Con la frase «Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene», inicio de la novela Los hechos de Key Biscayne, de Xita Rubert, deben comenzar los relatos de esta 15ª quincena de la 4ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.
Hemos recibido 21 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. Hasta el domingo 30 de marzo a las 14:00 pueden ser votados enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 31 de marzo en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.
ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, desvelamos autoría y podio:
En tercera posición, empatados con 5 puntos:
SIEMPRE SE SALE CON LA SUYA, de Marcelo Celave Villar
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un penetrante olor a queso.
—Aurelio, te he dicho mil veces que no guardes el par de calcetines usados en la cómoda con tu ropa limpia.
—Pero mamá, si sólo tienen una semanita de uso.
—Pero… ¿es que no hueles? ¡Tu habitación apesta!
—Mamá, imagina que estás en primavera. La brisa fresca de la montaña en tu cara y delante de ti, los Alpes Suizos cubiertos de nieve, praderas verdes y lagos cristalinos. Y entonces tú, hueles y saboreas dos exquisitos quesos de Gruyere y Emmental mientras le sonríes a papá.
—Ayyy… qué guapo era tu padre. Gracias por recordármelo hijito.
SORPRESA, de Oscar Broullón
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Quiero decir, era lo lógico. Después de todo, habíamos hecho «match», habíamos coqueteado, habíamos bebido varias copas en su piso. Todo siguiendo el protocolo estándar del siglo XXI para terminar en la cama.
Pero no. Allí no había nada. Bueno… Había, pero no «eso».
—Este… —balbuceé, mirando el impecable espacio vacío entre sus piernas.
Él… O ¿ella?, sonrió con calma.
—Mi perfil decía: «sorpresas incluidas». ¿No la leíste?
Tragué saliva. En efecto, no la había leído.
—¿Te molesta? —agregó al ver mi expresión.
Pensé un segundo, me encogí de hombros y respondí:
—Depende. ¿Hay más vino?
En segunda posición, con 6 puntos:
CALÍOPE, de Felipe Tenenbaum.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene.
La profesora Calíope nos lo enseñaba recostada en su escritorio. Divina, seductora, aburrida. A todas las aspirantes a musa nos sacudió un escalofrío tan tenue y a la vez profundo que no osábamos levantar la vista.
—¿No queríais estudiar la mente de los poetas para inspirarlos mejor?
—Sí —respondí tartamudeando, infinitamente abochornada—. Pe…ro nos referíamos a una réplica de su ce…rebro.
Calíope dio un par de pasos hasta el centro de la clase y nos miró, desafiante.
—¡Ay, mis niñas! No os dejéis engañar —lo mostró en alto—. Todos los hombres, incluso los más sensibles, piensan con esto.
Y relato ganador, con 9 puntos:
GUARDAR RELIQUIAS NO ES PECADO, de Felipe Tenenbaum.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene.
—¿¡Lo has conseguido…!? —exclamé, excitada.
—Sí, amor mío. Hoy habrá juerga en la academia. Ni Molière, ni Zorrilla, ni Lord Byron. El verdadero Don Juan existió y tengo aquí la reliquia que lo prueba.
Silencio. Ambas conocíamos la leyenda. El mito que circulaba de boca en boca desde siempre por nuestra localidad. La virilidad de Don Juan, tan mágica como demoníaca, se conservaba eterna y enhiesta en un frasco de formol en la iglesia de Santa Agüeda.
—¿Dónde estaba? ¿En el cementerio? ¿Enterrado bajo el altar?
Marta sonrió.
—En un cofre… —dijo—, en la celda de la madre superiora…
El resto de relatos:
CHARLA, de Oscar Broullón.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Parpadeé. Sonreí nerviosa. Miré de nuevo. Nada.
—Eh… ¿todo bien? —pregunté, intentando no sonar grosera.
Damián, nombre con el que se presentaba en su perfil de Tinder, se aclaró la garganta y engolando la voz, me respondió:
—Sí, claro… Es solo que no soy exactamente… Un chico.
Me reí, aliviada.
—¡Ah! Tranquila. No hay problema, me gustan las sorpresas.
—Bueno, en realidad… —Dudó un segundo antes de quitarse la peluca.
Me congelé.
—¡Mamá!
—Hola, Sofi. Pensé que esto era mejor que tener “la charla”.
CONTORSIONISMO, de Paquita Márquez.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Y lo había, ¡ya lo creo que lo había! ¡Y qué pene! Lo que no había llegado a imaginar es que el pene formaba parte de aquel guapo y atlético tiarrón que, como por arte de magia, salió de la caja desdoblándose como si fuera de goma y completamente desnudo. Vino hacia mí sonriendo y con mirada lasciva… Mi despedida de soltera empezaba a ponerse interesante…
CUIDADO CON LO QUE OFRECES, de Felipe Tenenbaum.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene.
—¿Cómo fue que…? —pregunté con un hilo de voz.
—Pues… no te creas. Acabamos en buenos términos. Es verdad que me exalté un poco cuando dijo que me dejaba por una fulana más joven. Pero contuve mi crispación.
—Verdaderamente admirable. Yo le hubiese arreado una cachetada.
—¿Sí, verdad? A punto estuve de dársela cuando agregó: «En realidad me siento generoso hoy. Puedes llevarte lo que quieras de mi mansión. Tómalo como un regalo de despedida».
—¿Y? ¿Qué hiciste?
—Pues me mostró muchas joyas. Un collar de perlas carísimo. Y Dos aretes de oro. Pero, ya sabes. No soy materialista…
DELITOS VITALES, de Paquita Márquez.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene, pero me impactó verlo tan rígido y con el glande aún rojo y brillante, y, con cierto repelús, me imaginé la escena. Me puse guantes de látex y saqué del refrigerador la pequeña cámara frigorífica compartimentada. La abrí y, con sumo cuidado, puse el pene en el compartimento vacío, junto a los que contenían el corazón, los ojos y el riñón, mi riñón. Recordando aún el doloroso trauma de la extracción, lo preparé todo para su envío. No podía dejar de pensar en ¡lo caro y peligroso que se había vuelto el comercio de órganos!
DÍA TRAS DÍA, de Victoria Sera.
«Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene» y que me sentaría en sus rodillas de un momento a otro como toda la semana. Cara a cara. Mi ojo fijo en ese entrecejo que bien podría ser el bigote de Groucho Marx.
Hoy no tendré aguante suficiente. Anoche fue una locura. Me extenuó por completo. No se apartó de mí hasta altas horas de la madrugada. ¡Qué suplicio! Yo creo que algo no iba bien porque de vez en cuando le oía resoplar y, cuando menos lo esperaba, ¡zas! borraba todo lo escrito. ¡Yo estaba agotado!
¡No por ser un ordenador me tiene que machacar de esta forma!
DONDE LAS TOMAN, LAS DAN. O AL REVÉS, de Paquita Márquez.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene, y que ese sería «mi» pene, el que me iban a trasplantar después de que aquella chica me dejara sin el propio porque estaba harta de mis abusos. ¿Y esa birria arrugada y amoratada era la que me pondrían? ¿«Eso» era lo único compatible, lo que se había llevado todos mis ahorros? Se me revolvían las tripas recordando el momento en que sacó el cúter y me lo rebanó de un tajo en su momento más glorioso. Me vuelvo a ver angustiado gritando, tratando de no desangrarme y mirando, impotente, cómo ella se reía y se lo echaba al perro…
EXPLORACIÓN, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Pero la verdad es que en mis ocho años como uróloga, nunca había visto uno así. Era muy grande, brillante, rosado, menos oscuro de lo normal. Lo sopesé en mis manos, no pudiendo contener una exclamación de sorpresa, puesto que parecía más pesado que mi pesa rusa de cinco kilos. El paciente se removió un poco inquieto, diciéndome si era necesario ese agarre firme de su miembro para la exploración. Despegando bruscamente mis manos, y sonrojándome, le dije:
«Necesitaremos un examen completo, puesto que la cantidad de sangre necesaria para hacer funcionar a este músculo podría derivar en un infarto».
LA CRIADA, de Marcelo Morante.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Ahora bien, hay penes y también hay penas. Y no es que yo tenga mucha experiencia en la primera de las dos, ¡por Dios! Pero desde que nací he ido bien servida de la segunda.
Porque una cosa es admitir que una mísera criada como yo sea ignorante, vuestra merced, y otra muy diferente es consentir que la honra de una, por pequeña que sea, venga pisoteada.
Deshonrada quedé de por vida, señoría, pero el señorito quedó para siempre capado, y en la caja tiene la prueba. A ver cómo se lo cuento a la criatura que llevo dentro...
MI PRIMO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Realmente quedé sorprendida, al igual que asustada. Estaba flácido y oscuro, mirando hacia abajo como distraído. Cumpliendo con mi parte del trato me bajé las bragas, dejando al descubierto mi frondoso bosque de Venus. Sentía vergüenza, pero no iba a echarme atrás. Ramón José, mi primo, me miraba con curiosidad. Casi imperceptiblemente noté como su pene estaba más grande y apuntaba hacia el cielo. No pude evitar una risa nerviosa, que mi primo no se tomó muy bien:
—No es justo. Tú me ves todo y yo sólo veo pelo…
—¡Dijimos vernos de pie desnudos! Lo estamos cumpliendo…
MOMENTO SUBLIME, de José Francisco Pascual.
«Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene, deseándolo…pensaba Lidia mirando a través de la ventana del hotel Belle Époque en Berna, sintiendo en la parte baja de su espalda su dulce presión, su aliento y las caricias de las manos de Luís, compañero de trabajo del hospital, con el que había ido de fin de semana, aderezado todo con un embriagador perfume de notas amaderadas, mezcladas con aroma a incienso !!cuánto había deseado ese momento!!!, después de un tiempo de maravillosas miradas, leves roces en los pasillos…
NI UN PELO DE LISTO, de María Bastida Nova
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene, perdón, un peine, y eso que estaba calvo. El iluso intentaba disimularlo con su típica gorra comprada en París con una pegatina de la torre Eiffel. Todo muy fálico. ¡¡Qué pena!! Lo sacó sin querer cuando, al estornudar, quiso limpiarse con el pañuelo que guardaba en el mismo bolsillo. El fanfarrón lo colocó ahí para que pensara que, ese “privilegiado” atributo impostado, era tan grande como su ego, pero no coló. Yo sabía desde el principio que se trataba de un simple, vulgar y ridículo peine comprado en el chino de la esquina, al igual que la gorra.
RECUERDO IMBORRABLE, de Raquel Zaragoza.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene esperándome. Después de años de conducta virginal…, ¡me pareció enorme!
Primero, me besó y con mucha delicadeza me retiró el pelo de la cara. Luego, sujetó el órgano erecto sobre mi cabeza. En ese momento, irrumpió en la sala el resto del grupo para dar por inaugurado el festejo, en el que no faltó de nada. Durante más de veinticuatro horas de marcha, no me pude quitar aquel pene de mi cabeza.
Desde ese día…, el pene que no consigo quitarme de la cabeza es del «boy» con quien pasé toda la noche de mi despedida de soltera.
TRAUMA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. Pero con la curiosidad del momento me sitúe demasiado cerca de la bragueta del pantalón, y al salir el miembro, endurecido por la expectación, golpeó en mi sien derecha, noqueándome por completo, haciéndome perder la conciencia y acabando conmigo en el hospital. Al despertar no pude dejar de escuchar risitas de las enfermeras, que iban y venían, mirándome de reojo. Julián, mi novio, estaba a mi lado, rojo como un tomate. En unas horas me dieron el informe de alta:
Paciente de 18 años con fuerte traumatismo craneoencefálico con un pene erecto…
Esto me acompañaría el resto de mi vida…
ÚLTIMA OPORTUNIDAD, Silvia Espina
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene y allí estaba, iluminado por la intensa luz de los focos cenitales.
Entonces pregunté, debía preguntar y así lo hice:
—Juan, es la última oportunidad para cancelar todo. ¿Seguimos adelante con la cirugía de cambio de sexo?
UNA VARITA MÁGICA, de Carlos José Esguevillas González.
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene.
Desde mi separación estaba algo deprimida, y mi mejor amiga, dispuesta a animarme, apareció con aquel regalo. En el embalaje, entre dibujos explícitos, ponía: «Satisface todos tus deseos». Fruncí el ceño y lo aparté.
Tras algunos vinos y risas, ella siguió con la broma. Abrió el paquete y me lo puso en las manos:
—Venga, pide un deseo —dijo.
Me quedé helada. Era tan real que parecía estar vivo.
Pero lo más extraño vino después, cuando al cerrar los ojos sentí un leve temblor, como un latido.
Y al abrirlos, a aquella cosa le estaba creciendo… un novio.
VEGETARIANO, de Oscar Broullón
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene. O, mejor dicho, que no lo habría.
El cadáver, un hombre robusto de unos cuarenta, yacía en la camilla con una ausencia evidente entre las piernas. Me ajusté los guantes, suspirando. Otra noche en la morgue, otro caso de mutilación peculiar.
—¿Alguna pista del miembro perdido? —pregunté a Sandoval, mi asistente.
—Sí, doctora… lo encontramos en la nevera.
Levanté la ceja.
—¿La nevera de la morgue?
—No, la de la sala de descanso. En un tupper. Con una nota.
Me la tendió: "Comida de Raúl. No tocar".
Raúl, nuestro guardia nocturno. Vegetariano. O eso decía.
ACCIÓN Y REACCIÓN, Américo Fojo
Cuando lo sacó, la visión me noqueó como si no llevara toda la mañana sabiendo que allí habría un pene y así fue. Quedé perturbada frente a ese merodeador que se exhibía en plena calle, siguiéndome con el abrigo abierto y su sonrisa obscena.
No sé porque reaccioné así, por instinto, sin siquiera pensarlo; quizás fue por tantos meses de entrenamiento en el equipo de futbol femenino del club.
Seguí mi camino y al llegar a la esquina, volví a mirarlo. Allí quedó: arrodillado en la acera, los ojos desorbitados, aferrándose la entrepierna con las manos y la boca abierta en un grito mudo.
Reconozco que sentí pena por él… es que siempre fui una sentimental.