ti?

-Se trata de un deseo de libertad, que me traspasa y me envenena cada vez que abro los ojos cada día al despertarme. Por ello me pregunto: ¿qué nos retiene en este sitio?

-Pues nos retiene un atraco a mano armada, pertrechado al mayor banco de Sevilla, con dos muertes a nuestras espaldas y doce heridos. Por eso estamos en este sitio, la cárcel, ¡filósofo imbécil!

El resto de relatos, ordenados alfabéticamente desde el 1º recibido:

ACASO, de Lola Martínez

¿Qué nos retiene en un sitio? Acaso la desgana, la renuncia a la ambición, cuando la razón nos asiste camuflada en la locura.

Me quedaré para siempre en este lugar vacío donde un día todo me fue dado. Así, vivir sin presente ni recuerdos me cobija en la cómoda anarquía de la simpleza. Sin motivación alguna que me obligue a retomar contradicciones. Olvidaré qué es el olvido y no existirán culpas, porque sólo solo, administraré la cordura.

AMOR, de Margarita González

¿Qué nos retiene en un sitio? me preguntaste ayer. Solo puedo decir lo que a mi me pasa.  Vivo afincado en este pequeño pueblo, con mi eterna compañera que nunca deseó salir de aquí. ¿Fue acertada mi decisión? No lo se, no puedo imaginar lo que pudiera haber sido.

En el duro invierno de 1975 yo tenía veinte años y anhelaba conocer mundo. Sucedió que me encontré de frente con los ojos de Ester, y a través de ellos, con su corazón. Quedé atrapado.

Cincuenta años después continúo en el mismo sitio junto a ella. ¿Que qué nos retiene? A mí, el amor.

ANHELOS, de Raúl Zaragoza

¿Qué nos retiene en un sitio tan violento y cruel como este mundo? Salgamos y gritemos al viento que nos traslade hasta un universo de paz y felicidad, donde impere la armonía y solo existan concordia y buenos sentimientos; donde la envidia, la avaricia, el odio, el rencor, la marginación, la guerra, las armas, la destrucción… solo sean palabras inexistentes imposibles de descubrir; donde el amor brote en los árboles como fruta fresca.

Desgraciadamente nos retiene la falta de alternativas y solo la más lúcida de las imaginaciones nos puede permitir evadirnos de la realidad… aunque sea temporalmente.

BENDITA RUTINA, de Fco Eugenio Crespo

-¿Qué nos retiene en un sitio escribiendo relatos, en lugar de una novela?

-Es curioso, yo también me lo he preguntado. Pero no puedo dejar de hacerlo.

-Yo tampoco. Me recorre un cosquilleo por el cuerpo, cada dos semanas, cerca del límite de entrega… y los escribo.

-La adrenalina se te escapa por los poros. Al principio era por la competición, también por el libro, pero ahora …

-Bendita rutina.

-¡Correcto! ¡Y eso que siempre ganan los mismos!

-No desean savia nueva las centenarias palmeras, no sea que jóvenes dátiles irrumpan en sus fronteras.

CIEN AÑOS DE PERDÓN, de María Bastida

-¿Qué nos retiene en un sitio, quiero decir, en este sitio? -dijo angustiado el ayudante del jefe.

-Estamos vigilando –contestó con apremio el que dirigía la misión.

-Perdone pero, no me ha dicho a quién estamos vigilando.

El jefe, molesto, contestó con desgana:

-Vigilamos a los que nos están vigilando, limítese a seguir mis instrucciones.

Al ver el camino despejado, el de mayor rango comunicó al subordinado que era el momento de cruzar veloz la pasarela.

Una voz potente les dejó paralizados:

-Alto ahí, dejad en el suelo la carga y manos arriba.

-Señor, ya le advertí que no era buena idea robar a la mafia.

CONDICIONANTES, de Paquita Márquez

—¿Qué nos retiene en un sitio, madre? A ti es posible que te retengan los recuerdos, que te aten las emociones vividas, pero yo noto que mis pies piden caminos por los que andar, necesito que el mundo se me ponga en los ojos, en las manos, en la boca, hasta en la nariz. Quiero escuchar otras vidas y guardar sus sonidos, sus aromas y sus imágenes en el corazón. Quiero sentir nuevas y emocionantes sensaciones… Y no necesitaré gran cosa para hacerlo: ¡Recorreré el mundo en bicicleta!

—¡Claro que sí, hijita! Pero antes deberás aprender a pedalear, y sin «ruedines»

CONFINADO, de Raúl Zaragoza

¿Qué nos retiene en un sitio? Quizá debiéramos decir quién. No temo al lugar, sólo a la persona que nos mantiene en este insufrible cautiverio.

Eso pensaba antes de que nos separaran y me viera encerrado en tan lúgubre y reducido espacio. Gritar no me servirá, tal vez simplemente esperar, atado poco más puedo hacer. Sí, eso va a ser, la esperanza nunca se pierde… pero ese olor a tierra fresca y madera carcomida no me da buena espina. La oscuridad predomina en la estancia y tumbado tampoco puedo hacer más. Por favor ¿podéis ayudarme? No sé dónde estoy.

CONVERSACIONES ESPIRITUALES, de María Bastida

¿Qué nos retiene en un sitio si no son nuestras raíces? Dime hijo.

—Padre, tiene que alimentarse, lleva días sin comer y necesita recuperar energías, madre también está preocupada.

El encorvado anciano negó con la cabeza, se tomó un tiempo, que parecía deslizarse lento, antes de proseguir.

—Ningún alimento sacia ya mi alma. He visto los cuatro horizontes, y no hay lugar que me retenga si no estáis conmigo.

—Ahora —continuó—, navego por mares desconocidos, mi final está cerca. Allanadme el camino, pronto volveremos a estar juntos por toda la eternidad.

Cerró los ojos antes de que la imagen de su hijo se desvaneciera y exhaló.

DARÉ TESTIMONIO EN SU MOMENTO, de Lola Martínez

¿Qué nos retiene en un sitio?

Sometido a los duros sacrificios de la existencia, tras conocer pueblos hospitalarios, tierras inhóspitas, playas paradisíacas, orillas concurridas o desiertas de ríos y meandros largos y cortos, atravesar duros andurriales desérticos, colinas suaves, montes escarpados; sufriendo miserias físicas y vacíos de espíritu, presiento que alcanzaré El Meridiano Dorado. Lugar idílico donde podré medrar el resto de mi vida disfrutando de filosofías desconocidas que confortarán mis días y mis noches.

Pregúntenme entonces.

DIFÍCIL MISIÓN, de Paquita Márquez

—¿Qué nos retiene en un sitio como el Olimpo? —comentó Euterpe—. ¿No es buen momento para repartir entre los humanos el amor por la belleza, la elocuencia y dar importancia a la tolerancia y la generosidad para sentirse plenamente libres?

—¡Sí! —dijo Urania entusiasmada—. ¡La tecnología avanzada a la que han llegado les ayudará a ampliar horizontes y podrán llevar armonía, igualdad y paz a toda la Tierra!

Las musas asintieron y decidieron mejorar el mundo. Erató eligió el extremo occidental de Europa. Se presentó en una asamblea a tiempo de escuchar las palabras que lanzaba aquel líder:

—¡Donde pago, cago!

Horrorizada, decidió abandonar su cometido…

DISTRA-ÍDO, de Isabel Núñez de Arenas

¿Qué nos retiene en un sitio?

¡Ostras !¡Menuda preguntita! ¡Me dije leyendo tu WhatsApp, maestro!

 Dubitativo me pregunté qué me retenía aquí, y de pronto, me asusté al escuchar el estridente claxon de un coche. Recuerdo, como en una nebulosa, que di un respingo y lanzado como por un resorte estallé contra el parabrisas.

Estoy en el hospital. Me dicen que crucé el semáforo en rojo. Sé la respuesta, maestro, no es un lugar, no, estoy retenido en todos, doblegado a los dictados del móvil. Es mi puto amo.

Ahora mi sitio es una silla de ruedas.

DOCENCIA, de Raquel Zaragoza

«¿Qué nos retiene en un sitio?», me preguntaste en tu última carta. Amiga, sé que te sientes decepcionada. La docencia no siempre resulta tan gratificante como esperábamos. Sin embargo, recuerda que «lo que nos duele es lo que nos importa». Ser maestra es mucho más que dar clase de Historia. A menudo, la prioridad es enseñarles a construir los cimientos de su propia historia.

¿Qué nos retiene en un sitio donde nos ignoran? ¿Y tú me lo preguntas? Nos retiene la conciencia de sentirnos necesitadas, de saber que en ese colegio tan incómodo es donde más falta hacemos.

EL PESO DE LA MESA, de Carlota Cerdán

—¿Qué nos retiene en un sitio?

—Yo creo que las mesas. La nuestra era blanca. Con el tiempo, mi madre empezó a pasar las noches con la cabeza posada sobre ella, como si esa madera fuera lo único que la sostenía. Después la pintaron de rojo, pero desentonaba tanto que tuvieron que taparla con un mantel que me daba dentera. Las sillas comenzaron a descascararse y a pinchar las piernas. Nos acostumbramos a esa incomodidad, a esa textura desagradable bajo las manos y a los arañazos en las piernas, mientras nos retenía allí, alrededor, porque las mesas no son tan fáciles de reemplazar; sostienen demasiado peso.

EtÉREa, de Felipe Tenenbaum

¿Qué nos retiene en un sitio? «Absolutamente nada», pensó y le bastó con hacerlo para empezar a moverse. Para sentirse liviana. Casi etérea. Durante varios kilómetros huyó de su hogar, de su pasado y de sus cadenas.

Y así siguió haciéndolo hasta su destino. Plenamente convencida de que la voluntad todo lo puede. De que ninguno de sus pesadísimos pasos contravenía y violaba antiquísimas leyes que los hombres había impuesto a las de su condición. Incluso, cuando se postró a los pies de Mahoma, la montaña seguía ignorando que su viaje, audaz como el de toda prófuga, acaba de dar a luz un proverbio universal.

FRONTERA DE HUMO, de Fco Eugenio Crespo

-¿Qué nos retiene en un sitio?

-El tabaco, papá. Si no fumaras, estaríamos viviendo en cualquier otro sitio del país.

-¡Tonterías! Tampoco sería libre si no fumara, porque eso es lo que quiero.

-Por si no te has dado cuenta, solo disponemos de tres kilómetros cuadrados para vivir. Acotados para los fumadores. Yo estoy aquí solo por ti, porque ni siquiera fumo.

-¡Se acabó! Cogemos el coche y nos vamos.

-¿Atravesando la frontera? Eso es imposible. Nos harán una cooximetría pulmonar.  Si sale positiva, liberando monóxido de carbono, nos detendrán. Y si nos damos a la fuga... nos fusilarán.

FUGA, de Raúl Zaragoza

¿Qué nos retiene en un sitio así? - Se decían los unos a los otros - Ya es hora de decidir nuestro propio futuro. Llevamos años encerrados en este mundo idílico, pero idílico ¿para quién? ¡No, éste no es nuestro sitio, ya no! Ahora es el momento, unamos nuestras fuerzas y rompamos las barreras, ¡juntos lo conseguiremos, Grrrrr!

Así terminó su intervención el líder del grupo, el Rey, el león. Ese fue el detonante que hizo posible la auto liberación de los habitantes de aquel zoo… sus animales.

GALLINA, de Paquita Márquez

—¿Qué nos retiene en un sitio así, tan cutre, tan oscuro…?

—Aquí pueden solucionar nuestro problema. Ya lo hablamos… Anda, entra, no temas…

—¿Tú no vienes?

—Yo espero aquí…

La colocan en la camilla, le dan un brebaje dulzón, le dicen que se tranquilice y se relaje, pero ella tiembla de miedo. Colocan sus pies en los estribos, la cubren con una sábana y la curandera le introduce de golpe la larga aguja…

El grito se ha escuchado por todo el edificio. En la habitación contigua, el hombre que espera lanza un suspiro y, aliviado, se coloca el alzacuellos blanco y se va sin hacer ruido.

HALLOWEEN, de Raquel Zaragoza

¿Qué nos retiene en un sitio? Un sitio tan aburrido este, en el que ya no se celebra ni Halloween.

No siempre fue así, hubo un tiempo en el que los chavales amenazábamos con morder a los vecinos que no nos dieran dulces; ellos corrían y gritaban, mientras nosotros nos partíamos de la risa.

Ahora que las calles están vacías y las puertas cerradas, esta fiesta se ha quedado en nada. Salir solo no tiene gracia. Cansado de arrastrar los pies por la hojarasca, regreso al viejo cementerio del pueblo abandonado…, y me meto en mi lápida.

INTERESTELAR, de Mariam Vicente

¿Qué nos retiene en un sitio? ¿Qué hilo me ata aquí? ¿Es el mismo que me trajo desde la dimensión en la que dormía una eternidad infinita? No lo sé. Siento que algo me arrastra de vuelta al negro espacio de las almas olvidadas, aquellas en las que ya nadie piensa porque quien las pensaba ya no está. Solo ella me ligaba a este lugar. Mi madre. La que me gestó nueve meses para al final dar a luz a un bebé muerto. Ahora ella se ha ido, y la tenue luz de mi pequeña alma vaga de nuevo buscando un mundo en el que anidar.

LA ESTACIÓN, de Raquel Zaragoza

«¿Qué nos retiene en un sitio?», fue la pregunta existencial que surgió entre dos ancianos…

─Nosotros aquí, y la gente no para de entrar y salir de la estación. ¡Siempre viajando!

─No te quejes. Algunos son universitarios; y otros tienen que desplazarse a su lugar de trabajo. Mírales la cara, el que no tiene sueño está estresado. Tan sólo unos pocos vienen o van de vacaciones.

─¡Vacaciones! Suena bien; pero ya somos viejos para cambios. ¡Ay, compañero…! ¿Qué nos retiene en este sitio?

─El clima y las raíces que nos aferran a la tierra donde hemos crecido.

El viento susurró acariciando a los dos ficus centenarios.

LA VENTANA, de Tarana Oliva

¿Qué nos retiene en un sitio?

Eso mismo se dijo David cuando entró al domicilio donde había vivido 18 años. La venta del piso se iba a realizar en breve; pasó por delante y no pudo evitar subir. Nada más abrir, se paró frente al salón, donde más momentos había vivido. Miró las paredes desnudas, los muebles ya vacíos y el suelo de parquet con señales de todo lo vivido. Durante todo este tiempo no supo decir adiós hasta que Natalia le pidió el divorcio. Abrió el balcón y miró de frente. La ventana iluminada, una silueta detrás de las cortinas… y entonces lo entendió.

LO TENGO CLARO, de Inmaculada Micó

¿Qué nos retiene en un sitio?

Podríamos dar respuestas poéticas y decir que nos retienen los buenos recuerdos, los amigos de toda la vida, la familia…o razones más prosaicas como el trabajo y la hipoteca. Creo que nada de eso es verdad. Lo que nos ata a un lugar no es lo que tenemos, es lo que nos falta. Son los que no están ya con nosotros y permanecerán siempre en ese lugar y en nuestra memoria.

NOCTURNO, de Francisco Ramírez

¿Qué nos retiene en un sitio? Hacía tiempo que la miraba con ojos de cordero degollado: sus hermosos ojos castaños, su larga melena color caramelo, sus andares de geisha... Un maquillaje casi imperceptible agrandaba sus ojos y enrojecía su boca; todo ella formaba una diosa estampa.

Esa chica tiene ángel, dijo refiriéndose a Mari Carmen, la compañera que me sorbía el seso; a mí me sorprendió que el jefe se permitiera este comentario y más que lo hiciera a un jovenzuelo como yo, pero en mi fuero interno reconocí que el puto amo tenía razón.

¡Por nada del mundo dejaría aquel puesto de trabajo!

PETRICOR, de Américo Fojo

¿Qué nos retiene en un sitio? ¿Qué me retiene en este sitio, si todos ya se han ido?

En esta soledad, soy dos personas que se estudian entre sí. No se comprenden, ni siquiera se intuyen.

Pero a ambos nos une esta finca: la vieja casona de paredes encaladas, los horizontes lejanos, silenciosos, los sembradíos, las vides. Mi tierra, oscura madre que no deja que escapen las raíces.

Nubes de lluvias cubren el ocaso. Mañana, las acequias copiarán este cielo, entre el verdor de la huerta… Si pudiera entender porque todavía no me he marchado.

Tal vez será por ese olor a tierra mojada.

ROMA-FIUMICINO, de Tarana Oliva

«¿Qué nos retiene en un sitio?»

Eso mismo se preguntó Marta cuando estaba a punto de coger el avión que le llevaría a Roma. En la maleta llevaba 3 mudas: dos para patear la ciudad y la tercera, era simplemente lencería sin estrenar. Durante meses había planeado reencontrarse con Roberto, aquel ingeniero que conoció en una reunión de trabajo en Madrid. No tuvo que facturar, «ROMA-FCO 19:40». Sacó el móvil para mostrar el billete, al desbloquearlo, un mensaje emergente decía «Marta, su madre ha sido trasladada al hospital. Le espera la acompañante en la entrada de urgencias».

SÓLO QUIZÁS, de Tarana Oliva

«Qué nos retiene en un sitio?»

Las obligaciones, estar al lado del otro, del que me necesita. Querer ayudar, la responsabilidad, la familia, todo menos el amor.

El amor no me retiene, por amor sería capaz de ser libre, de conocer otros lugares, otros sabores, otras personas que me hagan ser yo misma.

Aquí, solo aquí, siento opresión en el pecho, pero no puedo evitar querer estar aquí. No puedo dejar de lado mis responsabilidades, mi familia, mis hijos. Solo quizás, cuando ellos no estén, seré capaz de volar a tu lado.

UNa quincena de incomprensión, de Felipe Tenenbaum

¿Qué nos retiene en un sitio? –pensó Galileo justo antes de replicar al terrible tribunal inquisidor con su famosísimo «eppur si muove». ¿Por qué les asustaba tanto a esos hombres de túnicas oscuras su heliocentrismo copernicano? Nada nos retiene en nuestro sitio. Todo se mueve. Estaba comprobado.

–Señor –clamó el juez del Santo Oficio señalando al audaz científico anciano–, mira desde el cielo y ve a este blasfémico pecador.

Galileo cerró los ojos. No conocía las oxidadas cadenas mentales que retenían al inquisidor en sus penumbras inamovibles pero al menos ya sabía en qué momento estaba anclado. Concretamente, unos quince días atrás.

Volver