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13 MAR

CONCURSO DE MICROS 24-25 DE ALI I TRUC. QUINCENA XIV

Aquí tenéis los 25 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'El yo que no muere', de Ferran Torrent.

Con la frase «Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966», inicio de la novela El yo que no muere, de Ferran Torrent, deben comenzar los relatos de esta 14ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido 25 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. Hasta el domingo 16 de marzo a las 14:00 pueden ser votados enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 17 de marzo en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, desvelamos el podio y autoría de cada relato.

En tercer lugar, con 7 puntos:

BIENVENIDA, de María Bastida Nova

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 coincidió con mi llegada a la ciudad. Provenía de un ambiente mucho más cálido donde disfrutaba de todas las comodidades. No conocía el idioma, pero pronto supe cómo llamar la atención y hacerme entender, aunque no siempre. Para mis anfitriones también fue difícil al principio. El viaje fue muy confortable hasta que llegó el momento del aterrizaje. De repente, empecé a sentir una fuerza que me empujaba hacia el vacío y un cansancio que me impedía abrir los ojos. No recuerdo exactamente los detalles, pero esa noche en especial, seguro que dormía plácidamente en la cuna.

 

En segundo lugar, con 11 puntos:

LAS TRADICIONES SON IMPORTANTES, de Paquita Márquez

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 mi bisabuelo salió a tirar la basura, y no regresó. Tenía 44 años y nunca más se supo de él. Pero mi bisabuela salió adelante. Mi abuelo, que desde jovencito no gozó de padre, una fría noche de febrero de 1994, a la edad de 44 años, desapareció de nuestras vidas de un día para otro. Pero mi abuela salió adelante. Mi padre, que nació en el 1982 y es un machista empedernido, se está acercando peligrosamente a los 44, y yo, su querida hijita, no sé qué hacer para asegurarme de que no se rompa la tradición familiar.

 

Y relato ganador con 16 puntos:

EL PODER DE LA PRENSA, de Carlos José Esguevillas González.

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966, padre, como siempre, ojeaba el periódico mientras desayunábamos. Después separó cuidadosamente las páginas: deportes, para envolver bocadillos; política para encender la estufa; anuncios para calzar muebles; y el resto lo acomodó bajo su pelliza para protegerse del frío, mientras pedaleaba camino a la fábrica.

Curiosamente, aquel día la maestra nos pidió una redacción sobre la prensa. Yo ensalcé sus bondades: para prender fuego, envolver, abrigar… y me gané un suspenso con una bonita nota al margen.

Al llegar a casa con el recado, me llevé un buen papirotazo con el dichoso periódico enrollado y descubrí su verdadera utilidad: ¡Espabilarme!

 

El resto de relatos ordenados alfabéticamente a partir del primer recibido, son de los siguientes autores:

 

CASTING DE MICRORRELATISTAS, de Marcelo Celave Villar

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, Martín salió a recoger el ganado de las praderas cuando su caballo resbaló en el hielo aprisionándolo debajo varias horas. Martín fue congelándose y a las seis horas expiró. Cuando los animales que pastaban se enteraron, llevaron el cuerpo en andas hasta la casona. Lo tendieron en la mesa y entonces, un caballito respingón avanzó y lo besó en la boca. Milagrosamente Martín revivió y el caballito se convirtió en un joven príncipe. Martín y el príncipe se casaron, adoptaron un bebé y fueron felices por el resto…

—Perdón… maricón, invéntate otra historia porque eso en 1966 era imposible...

—Ya…

 

CULÉ, de Oscar Broullón.

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 me lo encontré sentado en una destartalada silla de aluminio, entre los escombros de las gradas del viejo estadio de Les Corts, bufanda azul grana al cuello y con la mirada perdida en el polvo aún en suspensión dejado por las piquetas.

Él sabía que, bajo aquellos escombros, quedaba enterrada una parte de su vida, un eco de tardes gloriosas que nunca volverían.

Sin poder comprender su nostalgia le pregunté: «¿Qué espera, abuelo?  Para el Camp Nou todavía falta mucho».

El anciano alzó sus ojos tristes y apretando una amarillenta entrada entre sus manos, murmuró: «Hoy presentan a Josep Samitier»

 

DE ESTA AGUA SÍ BEBERÉ, de Carlos José Esguevillas González.

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966, llevaba a rastras a mis hermanos por la calle. Davicin, puro nervio, tiraba de mi mano, mientras Luisito, incapaz de despertarse, se aferraba a mi cartera y se dejaba remolcar. Avanzaba penosamente, con los brazos en cruz, en aquella suerte de dislocamiento, camino del colegio.

Como cada día, de ida y de vuelta, me prometí una vez más que cuando fuera mayor, solo tendría un gato.

Pasaron los años, y aquí estoy de nuevo, temprano y congelado, frente a la misma escuela. Y enfadado, porque mañana mi nuera traerá a mis nietos. Como si yo no me bastara.

 

EFEMÉRIDES, de Paquita Márquez

Una noche muy fría del mes de febrero de 1966, doña Carmen echaba chispas:

—¡A quién se le ocurre, Manolo! ¡Bañarse en pleno febrero, por muy Mediterráneo que sea el mar de Palomares!

—¡Mujer…! ¡Las circunstancias mandan!

—¡Qué circunstancias ni circunstancias! ¿No eras tú el que decías que la calle era tuya y que podías hacer lo que querías?

—¡Ay, Carmiña! ¡No te me enfades, y ruega a Dios que sólo esté resfriado y no contaminado…!

 

EL TÚNEL, de Margarita González.

Una noche muy fría del mes de febrero de 1966, al despedirte, me besaste diciendo: 

—Amor, recuerda que mañana cenamos con mis padres. Volveré temprano.

—Conduce con cuidado —le susurré yo.

La noche siguiente ¡ay! No respirabas y tu corazón no latía.

La tragedia ocurrió en la carretera, La Temida te sorprendió en forma de “fallo de frenos en ambulancia que se precipita a toda velocidad en el barranco del Mascarat”.

Muchos años después te sigo anhelando y haciendo amor contigo; nos expandimos juntos, unidos en otros planos.

Morirás cuando entres en el túnel de mi olvido: Nunca.

 

ENTRE DROMEDARIOS, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez 

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 llegamos al campamento de jaimas en dromedario. La luz de la luna iluminó nuestro camino por las suaves y bellas dunas de Merzouga, el desierto infinito. Al llegar nos esperaban unos beréberes, con turbante y chilaba azules, y nos ofrecieron un té. Antes de tomarlo nos dijeron: “al beber este té veréis amanecer, sin llegar a saber lo que llegó a suceder”. Al comenzar a salir el sol desperté desnudo en medio de dos dromedarios. Al levantarme vi salir de una jaima cuatro hombres, y después mi mujer sonriendo. Desde entonces volvemos cada año. Si me niego se divorcia. 

 

GLORIA, de Paquita Márquez

Una noche muy fría del mes de febrero de 1966 anduvimos de protesta por la guerra del Vietnam y la policía nos había zurrado de lo lindo, pero seguíamos con los ánimos y la adrenalina a tope. Nos escondimos en aquel autobús abandonado y, con la música de fondo del mítico «San Francisco», nos dimos calor y restañamos heridas. A mis 17 años sentía tanto rechazo a lo establecido, que experimentar durante toda la noche con los secretos del sexo y de la droga, fue una visión idealizada y gloriosa de nuestro movimiento hippi. Y así te concebimos, hija mía, y por eso te llamamos Gloria, nuestra GLORIA.

 

LA CUNITA DE MI PRIMO, de Paqui Antón Tena.

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966 mi tía dio a luz a mi primo José en domingo de carnaval. Un parto adelantado.

Tenían en la farmacia el paquete básico para el recién parido, pero al ser festivo debían esperar al lunes.

Fue un parto muy difícil que dejó extenuada a su madre. El niño recién nacido y sin su canastillo.

Una amiga de la familia tomó las riendas de la situación.

—¿Dónde tienes la caja de las patatas? —preguntó.

—En la despensa de la cocina.

—No te preocupes, que el niño tendrá hoy su cunita..

 

LA VENGANZA ESPERABA DEBAJO DE SU FALDA, de Marcelo Celave Villar

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, acabábamos de hacer el amor y estábamos desnudos Raúl y yo, relajados en el viejo hostal de carretera. En eso, una brusca frenada, luces aparcando, la puerta abriéndose violentamente… ¡mi marido!

̶ ¡¡¡No es lo que parece Antonio!!!  ̶ negué absurdamente.

Sin darnos ninguna oportunidad, ciego de ego abrió fuego. Raúl murió instantáneamente. Yo quedé paralítica. Antonio… ¡a la cárcel 25 años!

Hoy, desde mi silla de ruedas, asomada a la ventana lo veo llegar. Parece otro hombre.

̶ Perdón Marisa… si pudiera volver atrás… ¿Crees que aún nosotros…?

̶ Shhh… no sigas…  ̶ Saco la escopeta de mi falda y le disparo ̶ . ¡Ninguna posibilidad…!

 

LECCIÓN APRENDIDA, de Felipe Tenenbaum

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966 me aparecí por la casa de un recién nacido. Me deslicé por la cerradura y sorteé un espejo junto a su cuna. Mi reflejo resultaba muy poco espeluznante: la piel rojiza pero pálida. Y el gesto más melancólico que maléfico. Como un tridente poco enhiesto. Su ángel guardián (siempre hay uno) me detuvo justo antes de que pudiera morderle un dedo.

–¿Qué quieres, Belcebú?

–Su amistad –dije–. Es el anticristo que creará dentro de 60 años la IA definitiva.

–¿Solo eso?

–Por supuesto. He aprendido la lección. Esta vez, no me enemistaré con el nuevo demiurgo creador de mundos.

 

MIGRANTES, de Carlos José Esguevillas González.

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966, llegaron los patos.

Enseguida organizamos la casa para que pasaran el invierno a gusto. Dejamos las ventanas abiertas para que entraran y salieran volando, e inundamos el comedor.

Yo les tiro pan, encaramado en la chimenea. Se ven tan graciosos nadando entre los muebles. Por la noche, duermen en la cocina, en los estantes y en el hueco de la lavadora.

Mamá se quejaba de que lo ponían todo perdido, hasta que le regalamos un nuevo edredón de plumas. Ahora es la abuela quien refunfuña, diciendo que se acerca el convite de carnaval y que están aún muy delgados.

 

NÓMADAS, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 despertamos en una especie de tienda. Poco después nos dimos cuenta de que era una jaima nómada. Mi mujer, los niños y yo estábamos vestidos con lo mínimo, y descalzos. Alguien se acercó, nos dijo que fuéramos a darle de comer a la oveja mi mujer y yo. Y que los niños se fueran a pasear a las cabras. Así lo hicimos. Fuimos aprendiendo sus costumbres, cocina, habilidades. Al cabo de cinco meses mi mujer me dijo:

—Me dijiste que íbamos al desierto de Marruecos a conocer una familia nómada…

—Lo sé. Pero no me gustaba mi trabajo en Barcelona…

 

OCURRIÓ EN FEBRERO, de Mariam Vicente

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, Vladimir llegó a su destino. Al principio pensó que colarse de polizón lo mismo no había sido tan buena idea, aunque luego vio que todo lo que le habían contado acerca de ese lugar era falso, seguramente porque no interesaba que se supiera que allí se podía vivir tan bien.

Así que se quedó. Y cada febrero celebraba su llegada con fuegos artificiales.

A miles de kilómetros, en la base de la NASA, volvían a quedarse estupefactos, como cada febrero, con esos destellos inusuales que se veían a través del telescopio sobre el Océano de las Tormentas de la luna.

 

PALOMARES, de Oscar Broullón

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, las olas, ajenas al desastre, rompían suavemente en la playa de Palomares. Cuatro bombas nucleares estadounidenses habían caído allí tras un accidente aéreo, un mes antes. Los campesinos miraban con desconfianza a los soldados que rastreaban la arena en busca de uranio disperso.

Entonces llegó él, con una sonrisa forzada y rodeado de cámaras, el ministro se metió en el agua junto al embajador de EE.UU. «No hay peligro, proclamó entusiasmado, salpicándose el rostro». Los flashes destellaron. Pero en los bares del pueblo, entre susurros, los vecinos seguían repitiendo: «Si no hay peligro, ¿por qué buscan?».

 

PERSONALIDAD DESDOBLADA, de José Manuel Rodríguez Navarro

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 contaba yo con cuatro meses, mi abuela me conto esta historia:

Tú madre salió del trabajo aquella tarde, cuando vio a lo lejos a un hombre quejarse amargamente, no encontraba su bebe. Tu madre tranquilizando al hombre empezó a mirar a todos lados. Hasta que entre frases de consuelo y miradas alrededor oyó un estallido, él bebe lloraba, intentó ver de dónde venía el llanto y descubrió a una mujer joven corriendo, dobló la esquina y salió detrás de ella. Desde aquel día tú mí pedazo de ángel tienes un hermano pequeño y tu madre en el sanatorio de Foncalent.

 

SORPRESA LITERARIA, de Silvia Espina

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 llegué congelada a casa y al entreabrir la puerta vi una sombra cruzando el pasillo.

Con el corazón a cien, avancé unos pasos cautelosamente y pude distinguir un tigre enorme, de brillante pelaje, caminando sigiloso hacia la cocina.

Aterrada, no sé cómo, retrocedí hasta la puerta de entrada y una vez fuera la cerré con doble llave. Como dudaba de mi cordura, decidí no llamar a la policía y corrí, sin aliento, hacia la casa de mi madre.

Al contarle lo ocurrido, lanzó una sonora carcajada y me dijo:

—Te advertí varias veces que no leyeras tanto, Cortázar.

 

TEMBLOR, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez 

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 despertamos con un temblor. Eran las tres de la madrugada y solo unos segundos antes escuchamos como los dromedarios corrían. Salimos de nuestras jaimas aterrados. El temblor cesó. Era frecuente vivir estas situaciones en el desierto de Merzouga, Marruecos. Pero no para nosotros, los turistas. No podíamos volver a dormir. La adrenalina corría por nuestras venas cual caballo desbocado. Nos pusimos a tocar los tambores, bailando alrededor de una hoguera que habían encendido los Beréberes. Otra sacudida llegó, más tenue, y nosotros redoblamos los gritos y bailes hasta que desapareció. Gritamos muy fuerte. Éramos libres.

 

TRANSFIGURACIÓN, de Felipe Tenenbaum

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966 se te acabaron los verbos. Te levantaste perturbado. Gimiendo con la boca bien abierta. Como queriendo expulsar toda tu ira otra vez por los labios. No salía nada. Y eso que tus dedos se anudaron en un puño violento. Iracundo. Para ti, todo lo malo siempre era mi culpa. Hasta lo de índole fantástica. Intuí la paliza de cada mañana y cerré los ojos. Nada. Te habías convertido en un maniquí de polietileno expandido y resina (incapaz de gruñirme algo bonito, de tener un buen gesto o de hacer algo sin mi ayuda). A decir verdad, no noté la diferencia.

 

TRANSFIGURACIÓN II, de Felipe Tenenbaum

Una mañana muy fría del mes de febrero del año 1966 se me acabó la cera. Tenía un encargo tan grande de velas para el día siguiente que salí a comprar más a la desesperada. Me paseé por los mercadillos sin mucha suerte. La única cera que conseguí no era suficientemente dúctil y su mayor viscosidad me impedía derretirla con rapidez. Porfié por machacarla en el caldero de casa durante toda la noche hasta quedarme dormido. Cuando desperté, me encontré con el estropicio: La mezcla se había derramado por una grieta en el caldero y escurrido al dormitorio de los vecinos de abajo. Por suerte nunca se quejaron.

 

UN CUENTO INÉDITO, de Raquel Zaragoza Durá

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, Catalina, encerrada en su dormitorio, escribió un cuento de miedo sobre un monstruo que la atormentaba. Tan pronto como desenfundó su pluma, empezaron a fluirle las palabras; a las más duras las disfrazó de metáforas. El protagonista era un fantasma. Un fantasma que juraba que la amaba, pero tenía dos caras y sus bramidos eran tan hirientes como sus largas zarpas.

Aquella fría noche de invierno, antes de que el monstruo volviera a casa, le puso punto final al cuento, que tituló ¡Basta!, y se escapó por la ventana.

En aquellos tiempos de legalidades injustas…, nadie quiso publicar su obra.

 

UN LIBRO ES EL MEJOR REGALO, de Américo Fojo

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966 me desperté sobresaltado, angustiado por una extraña sensación de soledad. Extendí mi mano hacia el lugar de la cama donde dormía Mariana, pero sólo encontré su sitio vacío. La casa estaba oscura y silenciosa.

¿Habría salido con ese terrible frío? Medio aturdido, me levanté y fui a buscarla, pero la puerta principal estaba cerrada con llave. ¿Qué estaba pasando?

Al regresar al dormitorio la vi: flotaba suavemente a más de un metro sobre mi cabeza, casi en el techo de la habitación.

Tonto de mí. ¿Cómo se me había ocurrido regalarle ese libro: «El Yoga de la Levitación»?

 

ACTUALIZACIÓN, de Oscar Broullón

Una noche muy fría del mes de febrero del año 1966, en la sala, el académico carraspeó antes de pronunciar las nuevas incorporaciones: “Alunizar, audiovisual, historicismo”. Algunos asentían con gravedad; otros, con indiferencia.

Alunizar anticipaba un sueño que aún no se había cumplido, pero que estaba cada vez más cerca. Audiovisual reflejaba el auge de una era donde la imagen comenzaba a dominar la palabra escrita. Historicismo era un recordatorio de que el pasado seguía pesando sobre el presente.

En las calles, pocos se enteraron del cambio. Pero en los despachos de la Real Academia Española, la lengua se amoldaba, una vez más, a los tiempos que venían.

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