Viene de AQUÍ
FANFARRONADAS, de Raúl Zaragoza Cuello
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica, con esa voz tan sensual no pude negarme y di respuesta a todo el cuestionario…
—¿Disfruta usted del sexo?
—Sí, claro.
—Del 1 al 10 ¿cuánto deseo sexual tiene?
—Diez.
—¿Cuántas veces por semana lo practica?
—Siete, una al día mínimo.
—¿Qué posturas conoce?
—Todas
—¡Vaya! ¿cuántas practica habitualmente?
—Las primeras 69, a la setenta nunca llego.
—¿siempre con su pareja o también con otras?
—Si surge, con cualquiera que me ponga…
—¡A ver Emilio, además de MENTIROSO, IMBÉCIL…! —sonó de fondo la voz de mi mujer
JOSEFA, de Francisco Eugenio Crespo Sánchez
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. Y no me ha fallado la intuición. Pero me han enganchado, y bien. Hace ya dos años falleció mi mujer. No tengo hijos y estoy muy solo. Al principio me han hecho varias preguntas, y cuando iba a colgar se ha puesto al teléfono una mujer. Josefa, se llamaba, de mi edad. Sola, como yo. Necesitaba hablar. Después de dos horas yo quería quedar en persona. Pero ella me ha dicho paciencia. Me ha dado un número 900 para llamarle. He caído en la trampa. Lo sé perfectamente.
Pero voy a llamarla … nunca se sabe.
LA LLAMADA (1), de Ignacio Fernández Perandones
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica, pero la chica del comenzó a llorar. Le pregunté qué le pasaba, quién era. Me comunicó que se encontraba en mi calle y que llegaban ya los asesinos. “¿Qué asesinos?”, le inquirí, perplejo.
Dejé los apuntes y salí, temiendo lo peor. Solo encontré un papel: “Perdona por el susto. Aquí estoy, escondida, con mis prismáticos. Soy una chica de clase. Era la única manera de verte una vez más. Te quiero, pero no me atrevo a decírtelo”.
Levanté la vista. Solo vislumbré a lo lejos una silueta huidiza.
A veces, una sombra puede estremecer más que un cadáver.
LA LLAMADA (2), de Roberto Hurtado.
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica. La voz, cargada de cortesía ensayada, mencionó una oferta de trabajo.
—¿Es usted Álvaro?
—Sí, ¿de qué se trata?
—Una oportunidad única. Pero dígame, ¿ha considerado las consecuencias?
Algo en su tono me inquietó.
—¿Qué consecuencias?
—Las que vienen cuando miras atrás y no reconoces lo que ves.
Me quedé helado. Su voz era idéntica a la mía.
—¿Quién eres?
—Soy tú, pero diferente. El que perdiste.
La llamada se cortó. Miré el teléfono: el número marcado era el mío. Afuera, el cielo se tornó extraño, como una premonición oscura.
LA MALA MEMORIA, de Raquel Zaragoza Durá
─Al principio he pensado que se trataba de una entrevista telefónica en la que una chica muy amable se interesaba por mi salud. Ya sabe: que si estoy bien, que si me he tomado las pastillas, que si… bueno, ahora se me ha olvidado. Lo importante es que, poco a poco, me fui dando cuenta de que aquella voz me resultaba conocida; pero, no sé de qué. Llevo toda la tarde tratando de recordar de qué me sonaba. ¡Qué pena! Este cerebro mío deja volar los recuerdos como si fueran hojarasca otoñal.
─Tranquila. Te he llamado yo, mamá.
─¿Mamá? ¡Señorita, por favor, que soy soltera!
LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN, de Silvia Espina
—Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica, por eso le contesté todo lo que me preguntaba esa señorita.
—Pero papá, te dijimos mil veces que no hablaras con extraños ni dieras referencias personales de la familia, que es muy peligroso.
—Es que la señorita era tan amable…
—¡¡Muy amable, pero nos vaciaron las cuentas del banco!!
—Es que yo pensé que era una encuesta telefónica…
MUJER AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS, de Marcelo Celave Villar
Al principio he pensado que se trataba de una encuesta telefónica... manoteé como pude el teléfono en mi mesa de luz pero no sonaba. Me puse la bata, las pantuflas y fui corriendo hasta la puerta: «debe ser el paquete de Amazon»; pero no… Volví apresurada al salón a ver si era el móvil que lo dejé cargando anoche… tampoco era. En eso lo vi a Paco en la cocina y desesperada, le dije: ¡no aguanto más, estoy muy estresada! y en un acto de locura observé la ventana abierta y… ¡¡¡me arrojé!!! Cuando iba cayendo me dí cuenta: «¡era la cafetera de Paco!».
Menos mal que vivimos en planta baja…