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23 OCT

5º CONCURSO DE MICRORRELATOS (25-26) DE ALI I TRUC. QUINCENA IV

Aquí tenéis los 27 relatos que empiezan con la 1ª frase de 'El emperador de Alegría', de Ocean Vuong.

Con la frase «Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez», inicio de la novela El emperador de Alegría, del vietnamita nacionalizado estadounidesne Ocen Vuong, deben comenzar los relatos de esta 4ª quincena de la 5ª temporada del concurso de relatos de Ali i Truc en Onda Cero.

Hemos recibido 27 relatos que presentamos ordenados alfabéticamente a partir del 1º recibido. La votación permanecerá abierta hasta el domingo 26 de octubre a las 14:00, enviando las puntuaciones al correo david@aliitruc.es, eligiendo los tres relatos favoritos (puntuados con 3, 2 y 1 puntos respectivamente. De estas votaciones saldrá la terna finalista de la quincena, que conoceremos el lunes 27 de octubre en Onda Cero Elche - Comarcas del Vinalopó.

ACTUALIZACIÓN: Una vez conocido el resultado, desvelamos autoría de los relatos y podio.

 

En tercer lugar, con 8 puntos:

RELEVOS, de Paquita Márquez.

Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez, sin la oportunidad de enmendar errores. ¿A quién se le ocurriría sentarse en el banco de los milagros en busca de alguno que mitigara sus desgracias? Solo a un imbécil como yo que, en lugar de encontrar milagros, cometí el peor error de todos. Tomé asiento junto al viejecillo de bronce que adorna el banco milagroso; su cara amable invita a que lo acompañes. Solo cuando comencé a notar rígidas las manos y las piernas, el anciano, cambiando de textura y color, se incorporó y se fue. Y aquí sigo yo, esperando a algún desgraciado en busca de un milagro…

 

En segundo lugar, con 9 puntos:

LA SOMBRA, de Raquel Zaragoza Durá.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez… y hacerlo siendo la sombra de otro, es lo más triste que te puede suceder. No puedes decidir dónde ir ni cuando detenerte. Lo sigues a todas partes y, aun así, te ignora. Peor aún, te arrastra por el suelo y jamás se disculpa.

Antes soñaba con separarme de él, caminar por mi cuenta y ser libre por fin, pero estaba equivocada…

Desde que lo enterraron, ya no soy ni la sombra de lo que era. Ahora soy invisible. ¡Qué malasombra!

 

 

Y ganador, con 12 puntos, un relato votado por participantes tanto de la comunidad valenciana como de otras partes de España, concursantes para los que el idioma no ha sido una barrera:

 

L'OBLIT, de Basilio Mayor García.

El més difícil del món és viure només una vegada. Jo la volia i ella s'ha anat, per què?, això ho escoltava totes les nits, fins que ell queia tremendament esgotat, enfastidit pel meu abandó.

Si no haguérem discutit eixe dia que diferent haguera sigut tot, em vaig amagar en el xamfrà de la cara nord de la mansió. Degua quedar-me adormida, vaig despertar i en voler eixir no vaig poder, ningú acudia en el meu auxili. En tornar a despertar,  ja podia eixir, però la sensació era rara, la mansió està tancada, no hi havia ningú. I ací seguisc jo després de dos-cents anys esperant que algú em trobe en este maleït xamfrà.

 

Resto de relatos, ordenados alfabéticamente a partir del primero recibido:

FUNCIÓN ÚNICA, de Esperanza Tirado Jiménez.

—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez —expuso el Profesor, cruzando las manos sobre el escritorio polvoriento—. Porque, si sólo existe una vida, ¿Cómo saber si la estamos usando bien?

Los alumnos lo miraron en silencio, atrapados entre la duda y el vértigo de sus pensamientos

—La mayoría vive como si tuviera repeticiones infinitas. –continuaba, filosofando ensimismado. —Pero no. Esta es la única función. Sin ensayo. Sin bises.

Se levantó, caminando hacia la ventana.

—Por eso filosofamos. No para encontrar respuestas, sino para vivir con más conciencia.

Y sonó el timbre. Pero nadie se movió.

Como si, por primera vez, entendieran que todo acababa de comenzar.

 

LO QUE NO SE DICE VUELVE, de Esperanza Tirado Jiménez.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez. Lo pienso mientras repaso, de modo obsesivo, una carta que nunca envié.

He amado con miedo, reído con cautela, dejado pasar trenes que partían sin preguntar. Afuera, el mundo sigue su curso, ajeno a mis dudas infinitas.

Ahora, frente al espejo, me pregunto si basta con haber estado.

La vida no da segundas oportunidades, pero deja ecos: una canción, un olor, un rostro que se disfraza de recuerdo…

Respiro hondo. Quemo la carta. Y salgo a vivir.

En la acera espera ella. Lleva puesto el vestido con el que la enterramos.

 

LUTO ETERNO, de Felipe Tenenbaum.

—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez —dijo aquel hombre oscuro y taciturno mientras firmaba la póliza del seguro de vida que le estaba vendiendo. No le pregunté su parentesco, rarezas médicas ni profesión. Parecía un cocinero inofensivo. O al menos eso intuí del sabroso olor a pollo al horno que despedían sus manos suaves como plumas. Jamás pensé que llevaría a la empresa a la banca rota por mi imprudencia. Ni mucho menos que desde entonces, se presentaría todos los días a cobrar ingentes cantidades de dinero la pareja de ese maldito estafador… esa mujer que, ahora lo sé, es la viuda del ave fénix.

 

MI ABUELO, de Alicia Ferrández Rico.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez, esa frase me la decía mi abuelo cada vez que me encontraba ante una decisión importante. Él era muy especial para mí, era como mi padre.

Por eso su muerte inesperada, fue un duro golpe. Mi vida se paró al igual que la de millones de familias, a las que la pandemia mundial nos dejó sin esas personas especiales. Desde entonces esa frase ha dejado de tener sentido, porque ahora todos tenemos dos vidas, una antes y otra después del Covid.

Aunque esta segunda vida es menos espacial para mí, sin ver la sonrisa de mi abuelo.

 

MIS COSAS SON MÍAS, de Silvia Espina

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez, pensaba Alfred, el vampiro, cuando en alguna ocasión, se cuestionó dar fin a su vida para liberarse de la maldición de permanecer en el mundo por siglos y siglos.

Pero se resistía a morir: amaba sus cosas, su pequeño palacio, los cuadros, el piano, sus perros, su fiel sirviente, sus caballos negro azabache.

En sus jardines, se recreaba en las noches oscuras, aspirando embelesado el aroma de las flores que despiertan a esas horas tardías.

Además, Alfred era un vampiro sumamente avaro, no soportaba que nadie disfrutara de sus pertenencias. Nunca cambiaría su modo de ser, aunque reviviera su existencia.

 

PASA LA VIDA, de Mariam Vicente

Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez, por eso vivo mil vidas, aunque prefiero la vida nocturna.

Si me dejan alcanzaré la vida eterna. No creo que pueda, con lo cara que está la vida tendría que llevar una vida monacal. Y eso que dicen que mis ojos tienen vida, pero solo sirven para observar la vida de otros, a todos les deseo larga vida, a ver si las buenas intenciones me cambian la vida.

Mientras, sigo con mi vida social, mi vida sexual, con el hijo que me cambió la vida. ¡Ay, vida de mi vida! No sé qué haría sin ti. Te debo la vida.

 

REFLEXIONES EN EL PARQUE AL LLEGAR EL OCASO, de María Bastida Nova.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez y que el peso de los errores se convierta en un lastre. Ernesto, un tipo presumido y orgulloso, hacía alarde de su opulencia tras una fachada de falsa modestia. No aceptó que Lucía eligiera a Jaime, su amigo de la infancia, y creó falsedades en su contra. Para conquistar el corazón de Lucía, le confió su patrimonio. Ella se dejó seducir. Con el control de las finanzas, movió los hilos para apropiarse de su fortuna y volvió con Jaime.

Ernesto jamás logró superarlo. 

Contemplando las amapolas, se estremecía al compararlas con sus años de esplendor, antes de llegar a marchitarse.

 

SENDERISTA NUDISTA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez, con lo que estoy disfrutando de esta vida. Desde siempre me ha gustado el senderismo. Ha sido mi gran pasión, junto con ser nudista. Cuando me quedé sin trabajo el mundo se vino abajo. Pero entonces tuve una gran idea: ¿por qué no me hago senderista nudista, y lo subo a las redes sociales? Así pues, me dispuse a subir la Cruz De La Muela, en Orihuela, completamente desnudo. Con una mochila pequeña conteniendo agua y comida. Las personas con que me cruzaba se asombraban, se reían, me hacían fotos…

Me hice famoso. No necesito trabajar. Haría esto cincuenta vidas…

 

SIETE VIDAS I, de Jerónimo Hernández de Castro.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez. Ese sería mi mayor deseo. Los lunes soy un escarabajo en plena metamorfosis, que empeora cada martes convertido en un peligroso American Psycho, cuyos crímenes se resuelven los miércoles en el Orient Express. Al día siguiente, solo respondo al nombre de jueves hasta acudir el viernes a la fiesta del chivo. Es sábado y sigo las indicaciones de mi deteriorada Guía del autoestopista galáctico, mientras anhelo el domingo para ser de nuevo el gran Gatsby.

Quisiera acabar con todo, pero carezco del valor para desprenderme de los siete ejemplares de mi exigua biblioteca, en la celda donde cumplo cadena perpetua.

 

SIETE VIDAS II, Raquel Zaragoza Durá.

–¡Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez! Y lo que más esfuerzo me cuesta es volver a subir al acantilado –se lamentó el viejo gato–, mientras se lamía las heridas, tras su último intento de suicidio.

 

SIN PERSPECTIVAS, de Paquita Márquez.

Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez cuando tu vida es una mierda y estás durmiendo en el suelo de un cajero automático en pleno diciembre, tapado con cartones y como única fuente de calor el cuerpo de tu pulgoso perro, y entonces notas que alguien te quita los cartones, te da una patada en las costillas, oyes al perro huir aullando ante los golpes de desconocidos y empiezas a temblar de frío y de miedo cuando te amenazan con prender fuego a tus harapos si no te largas y les dejas el sitio. Y entonces tomas conciencia de que tu única vida seguirá siendo una mierda.

 

SIN RUMBO, de Primitivo Lumbrera Aparicio.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez.

Eso pensaba el marinero Simón cada amanecer, mientras el mar le devolvía historias que sólo él entendía. Había amado, perdido y vuelto a nacer en cada marea. El mar era su espejo y su condena, su amante y su tumba prometida. Cuando partió sin rumbo, nadie lo vio despedirse. Sólo el mar, en silencio, guardó su nombre entre las olas.

 

TRANSPLANTE, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez.

Lo más difícil del mundo es vivir solo una vez. Por ello, he desarrollado un sistema en el que puedo vivir para siempre gracias a la tecnología avanzada. Soy cirujano y he desarrollado una operación en la que se puede tras trasplantar mi cerebro. Estoy en mi vida número cien. Soy una de las personas más ricas de la tierra y puedo hacer lo que me plazca. Cuando alguien entra en coma cerebral, pues allá voy yo y me trasplanto el cerebro a su cuerpo. Pero a partir de ahora ya no hará falta. He conseguido fusionarme quirúrgicamente con la inteligencia artificial humanoide avanzada. Viviré eternamente. Veré apagarse el sol. 

 

«TRUCO O TRATO», de Raquel Zaragoza Durá.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez. Por eso, acepté enseguida el trato: debía participar en un certamen quincenal de microrrelatos, a cambio se me concedía el don de vivir muchas vidas.

Como autora, puedo escoger los personajes. Basta una frase para que surja la historia. Hombres y mujeres de distintas edades, con sus virtudes y sus defectos, con sus luces y sombras… todos tienen algo de mí; y yo de ellos: sus vidas están en mis manos.

Pero todo trato tiene su truco. Y el precio a pagar es alto. Por las noches, cuando apago la luz, mis personajes despiertan y me roban el sueño.

 

AMOR A PRIMERA VISTA, de Felipe Tenenbaum

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez.

Desde

muy

pequeño

he

sido

consciente

de

mi

propia

mortalidad.

Todo

siempre

ha

ido

cuesta

abajo

para

mí.

Resbalando,

Constantemente,

por

el

precipicio

de

la

vida.

Cayendo,

hundiéndome

y

volviendo

a

caer.

Ningún

placer,

lectura

o

viaje

consiguió

detener

mi

hundimiento.

Ninguno, amor mío, hasta que, en aquella cursi mañana de abril, te vi de refilón mientras caía. Anotabas algo en tu cuaderno. No sabía bien qué era. Pero estabas tan hermosa y concentrada en ese pasillo oscuro que de pronto lo supe: solo podría leer aquello que escribías, si antes, dejaba de caer y me sentaba a tu lado.

 

AÑORANZA, de Oscar Broullón.

—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez —susurró el anciano mientras acariciaba la fotografía descolorida.

Recordaba la risa de Elisa, el aroma a lavanda en su cabello, los veranos infinitos.

Tras su partida, cada mañana era un eco vacío.

Había intentado llenar el hueco con viajes, libros y nuevos rostros, pero la ausencia siempre ganaba.

Hoy, al fin, sentía paz, listo para el descanso final.

Cerró los ojos, suspirando una última vez.

Cuando la hija entró, el sillón estaba vacío.

Solo quedaba el retrato de su madre sobre el asiento, aún tibio, con un pétalo de lavanda pegado al cristal.

 

DIÁLOGO, de Américo Fojo

—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez— filosofó Emilce, contemplando al grupo de adolescentes que se reunía, como todos los sábados, en la plaza del pueblo.

—¿Qué pasa, mujer, envidias a los chicos, que tienen toda la vida por delante? —dijo Lucía.

—No, simplemente reviviría mi vida, pero con la experiencia de ahora.

—¡Uf! ¡Otra vez el sarampión, las paperas, las vacunas, la sopa de la escuela, las pullas de mi primo mayor por la minifalda, los dolores de parto, el plomo de la hipoteca, transpirando cada mes para pagar la cuota… ¿no será mejor disfrutar ahora, en esta única vida, de todo lo bueno que tenemos?

 

EL ANDÉN DE SOFÍA, de Oscar Broullón.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez —me dijo Sofía, riendo, antes de subir al tren.

Le prometí esperarla, escribirle, amarla incluso si el mundo se apagara.

Cumplí.

Cada año le envié una carta al mismo andén, a la misma hora.

Hoy, cuarenta años después, volví.

Una mujer de cabello blanco me esperaba en el banco, con mis cartas en el regazo.

—Llegaron todas —me dijo—. Soy la hija de Sofía.

Le temblaban las manos cuando me entregó la última.

Dentro había una foto antigua.

En el reverso, la letra de Sofía: «Gracias por seguir esperándome».

 

EL MISTERIO DE LA MUERTE…Y DE LA VIDA, de Marcelo Celave Villar.

Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez. Es decir, nacer, crecer, reproducirse y desaparecer… ¡Pues no es así!; les cuento mi sorpresa cuando expiré delante de toda mi familia. Mi pensamiento voló inmediatamente dejando a todos llorando alrededor de mi cama y emprendió un viaje alocado por un espacio vacío, absoluto, en una dimensión desconocida donde perdí contacto con toda mi terrenidad. Luego se metió en aquella sala de partos y penetró directo en el cerebro de este bebé que no para de llorar. ¡No puedo abandonar esta prisión rolliza! ¿Qué me pasa?, estoy empezando a olvidar mi pasado…, ¿Cuándo nací?... ¿Quién ee mi adre?... nouedablaaarbubudada

 

EL PORTAL, de Oscar Broullón.

—Lo más difícil del mundo es vivir sólo una vez —decía el doctor Lang, asegurando que la muerte era solo un portal.

Su experimento era arriesgado: morir clínicamente por tres minutos para ver el más allá.

Yo, su asistente, accioné el mecanismo.

Su cuerpo convulsionó. Al revivir, sus ojos eran pozos de pánico absoluto.

—¡Es mentira! ¡No hay nada! Solo vacío y... ¡ellas! ¡Te ven! —gritó arañándose la cara. Entonces el monitor de constantes vitales emitió el dramático pitido.

Cuando me incliné sobre su cuerpo para comprobar su aliento... me tomó de la muñeca y abrió los ojos.

—Ahora te toca a ti —susurró.

 

SIQUE AQUÍ

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