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12 DIC

CONCURSO DE MICROS 24-25 DE ALI I TRUC. QUINCENA VIII

Aquí tenéis los 21 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'Un momento de ternura y de piedad', de Irene Cuevas.

Con la frase «Mi madre es divina y suicida», inicio de la novela Un momento de ternura y de piedad, de Irene Cuevas, deben comenzar los relatos de esta 8ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido un total de 21 relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Durante los días 13, 14 y 15 de diciembre pueden ser votados por los autores y resto de público enviando sus puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones, saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 16 de diciembre en Onda Cero Elche de manos de Irene Cuevas.

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el veredicto de Irene Cuevas, desvelamos el podio y la autoría de cada relato.

Finalistas elegidos por el voto de los/as participantes:

DE TAL PALO, TAL ASTILLA, de Felipe Tenenbaum.

Mi madre es divina y suicida. Cuando sale a pasear, parece un ángel celestial. Llega tan lejos y va tan rápido, que juraría que tiene alas. Nuestros rivales creen que es omnipotente. Puede. Aunque tiene un punto débil. Ella, como toda madre, además de divina, es suicida. Por nosotros, sería capaz de entregarlo todo. Incluso la vida. Ahora mismo, por ejemplo, acaba de sacrificarse para abrirnos paso en nuestro viaje hasta el final del tablero. Me enjugo las lágrimas. Doy un paso. Otro. A lo lejos, ya se vislumbra la meta. Siempre he deseado ser como mi madre. Solo me queda una casilla para conseguirlo.

 

EN EL PUERTO DE ALEJANDRÍA, de Américo Fojo.

—Mi madre es divina y suicida —dijo, a modo de presentación, el joven Cesarión al capitán de la galera que lo llevaría desde Alejandría a Siria.

—¿Vuestra madre es adivina? —preguntó extrañado el fenicio, que desconocía la identidad del nuevo pasajero de su nave.

—¡No, no es adivina, es divina! Ella dice que es hija de la diosa Isis: Cleopatra, la mujer más importante de Egipto.

—¿Pero, por qué suicida? —siguió preguntando el marino.

—No lo sé. Mi madre tiene una mente muy complicada. Me aterra esa manía que tiene de criar alacranes y áspides en su dormitorio.

 

Y el relato ganador elegido por Irene cuevas de entre los tres finalistas ha sido:

TERAPIA MILAGROSA, de Paquita Márquez.

Mi madre es divina y suicida. Bueno, era suicida. Ahora sigue siendo divina, pero ya no quiere suicidarse. Desde que papá y ella se fueron a hacer esos cursillos terapéuticos a una clínica especializada, a papá parece que le han dado la vuelta como a un calcetín. ¡Mamá está encantada con el cambio! Ahora papá siempre la hace sonreír: es amable, cariñoso, nunca grita, ni se emborracha, nos ayuda con los deberes y prepara unas comidas riquísimas. Hasta le ha cambiado la cara y parece que ha crecido, ya no es calvo y dice que se llama Albert, no Robustiano como antes.

 

El resto de relatos, ordenados por orden alfabético a partir del primero recibido han sido:

DISERTACIONES POST-MORTEM DE AUGUSTO PÉREZ, de Pablo Navarro Sax.

Mi madre es divina y suicida, afirmo. Divina, pues es mi madre, suicida; pues la muerte de mi padre transformó su razón de ser, sumiéndola en una niebla donde yo, Augusto Pérez, era su faro y única luz. Mas, tras intercambiar unos párrafos con el señor Unamuno me asalta una duda: ¿era madre divina y suicida? ¿Existió siquiera? Yo, producto mental del señor Unamuno, quise ser suicida, mas él me dio muerte. Si he terminado por no ser, ¿era ella? ¿Mató Unamuno a mi madre? Tal vez ella nunca fue más que la sombra de un pensamiento condenado a desvanecerse en la niebla de su creador.

 

FALLO DE CÁLCULO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Mi madre es divina y suicida. ¿Qué le vamos a hacer? Mi hermano y yo tenemos mucha suerte de estar vivos. No porque nos hubiera matado antes mi madre, sino porque no nos ha arrastrado nunca en sus intentos.

Ahora mismo la estoy visitando en el hospital, otra vez, y mientras cojo el informe no doy crédito a lo que leo: «Paciente que se tira al vacío desde un segundo piso, cae en el primer piso, y se vuelve a tirar».

Miro a mi madre, envuelta en su ortesis de columna:

—Hijo, el coñac me sienta mal, y no calculo…

 

GESTACIÓN LETAL, de Raquel Zaragoza Durá.

Mi madre es divina y suicida, pero también es toda corazón. Tiene la mirada profunda, la piel sonrosada y sus abrazos son únicos. Esta es su primera gestación, y sabe que será la última. Tiene un gran cerebro; es muy lista. Sin embargo, su afán por tener descendencia no tiene límites. ¿Qué madre no daría la vida por sus hijos?

Durante unos eternos meses de gestación múltiple, por culpa de una alteración hormonal ha perdido el apetito. Cada día está más débil. Sabemos que en cuanto abramos los ojos, ella morirá. Por eso no tenemos prisa en eclosionar; mientras nos esté incubando…, mamá pulpo vivirá.

 

INCOMPRENSIÓN, de Marcelo Celave Villar.

Mi madre es divina y suicida... por eso dice que no quiere vivir más en este mundo. Nadie la entiende y a mí me genera angustia, desesperación. «Tu propia madre, la persona que más amas, que más te protege, que te dio la vida… se quiere morir». Es como si te dijera: no eres el hijo que esperaba, me voy y que te críen otros...  En mi desconsuelo grito de impotencia:  ̶ ¡No te vayas, siento necesidad imperiosa de tenerte a cualquier precio!...

Pero ella se fue. Yo tardé muchos años en comprenderla; justamente cuando comencé con los antidepresivos que desgraciadamente no existían en su época.

 

LA INFILTRADA, de María Bastida Nova.

Mi madre es divina y suicida. Barbitúricos, dejarse caer por las escaleras, toda clase de melodramáticos intentos fallidos. En realidad, pertenece a una red de espías. Su misión, acceder a un alto funcionario de una potencia hostil, sacar información sensible y liquidarlo evitando un conflicto entre países. Dotada de una belleza espectacular y astucia, logro que se enamorara perdidamente de ella. Al poco tiempo, empezó a simular un trastorno bipolar que la incitaba a atentar contra su propia vida. Tenía la coartada perfecta. Unas gotas de arsénico en la sopa equivocada sería su nuevo intento, nadie sospecharía. Error garrafal, el servicio de contraespionaje intercambió los platos.

 

LA PRENDA, de Margarita González.

Mi madre es divina y suicida, hoy ha conducido a toda velocidad desde Barbastro a Orihuela para traerme a tiempo una casulla para grandes celebraciones. La necesito esta noche para la Misa del Gallo y ayer la olvidé en su casa al salir hacia el aeropuerto. 

Cuando ha llegado a la sacristía con la prenda en sus manos, yo, ¡hijo al fin!, he intentado a reñirle por su riesgo en la carretera, pero no me salía la voz.

Entonces, la he abrazado, dado las gracias y bendecido en silencio, en mis adentros, la naturaleza divina de las mujeres.

 

LA QUIERO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Mi madre es divina y suicida, siendo su dogma: la existencia es efímera. Desde siempre ha intentado controlarse, para dejar constancia de su vida, aunque le ha costado mucho. Ahora estamos en su casa, toda llena de cojines, y el perro la persigue jugando. En algún momento mi madre tropieza y se cae, dándose de cabeza contra un cojín. En un ataque de ira (puesto que ella hubiera preferido hacerse daño) se acerca a la ventana y se tira.

Menos mal que vive en un bajo. Ya me aseguré yo de eso. Voy hacía ella y le ofrezco la mano. Se ríe. La quiero.

 

MANERAS DE VIVIR, de Mariam Vicente.

Mi madre es divina y suicida, parece embrujada, pero es la reina del glam y vive enamorada de la moda juvenil.

Mi madre está divina, programada para el baile, adornada con perlas ensangrentadas. «Déjame, y no controles mi forma de vestir», responde si alguien protesta.

Mi madre es la chica de ayer, la que jugaba bailando el ritmo del garaje en el jardín botánico cuando ellos provocaron la cruz de navajas.

Mi madre siempre dice que las chicas son guerreras y cuando la echo de menos hace chas y aparece a mi lado.

Mi madre es un zombi, pero ¿a quién le importa? Yo soy feliz.

 

MÁS VALE PREVENIR QUE CURAR, de Inmaculada Micó.

Mi madre es divina y suicida. Cuando veas un descapotable rojo con yantas doradas dirigiéndose hacia ti en la carretera, no lo pienses. Da un volantazo y échate a la cuneta. Es ella.

 

PEQUEÑO GRAN PROBLEMA de Inmaculada Micó.

Mi madre es divina y suicida. En realidad, es mi madrastra, pero la quiero mucho. Dice que se quiere morir ya y me ha pedido que la ayude a prepararlo. ¡Qué graciosa! Como si fuera una boda. Y en eso estamos, barajando opciones.

Como es muy especial pone pegas a todo: el veneno no, por si se afea con las convulsiones; tirarse de un puente, descartado, se despachurraría y quedaría desfigurada; tomar pastillas, tampoco, por si no funciona y se le estropea el estómago; de cortarse las venas ni hablamos, con el asco que le da la sangre. Llevamos un mes así. Es muy tiquismiquis.

 

RECUERDOS, de David Monzón.

Mi madre es divina y suicida y un poco loca también. Durante años un ser mágico visitaba mi habitación, dejaba regalos o bonitas cartas bajo la cama, incluso una vez casi logré verlo. Después supe que nunca existió ningún ser mágico. Era ella la que se jugaba, como una suicida, que yo la descubriese y que toda la ilusión e inocencia de un niño saltara por los aires como una pompa de jabón. Pero fue todo lo contrario. Ella me enseñó a creer en lo imposible, aunque tuviera que inventárselo. Volvería mil veces a entonces, bendita y divina locura aquella.

 

SOLEDAD, de Felipe Tenenbaum.

Mi madre es divina y suicida. Incluso si sopla el viento y se le disipan las neblinas, ella ya no es la que conozco. Dudo que entienda lo que hace. Mejor dicho, lo que intenta. La enfermedad la ha convertido en una niña en el cuerpo de una anciana. Tan dulce y tan frágil que desborda inocencia. En ella lo trágico y macabro se convierte en simpleza. En cotidiano. En candor ingenuo. Cortarse las venas para comprobar que su sangre siga siendo roja. Peinarse con un cuchillo. O la peor de todas: contarle al mundo sus desdichas haciéndose pasar por la hija que nunca tuvo.

 

UN PELIGRO, de Silvia Espina.

Mi madre es divina y suicida, de eso no hay dudas. Divina porque es una diosa, con su pelo negro cayendo en cascada, un brillo en sus ojos que encanta y un cuerpo que no representa su edad.

También es un poco pizpireta y le fascina que la admiren y la elogien.

Lo dicen todos mis amigos, que quedan embobados cuando la ven y casi siempre se olvidan de mí.

Y suicida porque dice mi padre que, de seguir así provocadora, la ayudará a tirarse por el balcón.

 

UNA ACRÓBATA SIN RED, de Marcelo Celave Villar.

Mi madre es divina y suicida... porque es capaz de seguir una mariposa metiéndose en la mismísima guarida del lobo si hiciera falta. Porque siguiendo una corazonada empeña su vida al mejor postor sin importarle consecuencias ni víctimas. Ella es, impulso, sentimiento, instinto, pasión… Dice lo que piensa sin pensar un instante lo que está diciendo. ¿Discreción? ¿Prudencia? ¿Disimulo? ¿Mentira piadosa?; no existen en el diccionario de su vida. Porque mi madre tiene algo que la identifica por, sobre todo: sabe que el peor de los riesgos es no arriesgarse. Y en su rebeldía divina y suicida, me enseña que vivir con miedo es no vivir.

 

CAMBIO VOCACIONAL, de Felipe Tenenbaum.

Mi madre es divina y suicida.

Querido Billy,

Corren malos tiempos para los microrrelatistas. Si hace dos quincenas tocaba despedirme de mi padre por exigencias del guion y antes, de mi amada cartera, ahora le ha llegado el turno a mi madre. De seguir participando en este concurso, me quedaré más huérfano que protagonista de película de Disney. Y ya estoy temiendo por mi cabeza. ¿Qué será lo próximo? ¿«Un tractor acaba de atropellarme…»?  Creo que es hora de cambiar a un oficio más seguro. ¿Sabes si quedan plazas libres en la empresa de desactivación de bombas que dirige tu primo?

Con cariño,

Un microrrelatista acojonado

 

CAPRICHO DEL DESTINO, de Inmaculada Micó.

Mi madre es divina y suicida. Es maravillosa pero pasa de la luz a la oscuridad en segundos. Desde que tengo uso de razón, he pasado la vida protegiéndola de sí misma. Es agotador, pero qué voy a hacer, es tan frágil. A veces no ve otra forma de acabar con el sufrimiento y… Hoy en la calle lo ha vuelto a intentar. Afortunadamente la he cogido a tiempo.

Ahora está llorando, siempre lo hace cuando pasa todo. Hay personas hablando también.

—¡Qué desgracia!

—¡Es terrible! Siempre cuidando de su madre y es ella la que acaba bajo las ruedas del autobús.

 

CONCATENACIONES, de Paquita Márquez.

Mi madre es divina y suicida. Lo de divina le viene de cuna, lo de suicida por aquel accidente que la dejó sin piernas y sin ganas de vivir. Ella, que era luz, ahora es oscuridad. Cada día y cada noche me torturan sus intentos de huida, las inequívocas señales del peligro, los ecos de sus escandalosos lamentos por las frustraciones… Y me odio por ser incapaz de consentir y poner fin a todo. Aprieto los puños para no hacer nada, pero mis manos se abalanzan sin querer, sin que yo consienta, y la obligan a regresar del sueño, a volverla de nuevo a la vida…

 

DE PELÍCULA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Mi madre es divina y suicida. Todo ello porque sus ideas estrafalarias han salvado la industria del cine. La última historia tuvo relación con mi padre. El llegó a casa, con una sorpresa envuelta, y le propuso a mi madre un acertijo para poder entregársela. Ella reaccionó mal y le preguntó que qué le ocultaba. Deseaba abrir la sorpresa inmediatamente, y mi padre accedió, pero mi madre salió de casa corriendo y pidió un taxi. En la autovía abrió la puerta y se tiró en marcha. Unas magulladuras, huesos rotos, y vuelta a casa. A empezar de nuevo. Otro guion para una peli. Es divina.

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