Con la frase «Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio», inicio de la novela Fuego en la garganta, de Beatriz Serrano, deben comenzar los relatos de esta 13ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido 29 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. Hasta el domingo 2 de marzo a las 14:00 pueden ser votados enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 3 de marzo en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido rel resultado, desvelamos pocio y autoría de los relatos:
Hubo un triple empate en la tercera posición, con los siguientes relatos:
FUGACIDAD, de Paquita Márquez
Dicen que para contar una historia, lo mejor es empezar por el principio. Ella despertó cuando el sol empezaba a acariciar la tierra con sus rayos. Desplegó sus bellísimos pétalos de un intenso rojo aterciopelado y empezó a mecerse al compás de la brisa que movía aquel mar de espigas en brillantes olas doradas. Destacaba entre ellas como un precioso rubí en cama de oro. Cuando el labriego la descubrió, se acercó y, agarrando el esbelto tallo con rudeza, la arrancó de raíz.
LO PEOR, AL FINAL, de Paquita Márquez.
Dicen que, para contar una historia, lo mejor es empezar por el principio. Ésta empezó en el espectáculo de magia al que fuimos mi mujer y yo. Cuando el mago pidió un voluntario para hacerlo desaparecer, mi mujer se empeñó en que subiera. Ya en el escenario, comprendí mi error al descubrir las miradas cómplices que se dedicaban el mago y mi mujer. Pero era demasiado tarde, acababa de tocarme con su varita y me vi envuelto en una espesa niebla helada. Y aquí sigo, en este desierto helado convertido en estatua de hielo desde hace horas... Y lo peor es que tengo un oso polar intentando descongelarme a lametones…
MI HISTORIA CON MÓNICA, de Marcelo Celave Villar
—Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio…
—Ahhh… pues bien: mira, hace 14.000.000.000 de años una explosión de energía fenomenal dio origen al universo. Pasados 10.000.000.000 de años se formó nuestra tierra, sí, la que con tanto empeño queremos destruir. Luego, los primeros homínidos aparecieron hace 7.000.000 de años. A partir de ahí es historia conocida: los Neandertales evolucionaron 400.000 años atrás y finalmente nosotros, los Homo Sapiens 40.000 años llevamos ya. ¡Bueno!... he aquí precisamente que conocí a Mónica hace 37 años. Una mañana fría…
—Espera, espera… ¿qué tiene que ver todo eso de los Neandertales?
—¡Joder! Me pediste tú que empezara por el principio, ¿no?
También entre los finalistas quedó:
LA VID, Silvia Espina.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Recuerdo que un cálido verano, bajo la sombra de un árbol, calmé mi sed con mi vieja bota de cuero, fiel compañera de caminatas.
Cerré los ojos y soñé que un caudal de vino fluía serpenteante entre las rocas y se transformaba en pequeñas esferas transparentes.
Estas fueron formando racimos apretados que se abrazaban a las vides, en perfecta simetría.
Como un torbellino, los vástagos aspiraron sus propias hojas; desaparecieron zarcillos y sarmientos, resumiéndose en un vital brote verde que desapareció en el rudo suelo del viñedo.
Ahora, que releo esto, ¿habré contado la historia al revés?
Y el relato ganador, según la elección de Beatriz Serrano, finalista del Planeta:
UN NUEVO ORDEN, de Paquita Márquez
Dicen que, para contar una historia, lo mejor es empezar por el principio. El principio de ésta fue la expectación originada ante la era entrante. Empezó de golpe, con pasos firmes y agresivos, poniendo su Lógica al servicio de machos sedientos de poder. Y esa Lógica dice que lo que no resulta útil, es una rémora de la que hay que desprenderse. La amistad, la empatía, la generosidad, el compromiso, la honestidad, la compasión, son emociones en decadencia que ya no sirven para nada. La Naturaleza es sabia y, lo que no sirve, tiende a hacerlo desaparecer. El nuevo orden funciona: acaba de nacer el primer bebé sin corazón.
El resto de relatos, ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido:
VOLVER A EMPEZAR, de Jerónimo Hernández de Castro.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. No estoy muy seguro. El hecho de que ahora esté muerto, envenado por mi mujer, en la cena de aniversario; poco tiene que ver con aquella tarde en que nos besamos bajo los almendros, en nuestra primera cita.
O quizá sí. En la estupidez bobalicona de aquellos años sellamos con gotas de nuestra sangre el documento que simbolizaría nuestro amor eterno. Siempre lo llevo en mi cartera. Una muestra con mi ADN y otro que coincidirá con el de la saliva de la asesina, que rozó el borde de mi copa sin probar, como es lógico, su contenido.
A RAJATABLA, de Felipe Tenenbaum.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio y no dilatarse mucho.
Fin.
ALZHEIMER, de Raúl Zaragoza Cuello.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Pues no me queda mucho tiempo ni mucha memoria para detalles, mis queridos nietos, pero lo primero que recuerdo era a mi madre bañándome en un barreño de zinc… yo debía tener unos tres añitos. Ahora solo tengo vagos recuerdos aislados de algunos momentos de mi vida, incluso me cuesta recordar el día de ayer. Hoy, que cumplo cien años, tengo que admitir que en ciertas ocasiones no me reconozco ni a mí mismo, lloro impotente al no recordar a los que más me quieren y… y… pero… ¿quiénes sois vosotros…. dónde está mi madre? ¡mamaaa, mamaaa!
AMISTAD ETERNA, de Margarita González.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. La conocí en un vuelo de Iberia Alicante - Madrid en 1985. Adivinó mi tristeza y me ofreció ayuda. Las lágrimas se me hicieron cascada y entre sollozos le conté mi pena.
Me escuchó y luego dijo: ¡Llora cuanto tengas que llorar! y después ¡vive!
Ayer volvimos en mi coche desde Valencia donde residía su hijo mayor, su preferido. Yo la había acompañado durante los dos días de despedida e incineración.
Al dejarla en la puerta de su casa, la abracé con amor diciendo: ¡Llora cuanto tengas que llorar! y después ¡vive!
ARCO IRIS, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio: nunca me han gustado los chicos. En el instituto comencé a salir con Pedro. Era mi primera experiencia con otra persona. Pedro era lo máximo. Atlético, popular, romántico… lo tenía todo. Pero a mí, ni fu, ni fa. Después de unos meses sin emoción lo dejé. Después vino Genaro, al comienzo de la universidad. Y tras cuatro semanas le dije que mejor como amigos. Posteriormente, estando de fiesta con Eva, mi compañera de clase, recibí su beso jugando al caliche besucón con los amigos. Un arco iris creció en mi interior, mostrándome aquello que yo ya intuía desde hacía tiempo…
BAJO EL MISMO TECHO, de Jerónimo Hernández de Castro
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Nada me gustaría más. El problema está en averiguar cómo empezó todo. Antonio, el del segundo, sostiene que fue la gotera de un radiador del tercero izquierda. Los del cuarto describen con todo lujo de detalles las ruidosas fiestas en el patio de la planta baja y el administrador siempre hace referencia a aquel impago del primer presidente de la derrama del ascensor.
Lo cierto es que todas estas cuestiones aparecen, a voz en grito, en cada punto del orden del día, de cada reunión de la comunidad de vecinos, indefectiblemente, desde hace más de veinte años.
DUDA, de Oscar Broullón.
Dicen que, para contar una historia, hay que empezar por el principio, fueron las primeras palabras que me dijo, sin siquiera saludarme, extrayendo una carpeta amarilla del maletín portafolios de piel marrón, ni bien tomó asiento al entrar en el cuarto.
En un principio no comprendí muy bien ni quién era, ni a qué se refería. Me quedé mirándolo con los ojos muy abiertos y expresión de desconcierto en el rostro, por lo que no le quedó más que ir directamente al grano, apoyó ambos codos sobre la mesa, me dirigió una gélida mirada y agregó: «¡Así que, dime! ¿Mataste o no a tu esposa?»
EL SALTO, de Raúl Zaragoza Cuello
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio y en mi caso con más motivo, porque de otro modo nadie podría entender mi situación.
No creo en el destino, nada me hace pensar que pueda existir; tampoco creo en la suerte, nada de lo poco que he tenido me llegó de ese modo; ¿en el amor? no y mejor no entrar en detalles; debería creer en algo superior, pero ¿por qué se empeña cada día en demostrarme que no?; ¿en las personas? aún menos, si no ¿por qué he llegado hasta aquí?
Quizá tras este salto alguien se acuerde de mí mañana… pero ya será tarde.
ENCUENTROS CREPUSCULARES, de Mariam Vicente
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio, lo único que él, por mucho que retrocediera tan solo encontraba finales en su historia. El final de su vida laboral en ese empleo que tanto le gustaba, el final de su historia de amor con Mónica de la que seguía enamorado, el final de la relación con su familia con la que llevaba años sin hablarse…
Bueno, sí, hubo un comienzo, el día del encuentro con aquella bella mujer que cambió su historia para siempre.
A vivir de noche ya empezaba a acostumbrarse, el sabor de la sangre cree que nunca terminará de gustarle.
ÉRASE UNA VEZ…, de Raquel Zaragoza Durá
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Y que, para comprender a una persona, primero tienes que conocer su infancia.
Óscar, huérfano de madre, se crio en la librería de su padre. Allí creció rodeado de los libros que alimentaron su ávida imaginación… «Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos…»
Fue durante su adolescencia cuando Óscar se aficionó a escribir cuentos y relatos. Desde entonces, para ello, utiliza pocas palabras y algunos silencios… Sabe que para hacer verosímil una historia depende de su habilidad como escritor; pero si esta resulta interesante o no, sólo puede decidirlo el lector.
FINALIZAR ANTES DE EMPEZAR, de María Bastida Nova
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio, sin demasiadas florituras, máxime cuando se trata de sintetizar el relato en cien palabras. Todo comenzó cuando Marina celebró su despedida soltera. Se ha jurado que, a partir del enlace, dejará su pasado oculto atrás. Luces, ritmos envolventes y miradas penetrantes. Marina se deja llevar en una noche de pasión y desenfreno. El desconocido la lleva a casa. Marina quiere exprimir hasta el último momento. Alberto, debe haber salido ya a trabajar, no hay peligro. El rímel restregado ha dejado surcos en sus ojeras.
Alberto se quedó dormido y llega tarde. Al abrir la puerta, los encuentra intentando entrar.
HE DE MARCHAR, Daniel Román Espín
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. El sol aún no había salido allá en la sombría bocacalle. Yo, con mi bolsa, bajo la única luz que alumbraba el último soportal el cual, se replicaba calle abajo, como hogueras encendidas en medio de un empedrado, acechadas por un mar de bruma que amenace sofocarlas, aguardaba la hora arropado en mi gabardina, con el rostro agazapado bajo mi sombrero, solo asomando dos ojos buscones que tratan de estafar al tiempo, secuestrando con mirada fija, los segundos que marca el reloj a golpe de aguja, a ritmo de tic toc. Aunque me acongoja el alma, he de marchar.
JUICIO NOCTURNO, de Andrea Arguillarena Maza
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Recuerdo un principio efímero e inconsciente. Y tras ese espacio de tiempo, un dolor que dio paso a la rabia. Me lleno la boca diciendo que, si perdono olvido, pero no es más que una fachada para mantenerme en pie. Para mantener los cimientos que me permiten enfrentarme a cualquier juicio ajeno. Y por las noches, cuando intento enfrentarme a la verdad, deseo salir corriendo para abrazar a aquella chica inocente, y alertarla sobre todo lo que se venía encima. Es curioso, porque a la chica que soy hoy, solo soy capaz de juzgarla.
LA ARAÑA ESTÁ TRISTE, de Felipe Tenenbaum
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. O al menos eso aseguran los humanos mientras una araña teje telas invisibles sobre sus cabezas. Mientras entrelaza el mundo con tantos caminos bifurcados que no existe un antes ni un después, ni un principio ni un final. Todo es ella y ella es todo. Y así seguirá con su infatigable tarea mientras los de abajo se asquean de su falta de linealidad. De sus patas peludas.
Puede que al amanecer, quizás rebelde, quizás cargada de poesía, se asome a la ventana y sin pizca de rencor, salude al sol. Sería, en el fondo, un desenlace como cualquier otro.
LA PIRA ROMANA, Américo Fojo
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio; la mía comienza en el torreón semiderruido que era el orgullo del pueblo y nuestro reducto de chavales aburridos.
Cuando Teo nos habló de la torre de Hércules donde los romanos encendían grandes hogueras, decidimos hacer algo trascendental.
Buscamos como posesos leña, maderas y al rato crecían entre las almenas las llamas de una formidable pira romana: nuestro clamor de libertad, mayo de 1968 de París, el grito de Ypiranga en Brasil, la Bastilla de 1789… hasta que terminamos sentados en un patrullero policial, con las puertas bloqueadas… ¡¡¡la puta torre se había vengado de nuestras llamas de libertad!!!
LA RESACA, de Daniel Román Espín.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Desperté una mañana sorprendido por una marejada en mi cabeza que suscitaba tormenta y derivó en un bravo oleaje que me sacudía la sesera con su alboroto y cuya resaca descubrió, en su retroceso, el marchitado recuerdo del día anterior. Aún puedo oírte vociferar y ver, aunque algo desdibujada, tu silueta inmóvil, de pie, mientras atravesaba el umbral y esos ojos endemoniados me lanzaban maldiciones entre vítores de guerra, antes de cerrar la puerta de tu infierno y abrirme el pecho en agonía con un portazo. Conocía la verdad, algo que ni el más subordinado de los subconscientes puede obviar.
LA VID, Silvia Espina.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Recuerdo que un cálido verano, bajo la sombra de un árbol, calmé mi sed con mi vieja bota de cuero, fiel compañera de caminatas.
Cerré los ojos y soñé que un caudal de vino fluía serpenteante entre las rocas y se transformaba en pequeñas esferas transparentes.
Estas fueron formando racimos apretados que se abrazaban a las vides, en perfecta simetría.
Como un torbellino, los vástagos aspiraron sus propias hojas; desaparecieron zarcillos y sarmientos, resumiéndose en un vital brote verde que desapareció en el rudo suelo del viñedo.
Ahora, que releo esto, ¿habré contado la historia al revés?
LUZ, de Óscar Broullón
Dicen que, para contar una historia, hay que empezar por el principio, pensó el viejo enfadado y hastiado, meciéndose la larga y blanca barba, repantigado en su sillón favorito en medio de ese inmenso y oscuro espacio en que habita.
Se calzó las sandalias, se rascó la cabeza de largos cabellos, frunció el ceño, se puso en pie de un salto, se arremangó la túnica, levantó ambos brazos, dio un aplauso al aire y a continuación vociferó: «¿Qué big-bang, ni big-bang? ¡A mí me van a venir con esa fantasía!»
Y la tierra se iluminó.
ME ECHARÁS TANTO DE MENOS, de Carlos José Esguevillas González.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Hace unos días, me morí.
Lo sentí por mi Paco. Después de cincuenta años casados no sabe hacer nada sin mí.
Siempre le decía: —Abrígate, no comas tanto, quita el fútbol... Y él, ni rechistaba.
Cómo limpiaba la casa con su delantal y después me masajeaba los pies. Me adoraba.
Ahora está perdido el pobre. Si en vez de enterrarme, me ha incinerado. Será para no gastar, que sabe que no me gusta. Está tan despistado… Qué disgusto se llevará cuando llegue a casa y se dé cuenta de que olvidó la urna en medio de la autopista.
MISTERIO, de María Bastida
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio y según la Biblia, en el principio la oscuridad reinaba en el abismo, pero el espíritu de Dios se movía sobre las aguas y de la nada, creó la luz y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día, y a las tinieblas la llamó noche, ese fue el primer día, ese fue el principio.
—Pero papá, si según la Biblia, el Sol y la luna Dios los creó al cuarto día, ¿de dónde venía la luz?, y ¿cómo pudo ser el primer día si todavía no existían?
—¡¡Hijo, es todo tan complicado!!
PASAR EL TRANCE, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio, así pues: érase una vez una joven llamada Eustaquia, a la que le gustaba mucho un mozo llamado Trance. Un día les dijo a sus amigas que iba a pedirle de salir. Aquellas le dijeron que no se le ocurriera, puesto que su amistad con él desaparecía. No tenía ninguna posibilidad. Eustaquia quedó sumida en la tristeza. Pero un día, armándose de valor, se acercó a Trance y le dijo: “¿Quieres salir conmigo?”.
—Sí. Eres muy valiente Eustaquia. Yo le dije a tus amigas que te dijeran que me gustabas. Pero estas me dijeron que yo a ti no…
POR SUERTE LO DISTRAJO UNA MOSCA, de Felipe Tenenbaum
—Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. En nuestro curso debéis seguir a rajatabla esta premisa. Quiero para mañana una redacción sobre un tema oscuro. Una pesadilla, por ejemplo. Nada de empezar in media res. Traedme un cuento lineal con introducción, nudo y desenlace. Si optáis por la pesadilla, que el personaje se acueste, sueñe y se despierte. Los lectores, ya lo sabéis, suelen ser necios. No les pidáis que colaboren rellanando los espacios en blanco. Mucho menos, que disfruten de las ambigüedades de un desarrollo críptico. Y por favor, al menos 10 páginas. ¿Ha entendido, Monterroso?
—Creo que sí… estem… ¿un relato onírico para mañana, no?
PREIKESTOLEN, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio, así pues, comenzaré por el final: estoy muerto. Quién me lo iba a decir, con 36 años, con toda la vida por delante. La verdad es que siempre he sido muy aventurero, arriesgado, quizás “temerario” fuera la palabra. Aquella excursión en Noruega, al Preikestolen, era mi última aventura. Después de varias horas de arduo senderismo llegaba al maravilloso “púlpito”. Viajaba sólo, como de costumbre, y quería transmitirle a mi familia dónde me encontraba. Así pues, me dispuse a realizar mis tradicionales selfies. Un turista me dijo “ten cuidado”, en inglés. Yo me situé en el borde, saqué el teléfono, resbalé…
RELATOS ENCADENADOS, de Raquel Zaragoza Durá
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio. Sin embargo, no siempre ocurre así. En la vida real, la mayoría de ellas se inician con el desenlace de otras que las preceden. A raíz de un punto final, aparentemente definitivo, pueden surgir nuevas historias, que se afrontan con la misma pasión de todas las primeras veces.
A fin de cuentas… ¿Qué es la vida sino una sucesión de relatos encadenados?
SED, de Raúl Zaragoza Cuello
Dicen que para contar una historia lo mejor es empezar por el principio, pero en esta ocasión empezaré por el final… ¡murió, sí! como lo hacen todos. Dicen que es ley de vida; supongo que, si lo dicen, será verdad.
Sus últimos segundos los vivió entre mis brazos al tiempo que se desangraba, era casi enternecedor y hasta sentí algo de pena por él, mientras su sangre brotaba fresca por su cuello y fluía densa y carmesí hacia mi boca. ¡Que dulce sensación sentir como mi vida florecía al tiempo que se marchitaba la suya!
¿Ley de vida? No para mí, al menos desde que descubrí en la sangre la vida eterna…
V.Drácula