Con la frase «Muerte por todas aprtes», inicio de la novela Victorian Psycho, de Virginia Feito, deben comenzar los relatos de esta 11ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido un total de 24 relatos que os presentamos ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido. Hasta el 2 de febrero a las 14:00 pueden ser votados enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 3 de febrero en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, desvelamos autoría y podio de los relatos.
En segunda y tercera posición tenemos un empate a 6 puntos deshecho por el voto del público. De forma que en 3ª posición:
¡ABORTAD LA MISIÓN!, de Marcelo Celave Villar.
Muerte por todas partes... fue horrible. Axel, León, Iván, yo… todos los compañeros que venían en retaguardia. Dos semanas intentando salir de estas celdas, cuando por fin sentimos unos movimientos vertiginosos y escuchamos un «flop…flop…flop»: la compuerta se abrió. —¡¡¡Por fin salimos chicos!!! Corrimos frenéticos codeándonos, zancadilleándonos entre nosotros… Pero yo noté que algo no iba bien: había unas barreras como de moco en el túnel que nos dificultaban avanzar. Luego de gran esfuerzo Iván y yo conseguimos llegar primeros…, nos encontramos la desolación….
Ni un solo óvulo había salido de su ovario. —¡¡¡Intentad retroceder!!! —Empecé desesperadamente a gritar… pero era tarde. ¡Malditos anticonceptivos!
Y en 2ª posición:
DAÑOS COLATERALES, de Mariam Vicente.
«Muerte por todas partes», pensó desolado a las 08:55 el agente encargado del atestado.
08:45 Ana conducía camino a la guardería de su hijita cantando ambas a voz en grito el pollito pío.
08:46 Juan salía exultante de la consulta y se paraba en el semáforo mirando el parte médico que le confirmaba la remisión del cáncer.
08:47 María caminaba rumbo a la universidad a comenzar el grado, pensando ilusionada en el chico que acababa de conocer.
08:48 Luis estaba seguro de que su vida era una mierda y aceleraba saltándose el semáforo rojo.
08:49 Sobre la calzada quedaron canciones, apuntes y futuros destrozados.
Y relato ganador con 9 puntos del resto de participantes, nuestra campeonísima Paquita Márquez con:
DESESPERANZA
Muerte por todas partes, eso ha quedado tras el devastador incendio. Muerte, destrucción y cenizas. Éste era mi barrio. Ahí estaba mi casa, mi jardín, mi vida… Y ahí están mi mujer, mis hijos, mi perro… Consumidos y abrasados, pero están. Yo sigo buscando con desesperación… y no me encuentro.
El resto de relatos por orden alfabético a partir del primero recibido:
NO TENGO DEVOLUCIONES, de Carlos José Esguevillas González.
Muerte por todas partes. Fue lo que encontré al llegar a mi nuevo trabajo. Estaba nervioso, pero el anuncio era prometedor: «Empresa líder en paquetería busca visitador. Amplia cartera de clientes». Así que me presenté en aquel cementerio. Un tipo coloradote, de barba puntiaguda, leyó mis referencias: atracador, recursos humanos, político… —Tienes don de gentes—dijo—. El puesto es tuyo.
Y aquí estoy, yendo y viniendo, conociendo gente, viendo mundo. Recibo bastantes quejas, pero como van a otro departamento, estoy encantado con el curro. Bueno, menos con el uniforme. Como soy muy flaco, me queda grande y a veces se me enreda la guadaña.
PASAJE AL INFIERNO, de María Bastida Nova.
Muerte por todas partes, las salpicaduras en las paredes llegaban hasta el techo y el hedor era insoportable. Parecía que se había desatado el infierno en aquella casa. Un espejo, testigo mudo de lo ocurrido, llamó mi atención. Al acercarme sentí una fuerza que empujó mi cara contra el cristal, y una voz, como salida de ultratumba, susurró que el diablo había recibido mi tarjeta de visita, pronto lo conocería. Desde el fondo del espejo vi emerger unas sombras aterradoras y mi imagen reflejada con un hacha ensangrentada en las manos. Regresé a la habitación y me quedé dormido, ya no desperté.
PLIEGUES EN EL TIEMPO CON V DE VENDETTA, de Paquita Márquez.
Muerte por todas partes es lo que vimos al entrar tras escuchar los disparos. Aún humeaban los revólveres y los charcos de sangre seguían extendiéndose, pero ni siquiera pudimos comprobar si alguien vivía aún. Cuando el forense llegó, no halló el modo de levantar ni uno solo de los cadáveres. Y ahí siguen, pudriéndose al otro lado del espejo…
REGENERACIÓN URGENTE, de Lola Martínez Lorenzo.
Muerte por todas partes, dije alzando la voz, como tarjeta de presentación antes de desplegar el catálogo. El efecto fue instantáneo. En los intentos anteriores por mostrar mi abanico de oferta no obtuve la más mínima atención.
Ya me ha llegado el contrato para formalizar la operación, sin escatimar ni una de mis exigencias, incluso con algún plus añadido por inmediatez. Mañana mismo empiezo a seleccionar por orden de prioridades.
RESURGIR, de Raúl Zaragoza Cuello.
Muerte por todas partes es lo que quedó tras el fuerte destello, rematado por un ensordecedor estruendo. En el exterior, los restos de lo que antes fuera cualquier tipo de vida humana, animal o vegetal cubrían el terreno con un tétrico manto de podredumbre. La destrucción era total y únicamente parecía haberse librado aquel majestuoso frutal que, con sus seductores manjares estivales, ya solo le provocaba repulsión. Quizá eran los únicos supervivientes… - ¡Eva! - gritó abrazándola al salir de la cueva – ¡no debimos hacerlo! – murmuró Adán con amargura.
Culpables, quedaron contemplando el manzano, mientras la serpiente se enroscaba en su tronco con indiferencia.
TITULAR, de Margarita González.
“Muerte por todas partes”, así se resumirá nuestra era en los libros de historia del futuro.
- ¿Libros? -, - ¿historia? -, - ¿futuro? -.
Las expectativas de setenta y cinco años con incendios imposibles de apagar, eliminando el oxígeno; con ciclogénesis explosivas y sus destructivas consecuencias – lluvias, riadas, granizadas y tornados -, con erupciones volcánicas y tsunamis arrasando por todas partes y, con las guerras imparables de los humanos en los cinco continentes, es preciso imaginar el final de este siglo con el título de “Muerte por todas partes”.
Otra opción: “Vida y expansión de escorpiones y cucarachas”.
ÚLTIMO EN LLEGAR, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Muerte por todas partes. Eso es lo que presencié al llegar al restaurante. Seguramente llegué de los últimos. Eso fue lo que me salvó. Los manteles de las mesas estaban teñidos de rojo. Comensales tumbados en el suelo en formas imposibles. La cena estaba servida, apenas se había probado bocado. Entre arcadas me giré para escapar del horror y llamar a la policía.
Un payaso estaba frente a mi. Riéndose horriblemente sacó un enorme cuchillo cubierto de sangre.
No pude más y me desmayé.
David, preocupado, se quitó la máscara, y los invitados se incorporaron sonriendo.
Era la velada gastronómica, sobre Stephen King.
CRÓNICA REAL DE UNA GUERRA CIVIL, de Raúl Zaragoza Cuello.
Muerte por todas partes, entre explosiones, cenizas y escombros, se hacinaban cadáveres de compañeros, amigos, familiares… incluso al otro lado del frente. Combatíamos contra nuestros vecinos por causas que ni los que nos dirigían podían comprender; quizá aquellos que se mantenían a salvo lejos del fuego conocían sus egoístas motivos. Afortunadamente, una bomba explotó cerca… y digo afortunadamente porque, a pesar de la metralla que impactó en mi cuerpo y que aún sigue ahí, supuso poder regresar a casa con la familia.
—¡Cuéntame abuelo, cuéntame más!
No hay mucho más que platicar, sólo que aprendáis la lección para que jamás vuelva a suceder.
CUESTIÓN DE PERSPECTIVA, de Felipe Tenenbaum.
Muerte por todas partes. Lo peor de estar aquí es que se te olvidan las cosas. De pronto, ya no sabes cómo respirar. Si solo tenías que abrir la boca o debías hacer algo más para inhalar. Además, ya no recuerdas comprar empanadillas en el súper ni acariciar los pétalos de tus azaleas. En lugar de cumplir con tus rutinas, te la pasas tiritando en el ataúd, amasando la muerte por toda la eternidad. Por suerte, las voces junto a tu fosa te consuelan con su sabiduría ancestral: estar vivo tampoco resulta tan práctico. No solo recuerdas todas tus tareas pendientes. Además, debes realizarlas.
EL CASTILLO, Américo Fojo.
Muerte por todas partes, sangre derramada en las piedras de los muros, formando un cenagal de espanto sobre el adarve, sembrado de cadáveres, yelmos y escudos destrozados.
El alcalde del castillo de Santa Bárbara, don Nicolás Peris, con la espada en una mano, las llaves de la fortaleza en otra y la mirada perdida en ese puerto de mar que había defendido tantos años, cayó de rodillas herido de muerte.
A una orden de Jaime de Aragón, intentaron arrebatarle las llaves, duramente aferradas por la mano del caballero muerto, pero nunca lo lograron… ni siquiera hoy, cuando su fantasma recorre silenciosamente las almenas.
EL CEMENTERIO, de Raquel Zaragoza Durá.
Muerte en todas partes. En este cementerio ya no caben más muertos.
Mientras el viento susurra cantos gregorianos, los cipreses se mantienen firmes escoltando el último sendero…
Y yo solo. Solo y también muerto, ¡muerto de miedo! Mi madre piensa que soy demasiado joven para estar aquí, y quizá tenga razón, pero no siempre se puede elegir. Lo peor son las noches, se hacen eternas en un lugar tan lóbrego.
Aunque tembloroso, con la porra en el cinto de mi uniforme nuevo, cada noche, recorro el recinto del viejo cementerio, hasta que amanece, termina mi turno y me releva un compañero.
ENTERRADOS, de Raúl Zaragoza Cuello.
Muerte por todas partes contemplaba Toni en el cementerio. Solía informarse del entierro realizado cada día para después buscar entre nichos. Esa noche, lo localizó descubriendo la lápida con una puerta abisagrada que no le costó abrir. Sería sencillo desvalijar aquella tumba, pensó, y además como el ataúd corría sobre raíles, pudo sacarlo fácilmente. Lo abrió, asombrándose de encontrarlo vacío y descubrir su nombre inscrito en la lápida. Del sobresalto tropezó, cayendo dentro de la caja y su tapa sobre él, mientras los raíles la devolvieron al interior.
Un vendaval cerró la lápida de golpe…
¿Casualidad… o aquellos muertos que profanó lo esperaban ansiosos?
ESCAPE PAST, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Muerte por todas partes. En eso consistía este Escape Room que estábamos haciendo los tres. Desde que empezamos hasta ahora llevábamos doce muertes, la mayoría de ellas por asesinato, que lógicamente había que descifrar. Ya estaba cansado de tantas muertes, sólo quería salir al aire libre. Dos horas y media de masacres sin sentido era suficiente. Me dirigí hacía Juan, para expresarle mi deseo. Pero al darme cuenta de que no se movía le giré la cara, descubriendo que estaba muerto. Sus ojos abiertos miraban sin expresión.
Me dirigí hacía la puerta, pero Miriam me detuvo.
—¿Te acuerdas de cuando me hacíais bullying?
ESTRATEGIAS, de Paquita Márquez.
—Muerte por todas partes —se dijo el veterano minino—. Desde la llegada a casa de Bitter, ese cachorrito de cocker spaniel que trajeron el otro día los Reyes Magos, todo es muerte en este cuarto de juguetes: peluches sin relleno, legos hechos polvo, muñecos sin cabeza o sin piernas, cuentos meados y destrozados… (¡menudo disgusto se va a llevar el chaval, con lo que le gustan…!) Con suerte, de hoy no pasa sin que se deshagan de semejante chucho invasor—sigue razonando para sí mismo el astuto felino, mientras esconde sus maltrechas garras…
EVASIÓN FALLIDA, de Felipe Tenenbaum.
Muerte por todas partes. Basta con mirar el telediario para descubrir que el mundo está preñado de infinitas defunciones. Anónimas y evitables la mayoría. A veces tengo ganas de imitar a esos intelectuales que se esconden en su torre de marfil y tomarme el día libre para leer (tirado en la cama) todos los clásicos que pueda con la tele desenchufada y el móvil apagado. ¡Muy lejos de tanta noticia necrófila! Creo que empezaré por aquellas deliciosas coplas de un tal Manrique que me ha recomendado mi ex. ¡Y yo que creía que me guardaba rencor desde nuestra ruptura!
INCENDIO FORESTAL, de Raquel Zaragoza Durá.
Muerte por todas partes. El monte se ha convertido en un infierno de donde no puedo escapar; el fuego avanza devorando los animales y plantas que lo alimentan. Y yo me encuentro rodeado por un ejército de árboles calcinados que piden venganza; mientras que el viento sopla furioso porque ya no puede bailar con sus ramas. Ya no se escuchan trinos de pájaros. Ahora solo rompen el silencio mis gritos y el crepitar de las llamas.
Soy culpable. Lo sé: «Fumar es peligroso para la salud y hacerlo en el monte… ¡mata!»
INFORMALIDAD EMPRESARIAL, de Lola Martínez Lorenzo.
Muerte por todas partes. Como te lo digo. Dormitorio, baño, entrada… Ya tengo la casa para mí sola pero, qué asco, me lo pusieron todo perdido ¡Que hasta la tarde no podrían venir!, me dijeron tan tranquilos, y porque insistí diciendo que era imposible hacer vida normal en casa. Han huido despavoridos, como si nunca hubieran visto sangre. ¿Tú crees que es normal? ¿Qué clase de empresa de limpieza es esa? Te dejo, que enseguida puse la denuncia y no debo ser la única, porque llegan varios coches de policía con las sirenas a todo trapo. Espero que tomen buena nota de tanta informalidad.
LA EDAD IMPORTA, Silvia Espina.
Muerte por todas partes, rostros aletargados por la angustia, ojos vacíos que miraban al nuevo grupo de prisioneros bajando de los grises vagones de carga por las rampas de madera, empujados y golpeados por soldados, tan insensibles como el viento helado que azotaba los muros.
Un hombre de ropa a rayas se acercó a Miriam, recién llegada, y en un momento de distracción de los guardias, le dijo: —¡Si eres menor, di que tienes 18 años!
¿Qué podía importar la edad? —se preguntó ella. —Con el tiempo aprendió que era la diferencia entre la vida y la muerte en los hornos de Auschwitz.
LA PISCINA ROJA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Muerte por todas partes. No podía creer lo que veía. Como todos los martes fui a la piscina del pabellón. Estaba nadando cuando empecé a escuchar gritos ahogados. Casi sin darme cuenta percibí que el agua de la piscina se estaba tiñendo de rojo. Al salir de ella descubrí, horrorizado, cuerpos de bañistas en el suelo, entre charcos de sangre. Seguía escuchando gritos. Dirigí la mirada hacia la fuente y pude observar a dos chicas corriendo hacía el vestuario. Un hombre las seguía, cuchillo jamonero en mano, profiriendo insultos. Las alcanzó. Me decidí a hacerme el muerto, tumbado entre cuerpos.
Por ello puedo contarlo.
LLEGÓ LA HORA, de Francisca Antón Tena
Muerte por todas partes, a cada paso a cada instante. Se sabía que ocurriría tarde o temprano. Lo avisaron.
Vi el humo y me sobresalté: ojos apagados en caras marchitas, llantos mudos, incrédulos envejeciendo por momentos y arrastrando las pisadas para retrasar el momento.
Unos cargaban en mochilas los que tenían, otros bajo los brazos. Los policías entrando en las casas a por los rezagados. Todos debían lanzar sus libros a la pira que ardía en la plaza.
―¡Nos ha sobrevenido la muerte quitándonos la lectura!―clamaban impotentes
―¡Las letras para soñar!¡a trabajar!―acallaban los policías.
¿Se puede acaso sobrevivir sin cultura?
NECROFEROMONAS, de Felipe Tenenbaum.
Muerte por todas partes. O mejor dicho, sangre (que es el ketchup que las parcas untan sobre los fiambres cuando devoran sus cuerpos, almas y sueños). El matadero, triturador de nostalgias animales, parece una enorme tinaja de tripas, carne y expiación flotando sobre un sangriento Flagetonte.
Por semejante mausoleo, se pasea el carnicero, mi padre, cada mañana con puntualidad anglosajona (que también es algo sanguinolenta). Mira las reses partidas en dos, hunde sus narices en las vísceras más frescas e inhala su hedor como si fueran jazmines en la florería. Luego, escoge dos y nos volvemos a casa, inexplicablemente, pletóricos de vida.