Viene de AQUÍ
EL PRECIO DE DESHOJAR EL ALMA, de Carlos José Esguevillas González.
Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez.
Y yo me moría.
Por eso acepté el trato: un día más de vida a cambio de borrar un recuerdo.
Al principio fue fácil: me quitó miedos, tristezas, desamores. Luego, nombres, caras… Cada amanecer era más liviano y más vacío.
Ayer le di algo sobre un juguete; creo que era de madera. No lo recuerdo bien, pero con él perdí también mi infancia.
Miro los álbumes de fotos y ya no reconozco a nadie. El rostro más extraño, el más ajeno, es el que me devuelve el espejo.
Hoy pedí otro día… pero ya no recuerdo por qué lo quiero.
EUNUCO, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.
Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez. Por ello estoy en la secta <<Próxima Vida>>, en la que te garantizan la reencarnación, previo pago de solo veinte mil euros. Yo me he pedido ser un eunuco. Estoy seguro de que seré más feliz que en esta existencia. En ella he estado muy sensible emocionalmente, siempre pensando en el sexo, intentando aprovechar cualquier oportunidad. Nervioso, estresado, preocupado de que todo funcione y no se atasque. Como Eunuco no tendré esos problemas. Además, con todos los adelantos que hay, hasta podré tener descendencia. Sin quebraderos de cabeza innecesarios seré más feliz que una lombriz.
Ya vienen con la motosierra…
FAMA ETERNA, de Felipe Tenenbaum.
—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez… aunque esto de reencarnar constantemente tampoco resulta tan sencillo como imaginaba. Flor de lis, gigante, dulce de membrillo, tormenta y desde hace cincuenta años, molino de viento. Si alguien intuyera tan solo lo mucho que mi pican las aspas… si existiera un héroe delicado y gentil que fuese capaz de presentir mis yos anteriores y me liberara del embrujo, merecería fama eterna… y mi corazón.
No tan lejos de allí, cerca de una lavandera remojando la ropa, un caballero de triste figura observa el giro perpetuo de las aspas del molino.
—Creo que la llamaré Dulcinea. Sí, Dulcinea del Toboso.
FRAGILIDADES, de Paquita Márquez.
Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez…, creo. ¿O no? A lo mejor sí que he vivido otras vidas y no me acuerdo. Últimamente tengo una memoria muy frágil, pero la verdad es que esa cara flaca y ojerosa que veo reflejada en el espejo que tengo delante, con una barba entrecana de varios días y cuatro pelos en guerrilla coronando la cabeza, no me suena de nada.